Criticar la crítica/Entrevista

Criticar la crítica: entrevista con Héctor Iván González

CasaHidalgo

Entrevistamos a Héctor Iván González, joven crítico literario, ensayista y novelista, a propósito del diálogo que abrimos en esta sección llamada: Criticar la crítica. Con esta tercera entrada iniciamos, de manera formal, el mes de la crítica. La idea es convocar a la mayor cantidad de voces a dialogar y discutir acerca del estado actual de la crítica literaria nacional. La base de preguntas es la misma, pues, nos interesa, sobre todo, conocer las diferentes perspectivas que se tienen de un mismo tema. Sean bienvenidos.

Creo que la crítica siempre será impertinente, sea el régimen que sea, sea el ámbito que sea. Reyes decía que la crítica es la herejía de la literatura, sería una suerte de segunda opinión sobre esto que el autor cree que tejió, pero como se encuentra del otro lado del tapiz nunca se enterará.

¿Acaso existe algo así como un estado de la crítica literaria actual? Si fuera así, ¿cuál es?

Quiero pensar que es un estado en ascenso, desde el hecho de que alguien se pregunta por el estado de una situación algo puede mejorar. Actualmente se ha dado más atención a la recepción de las obras, las revistas y los suplementos (a pesar de que algunos se han retirado, por intereses de los dueños de los diarios) gozan de una atención importante día tras día. Hay distintos tipos de críticos, que van desde los más escandalosos, los impresionistas, los cantamañanas y algunos que buscan que sus dichos sean sostenibles y fiables. Si bien es cierto que la crítica literaria no tiene que ser solemne, creo yo, sí apela a una suerte de formalidad.

Si hay una nueva manera de leer, acudiendo a los nuevos dispositivos de lectura, ¿consideras que existan o deban existir nuevos modelos de crítica?

No. Particularmente me siento ajeno a los nuevos dispositivos porque me cuesta mucho trabajo concentrarme en algo, leo los diarios y revistas en mi teléfono pero siempre es una lectura muy diferente a la que hago cuando quiero profundizar en el asunto. No creo en quien lee mientras checa su correo y luego manda una reseña diciendo que al libro le faltaba unidad, es obvio que el problema no es del libro. El modelo de crítica que a mí me interesa tiene que ver con lo que hacía Borges, Reyes, V.S. Pritchett, Edmund Wilson o Benjamin, lo cual me parece vigente. Creo que el continente no puede determinar al contenido, por el momento.

¿Crees que sea necesario establecer diferencias entre la crítica académica y el periodismo cultural? ¿Cuáles serían sus puntos de contacto o de qué manera podrían conciliarse?

No quiero generalizar, pero en ese sentido soy bastante orwelliano, desconfío de cualquier escrito que empieza a enrarecerse, a utilizar palabras más grandes, aglutinando significados, como si sólo de esa manera se pudiera aterrizar la idea. Estoy seguro que cuando la crítica académica se llena de tecnicismos y, en el peor de los casos, de jerga, está buscando decir más de lo que en realidad ahí hay: mucho ruido y pocas nueces. En ese sentido, me parece doblemente criticable el académico que se vuelve de difícil lectura, pues está siendo doblemente hipócrita ya que los recursos con los que se cubre su tarea provienen del erario público. En teoría, sus investigaciones deberían servir al ciudadano de a pie, no solo a sus ocho compañeros de cubículo. Pude escuchar clases de Aurelio González, de Antonio Alatorre (RIP) y de otros maestros que nunca se escudaron en la jerga, si algo enseñó Alatorre es el difícil arte de la claridad. Por otro lado, la crítica en los periódicos no siempre es periodismo cultural. Siento que el periodismo no podría profundizar en lo que hace, si ves los textos de Laberinto notarás que no son notas, sino ensayos. Creo, como Steiner o Sartre, que la escritura sigue teniendo como objetivo el comunicar (por encima de todos los verbos a la moda) y si te dedicas el tiempo suficiente y eres honesto hay muchas nociones, por complejas que éstas sean, que se pueden transmitir al lector de a pie. Regresaría a Pritchett en ese sentido, él tenía una columna sobre libros, y era lo más claro, sin ser simple, y fue formando a un tipo de lector, pero lo mismo hizo Chesterton, hablaba de sus paradojas cristianas, de sus dudas ante la guerra imperial, lo mismo que criticaba a Shaw y Conan Doyle, cuyo personaje Holmes no quería mucho que digamos. La inteligencia no tiene que ser hermética.

Hace tiempo escuché a Rafael Lemus decir que el cuento es a la novela lo que la reseña al ensayo. ¿Qué opinas con respecto a ese comentario?

Desconozco qué quiso decir.

¿Cuál es el lugar de la reseña en el panorama de la crítica? ¿Qué tan pertinente es hoy?

El lugar de la reseña es el que cada publicación le dé. Me explico: cuando alguien te pide una reseña de 2,500 caracteres es obvio que no te está pidiendo que hagas un discernimiento sobre lo que has leído, digamos que sólo quiere una revisadita, de qué habla el libro, es como hacer una presentación de «probadita». Por otro lado está quien te dice escribe 3,500, donde ya tienes un margen más amplio para confeccionar alguna idea, incluso ya hay espacio para argumentar el disenso. Sin embargo, el espacio que le da a la crítica su justo lugar tiene la convicción de que puedes contextualizar mejor, apuntalar alguna teoría, hacer alguna comparación y llegar a una crítica de valía. Últimamente he visto que han aumentado el espacio en revistas como Tierra Adentro para la crítica, cosa que celebro. Aunque algunos lo usen para contarte la historia y anunciarte el final, jajaja.

Creo que la crítica siempre será impertinente, sea el régimen que sea, sea el ámbito que sea. Reyes decía que la crítica es la herejía de la literatura, sería una suerte de segunda opinión sobre esto que el autor cree que tejió, pero como se encuentra del otro lado del tapiz nunca se enterará. Blanchot habló de la imposibilidad de la propia lectura, pero Sartre lo hizo varios años antes en Qu’est-ce que la littérature? Él hablaba de que Proust nunca se alarmó al saber del homosexualismo de Charlus, puesto que el mismo Proust sabía que ese rasgo aparecería en un momento de la obra. Es entonces que la crítica le dice al autor lo que no sabe de su propia obra, a veces es halagüeña, a veces no. Recuerdo que Dámaso Alonso (otro académico y poeta fundamental) señala en su prólogo a la última edición de su Góngora y «Polifemo» que espera «la valiosa ayuda de la crítica». Evidentemente, habrá muy poco que comentarle a una obra así, trabajada durante tantos años. Curiosamente, el crítico hace la lectura, se hace preguntas, enhebra respuestas que el autor debería de haberse hecho él mismo, pero cuando no lo hace la crítica llega impertinentemente a destacar cosas que al autor no siempre le agradan.

¿Hay lugar para nuevos críticos a partir de la reseña?

Para la reseña no, para la reseña crítica, sí. Ya hay muchos que escriben esa revisadita superficial, cualquiera podría hacerlo, es un ejercicio que se hace desde la prepa. Tratar de hacer una crítica que desentrañe lo que realmente se cocinó necesita de un poco más de malicia. Vuelvo a Reyes porque él investigó al respecto. El origen de la crítica, según él, no está ni en Platón ni en Aristóteles, la crítica nace con Aristófanes, el comediógrafo que retratara en Las nubes una suerte de arquetipo de Sócrates; hay rasgos que no cuadran, como que su Sócrates tenía un claustro, pero usó el nombre para que la gente entendiera hacia dónde iba. Entonces la crítica busca calar una suerte de verificación de lo anunciado con lo logrado. Por eso no puede haber un modelo exterior para hablar de una obra, a veces lo único que pide la crítica es cierta coherencia. Kant definió a la crítica como «un recurso que tiene la verdad para valorarse a sí misma». Si lo pensamos así, la crítica es un acto de generosidad de un lector, que también es creador, ante la obra ajena. Que el autor se parapete en que hay envidia o mala leche en la crítica que se le hace es un pobre consuelo para lo que no supo hacer en su obra.

¿Cuál es la relación de la crítica literaria con los hábitos sociales actuales?

Hablaba de lo que decía Sartre, uno no sabe lo que escribió. A mí me pasa así muy a menudo. Sé que hay gente que lee crítica, que lee todas las críticas y todos los medios, incluso las discutimos, pero no sé qué pasa con la gente que no se dedica a esto. Creo que a veces no la respetan, alguna vez un amigo arquitecto me comentó que no le había gustado una crítica de Domínguez Michael porque dijo que un libro que a él le gustaba era malo. Ahí me parece que los dos tienen derecho a su lectura, pero si a Domínguez le gusta Sada tanto como a mí, sé qué tipo de lector es él.

Ante la percepción de la crisis de los géneros literarios como denominación, ¿cuál es la función de la crítica?

No creo en tal crisis, sinceramente. Todas las novedades y atracciones que ahora son tan celebradas no me llaman la atención. ¿El Quijote es una novela-novela o un conjunto de cuentos cohesionados? ¿El Tristam Shandy es un ensayo, una autobiografía de alguien que no nació? Alguna vez escuché el sinsentido de que Sterne había escrito «un libro pre-post-moderno». Las nomenclaturas, los términos de cajón y las crisis del momento serán renovados por otras después. Todo eso me parece demasiado artificial, un tanto petulante, y no creo que me proporcione herramientas para acceder de mejor forma a las obras que me interesan.

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Héctor Iván González (Ciudad de México, 1980) es escritor y traductor. Hizo estudios de Lengua y Literatura Francesas en la UNAM. Actualmente trabaja su tesis sobre Qu’est-ce que la littérature de Jean-Paul Sartre. Colabora en medios como Laberinto del diario Milenio, Nexos, Tierra Adentro, Este País, entre otros. Coordinó y prologó el libro La escritura poliédrica. Ensayos sobre Daniel Sada (FETA, 2012). Obtuvo la beca para Jóvenes Creadores del FONCA en el género de novela en el periodo 2012-2013. Mantiene el blog: hombresdeagua1.blogspot.com

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