Criticar la crítica/Entrevista

Criticar la crítica: entrevista con Roberto Cruz Arzabal

Cruz Arzabal Roberto

En esta ocasión, nos complace presentar la quinta entrega de la serie Criticar la crítica. Cerramos, pues, esta primera etapa de entrevistas, con la participación de Roberto Cruz Arzabal. Poeta, crítico literario y miembro del Seminario de investigación en poesía contemporánea de la UNAM.

El papel de la crítica no es llegar a los públicos masivos sino influir en la circulación de los textos, masivos o no, y colaborar en la comprensión de ellos y su relevancia cultural.

¿Acaso existe algo así como un estado de la crítica literaria actual? Si fuera así, ¿cuál es?

Al menos para el caso mexicano, más que pensar en un estado de la crítica como tal, creo que deberíamos pensar en estados de las tradiciones críticas. ¿A qué me refiero con esto? Fuera del juego retórico generado por el plural, es importante que consideremos que si bien el campo literario mexicano parece ser relativamente estable, en realidad está conformado por múltiples prácticas de producción, recepción y circulación que no necesariamente convergen en el mismo punto, pero que tampoco son siempre diferenciables. Entre estas prácticas, se encuentran las varias tradiciones críticas que se ocupan de la literatura y cuyas condiciones no pueden ser la excepción.

Desde hace varios años se ha repetido en varias ocasiones que estamos en una crisis de la crítica, con una insistencia sólo comparable con el anuncio de la muerte del libro, sin embargo, en pocas de esas ocasiones se explica qué entendemos por crisis o crítica. Considero que más que estar ante una crisis, en el sentido de dificultad, estamos ante un periodo de cambio y reacomodo de los modos de la crítica literaria. Entre los factores que contribuyen a este cambio están, sí, el cierre o reducción de espacios en los que tradicionalmente se ejercía la crítica (los suplementos culturales, las revistas de divulgación y las especializadas, las plazas académicas) pero también la generación y conformación de espacios alternos y paralelos a los tradicionales (desde revistas digitales hasta blogs y plataformas electrónicas de sociabilidad como Goodreads); otro factor es el tránsito cada vez mayor, aunque lento, entre tradiciones académicas (especialmente la mexicana y la estadounidense, con sus respectivos discursos) debido a las plataformas de comunicación (redes sociales, por supuesto, pero también revistas Open Journal) y los tránsitos entre la crítica amateur y las críticas especializadas. Hace unos meses, en una reseña sobre un espléndido libro de Jean-Marie Schaeffer, propuse trasladar las propuestas de este filósofo del estudio literario francés al mexicano; en un sentido amplio, creo que podemos realizar un ejercicio similar con otros modos de practicar la crítica literaria para entenderla y derivarla hacia la función que esperamos que tenga, más allá de la circulación de textos dentro del campo literario.

Por supuesto, nada de lo anterior significa que las críticas por venir sean mejores o más atentas a su tiempo que las anteriores, pero si no atendemos la naturaleza de los cambios en los que estamos (y en medio de los cuales muchos ejercemos la crítica) y de las tradiciones anteriores, corremos el riesgo de añorar lo que no fue.

Si hay una nueva manera de leer, acudiendo a los nuevos dispositivos de lectura, ¿consideras que existan o deban existir nuevos modelos de crítica?

No sé si podría afirmar que hay una nueva manera de leer debido a los dispositivos electrónicos, pues muchos de ellos se sirven de estrategias de lectura que ya existían; de lo que sí estoy seguro es que estamos ante modos emergentes de relacionarnos con lo textual, no sólo en la lectura sino también en la escritura y sobre todo en la sociabilidad de lo literario, muchos de estos modos apenas se están constiuyendo como prácticas diferenciadas, pero es necesario que la crítica esté atenta a ellos para poder valorarlos y especificar su función con respecto al resto de circulaciones dentro del campo.

Creo que sí debe haber nuevos modos de practicar la crítica, modos que estén atentos a elementos de la literatura que anteriormente no tenían tanta relevancia, que sean capaces de entender lo literario en sus procesos y en sus objetos más que en sus abstracciones. Este tipo de crítica, con variadas tradiciones ya existe, aunque no es el modo imperante.

Ahora, esto no significa que los modos de la crítica deban corresponderse con las prácticas de lectura, es decir, no porque la lectura de un libro se realice en formato electrónico significa que la comprensión del texto será necesariamente distinta, o que la crítica deba realizarse en el mismo soporte, sino que la crítica literaria no puede desatender fenómenos que le atañen como las prácticas sociales en torno de lo literario (culto, popular o masivo) que suceden en soportes diversos (literatura impresa, oral o digital) con herramientas adecuadas para cada caso.

¿Crees que sea necesario establecer diferencias entre la crítica académica y el periodismo cultural? ¿Cuáles serían sus puntos de contacto o de qué manera podrían conciliarse?

Las diferencias existen y están dadas por las condiciones de los medios en los que cada uno se publica, a su vez determinados por el tipo de público que idealmente las lee. Es decir, como todo texto retórico, debe considerar la situación en la que se produce y el público al que se dirige. Por supuesto, esto admite matices y, de hecho, en ellos radica la riqueza de las modalidades; un mismo escritor puede ejercer dos tipos, o más, de crítica dependiendo del espacio y el público. Un caso ejemplar es Terry Eagleton que publica reseñas (de muy alto nivel, claro) en periódicos al tiempo que publica artículos académicos o libros sobre teoría; en el campo mexicano también existen ejemplos de críticos que pueden practicar la crítica en suplementos o en el espacio académico sin menoscabo de ideas o rigor, casos como Ignacio Sánchez Prado o Jezreel Salazar son señeros.

Así, más que conciliarlos, creo que se trata de que quien practique uno, otro o ambos tenga una idea clara de su papel dentro de los mecanismos de circulación y comprensión de los textos y los fenómenos culturales. Una queja común entre los practicantes de cierta crítica, o mejor, entre quienes entienden la literatura de un modo más o menos tradicional, es que la crítica académica no es más que jerga incomprensible que oculta la ausencia de argumentos de los textos, resulta curioso que este tipo de quejas no sólo se escuche entre poetas y ensayistas, sino también, entre académicos (al menos en las universidades mexicanas) a los que la teoría les causa un muy divertido repelús. El argumento principal que se suele esgrimir en contra de la jerga académica (como si fuera una sola, como si todos leyéramos todavía a los estructuralistas de hace 50 años a pie juntillas) es la inaccesibilidad del lenguaje para el público lector y la endogamia que esto produce; si bien es cierto que la terminología no es sencilla (no tiene porqué serlo, puesto que es un metalenguaje que sirve para constreñir la aproximación a los fenómenos), y también es cierto que en muchos caso se utiliza de un modo meramente instrumental, esto no es un efecto del lenguaje sino de quienes malamente lo practican; del mismo modo, en sentido contrario, es frecuente encontrar textos de periodistas culturales que disfrazan obviedades de lirismo trasnochado o, peor, que se solazan en ellas. El problema en ambos casos, y en la evaluación que hagamos de ellos, tiene que ver con lo que mencioné al principio: el medio y el público determinan el tipo de lenguaje y su pertinencia cuando se practican de un modo riguroso. Lo que está, entonces, en cuestión, es la función de los modos de ejercer la crítica dentro de las instituciones y formaciones culturales que rigen el campo literario, creo que tanto la crítica académica cuanto la crítica periodística son necesarias y útiles si se les practica con rigor y un entendimiento generoso.

Hace tiempo escuché a Rafael Lemus decir que el cuento es a la novela lo que la reseña al ensayo. ¿Qué opinas con respecto a ese comentario?

Como señaló Sánchez Prado en la entrevista publicada en este sitio, dudo que Lemus se tomara en serio esa afirmación, pues no tiene ningún sustento retórico o crítico. Los géneros discursivos no funcionan por acumulación o por etapas, sino por condiciones de producción y lectura, por lo tanto, tienen funciones y configuraciones distintas. Así como un buen cuentista no es por fuerza un buen novelista, el reseñista no deberá convertirse en crítico de largo aliento, ni viceversa; el que haya críticos que practican ambos modos es loable, pero la secuencia reseña-ensayo crítico está más relacionada con las relaciones del campo cultural que con los modos discursivos.

En nuestro medio literario es común que se crea que la reseña es un ensayo contenido o, peor, que el ensayo crítico es una reseña extendida en caracteres. Por ejemplo, basta revisar superficialmente el Diccionario crítico de la literatura mexicana de Christopher Domínguez Michael para notar que su irregularidad se debe a que reúne reseñas con ensayos de mayor profundidad; algo semejante sucede con ensayos académicos (especialmente los que trazan panoramas diacrónicos) que reseñan libros de varios autores sin profundizar u ofrecer más relación que los tópicos comunes, en los mejores casos.

¿Cuál es el lugar de la reseña en el panorama de la crítica? ¿Qué tan pertinente es hoy?

La reseña se dirige a un público interesado pero no especializado en el estudio de la literatura, en un momento ideal, la reseña se dirige a los lectores cultos que consumen libros pero que no se dedican profesionalmente a estudiarlos; en nuestro momento, la reseña parece dirigirse más hacia la función de los cintillos de promoción de los libros, más que crítica, una mediación pobre entre vendedor y consumidor. En este sentido, la reseña ha perdido pertinencia en el panorama actual porque ha perdido de vista su función como mediación particular para asimilarse a otro tipo de mediaciones menos críticas (aunque existentes) como los cintillos o la ubicación dentro de la librería. Una buena reseña no intenta venderte el libro o generar una poética personal, sino que debe indicar por qué tal o cual libro es relevante en un campo literario dado, se trata de un género temporal (puesto que dejará de ser pertinente cuando los valores estéticos cambien), pero no por ello es menos importante que otras formas de la crítica.

Así, la pertinencia de la reseña como género de la crítica dependerá de su diferencia (casi su identidad) con respecto a otros géneros como el ensayo de interpretación o la crítica académica y con respecto a meros discursos de venta y promoción.

¿Hay lugar para nuevos críticos a partir de la reseña?

Creo que sí, siempre y cuando se entienda que son géneros distintos. La reseña no es, no debe ser, un campo de entrenamiento para la crítica ensayística o académica ni éstas una extensión de la primera. Por el tipo de crítica que se publica con mayor frecuencia en la actualidad, creo que el problema de los críticos será entender la retórica de la reseña ante los cada vez menores espacios dedicados a la crítica profunda o bien, generar espacios de discusión propios, con las condiciones dadas para el ensayo crítico.

¿Cuál es la relación de la crítica literaria con los hábitos sociales actuales?

Si entendemos «hábitos sociales» como prácticas de sociabilidad de lo literario, la crítica es sumamente importante pues es una de las mediaciones entre los textos y los lectores que más o menos puede escapar de las determinaciones del mercado y el poder cultural. Una mayor productividad crítica significa una mejor circulación de los textos, una mayor autonomía del campo literario y, sobre todo, una sociabilidad más dinámica y atenta a las transformaciones culturales y políticas. El papel de la crítica no es llegar a los públicos masivos sino influir en la circulación de los textos, masivos o no, y colaborar en la comprensión de ellos y su relevancia cultural. Esto significa que la crítica puede «iluminar» los textos (para usar una metáfora de la vieja guardia), pero también que puede activarlos en espacios de comprensión distintos, ya sea poniéndolos en crisis, ya sea elaborando asociaciones que no se hayan hecho antes; en todos los casos, el movimiento sobre los textos y su lectura generará una diversidad nutricia y una riqueza que se oponga a la uniformidad de la producción en serie y la lectura instrumental.

Ante la percepción de la crisis de los géneros literarios como denominación, ¿cuál es la función de la crítica?

Creo que antes de responder, debemos entender el valor de los géneros literarios y su problemática. Los géneros nunca han sido algo estable, más que en los manuales de poética preceptiva, puesto que la configuración de un género literario no es algo dado, sino que se construye mediante las prácticas de escritura y lectura de las comunidades; el nacimiento, muerte y transformación de los géneros literarios no es un fenómeno posmoderno ni depende de la sanción de la crítica para suceder (aquí estoy haciendo un resumen sumamente burdo de un problema de la poética que ha generado debates interesantísimos y estimulantes, pero que no cabe abordar aquí). Entonces, el valor de la crítica en torno de la insurgencia y transformación de los géneros literarios está relacionado con la capacidad para entender los procesos sociales y culturales que propician esos movimientos, un crítico que cada quince días determina el fin de la novela no tiene un afán de comprensión sino de publicidad. Con esto, paso al problema de los géneros literarios en el mercado actual, donde no son éstos sino las etiquetas comerciales el verdadero problema, especialmente porque dichas etiquetas (como sus sucesivas muertes y resurrecciones) no tienen que ver con la comprensión de las manifestaciones individuales de la literatura sino con el espectáculo en torno a ellas, es decir, con el índice de ventas y la publicidad.

Así, la función de la crítica rigurosa es colaborar en la comprensión de los movimientos genológicos, no colaborar con una industria del espectáculo basada en la terminología superficial y en la banalidad del escándalo antes que en la lectura de los textos. No es el papel de la crítica desdeñar los géneros masivos sino entender su conformación y su relación con los géneros de menor circulación.

Al final, una crítica rigurosa en cualquiera de sus modos prácticos es una vía de acceso a los textos y un texto en sí mismo, y los géneros literarios son sólo uno de los elementos que dicha crítica debe considerar para dialogar con la obra y el público.

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Roberto Cruz Arzabal.  Crítico lit­er­ario, pro­fe­sor y escritor; miem­bro del Sem­i­nario de inves­ti­gación en poesía mex­i­cana con­tem­poránea y del Lab­o­ra­to­rio de lit­er­at­uras exten­di­das y otras mate­ri­al­i­dades. En Twit­ter, @cruzarzabal

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