Crítica de ensayo

Kant y los extraterrestres, de Juan Pablo Anaya

kant

Juan Pablo Anaya
Kant y los extraterrestres
Fondo Editorial Tierra Adentro (FETA)
2012

Por Roberto Bolaños Godoy

A diferencia de lo que cree ese crítico tutti frutti que es Heriberto Yépez, no sólo se escribe ensayo en México desde la comodidad de la prosa estilizada pero carente de ideas. Con Kant y los extraterres (FETA, 2012), Juan Pablo Anaya (Ciudad de México, 1980) ha escrito un libro temáticamente intrépido que no sucumbe en el estilismo formal vacío.

Apenas cuatro textos lo conforman: “Canción de amor para un androide”, “Ahab en el diván”, “Kant y los extraterrestres” y “Los vigilantes”. Rectifico: cuatro textos y una “Melodiografía” (si quiere verse, el más audaz y experimental de todos por tratarse del menos convencional). Cinco textos y poco más de 70 páginas concentradas de un estilo depurado sin llegar a ser demasiado artificial. Una lectura fluida producto de la pericia de un autor que logra concretar un lenguaje sin pirotecnia. Nada de distracciones que entorpezcan el acceder a lo verdaderamente importante aquí: las ideas, los planteamientos, las interpretaciones.

He aquí una de las palabras clave para comprender Kant y los extraterrestres: interpretación. Ora penetrando los discursos subyacentes en las reacciones, conductas y diálogos de Blade Runner, ora proponiendo vasos comunicantes freudiano-esotéricos entre Moby Dick y el filme Orca, la ballena asesina, ora concediéndole dignidad filosófica a la cuestión de la humanidad frente a la idea de la vida extraterrestre.

Así de dispar es esta colección de ensayos. Particularmente celebro que no sea un libro unitario (ese subgénero creado a partir de los fallos de los concursos, al cual no le veo mucho futuro) y que sea un organismo múltiple, que se alimenta de las fuentes más diversas e inesperadas. Lo cual a su vez creo relacionado con su renuncia a sobrevalorar la función estilística del texto: supone despreciar el solipsismo autista, supone también conectar la escritura con el mundo. Crear esa conexión si es necesario: entre el “Olimpo” intelectual de la escritura con el mundo de nuestra época marcado por la obsesión con la idea de la vida extraterrestre.

Acaso este punto diera pie a polémicas bizantinas sobre si la literatura admite ciertos temas apenas con variaciones en el devenir inmenso de la tradición occidental, y que soslayar los temas “inmortales” redunda en obras olvidables por depender tanto del contexto o la coyuntura. En esto radica el arrojo que mencionaba al principio sobre este libro: su autor está convencido de la pertinencia epocal y las enormes posibilidades (artísticas, éticas, políticas y filosóficas) del acaso inminente contacto de la humanidad con seres extraterrestres.

No se trata tampoco de un libro soporíferamente teórico, porque no está exento de invención, de anécdotas, de experiencia, de indagación inteligente, del sesgo al que orillan las obsesiones propias. Sin ser pretencioso y, al contrario, con modestia e ironía, nos convence de que en la literatura tienen cabida asuntos y preocupaciones que solían ser parte sólo del Semanario de lo insólito o de revistas de temática paranormal o new age. Y lo mejor es que no lo hace parecer charlatanería o ingenuidad.

Anaya nos presenta un libro que nos hace cuestionar los supuestos alcances de la literatura: qué sí puede ser literatura y por qué. Cuál es su límite, si es que lo tiene; qué hace a un tema “literaturizable”, si es que sólo ciertas cosas por naturaleza lo son.

Es un acierto que este libro no fuera puro extravío a la manera de Alejandro Rossi (de esos epigonales libros de ensayo que suelen ganar los concursos y las becas del FONCA), pero sí pierde en originalidad al ampararse en el recurso borgiano de la reflexión-ficción, que (como la poesía visual, la minificción o las novelas fragmentarias) de tanto repetirse asfixia.

Esto, no obstante, no se opone a la posibilidad de que su actualidad y pertinencia continúe en tanto que no establezcamos contacto extraterrestre. Porque Juan Pablo Anaya ha hecho de sus obsesiones personales un pretexto para invitarnos (u obligarnos) a leer para interpretar, interpretar para pensar y pensar para imaginar, con esta obra suya, en serio, perdurable.

___________

Roberto Bolaños Godoy (Aguascalientes, 1989) es ensayista y crítico literario. Estudió letras hispánicas en la Universidad Autónoma de Aguascalientes y ahora cursa una maestría en edición en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Ha sido columnista de La Jornada Aguascalientes y colabora de manera habitual de la revista Parteaguas. En 2009 fue ganador del Premio Nacional de Ensayo Juan Rulfo, luego en 2011 fue seleccionado para participar en el Curso para Jóvenes Creadores de la Fundación para las Letras Mexicanas, en la ciudad de Monterrey. Actualmente trabaja en su primer libro de ensayo. También es editor de Frontal.

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