Crítica de narrativa

25 Minutos en el Futuro, compiladores Pepe Rojo y Bernardo Fernández

25 minutos en el futuro

Compiladores Pepe Rojo y Bernardo Fernández
25 Minutos en el Futuro
Nueva Ciencia Ficción Norteamericana
Almadía
2013

Por Nayeli García Sánchez

Futuro presente

El primer acercamiento a la ciencia ficción literaria que recuerdo fue la lectura de Encuentros extragalácticos, novela corta con finales de opción múltiple publicada en una colección para jóvenes lectores. Vuelvo a sentir esa fascinación inicial ante la posibilidad de que el mundo, tal y como lo había visto, podía cambiar en cualquier momento. La percepción bañada por la extrañeza modificó mi manera de asomarme al cielo por las noches antes de cerrar la ventana del cuarto. Comencé a buscar luces fugaces en el cielo o pequeñas llamas titilantes a millones de kilómetros de distancia. Después me enteré de que algunas estrellas visibles desde la Tierra habían dejado de existir hace millones de años y lo único que nos llegaba eran sus viejas fotografías, rastros de luz que no terminan de viajar por el espacio. Allí comenzó mi gusto por la ciencia ficción, porque no sólo permite imaginar un futuro, mundos alternos, sino extrañarse ante el propio.

Tras una escasez editorial impresa de difusión de nuevos textos del género en México, en noviembre de 2013 apareció 25 Minutos en el FuturoNueva ciencia ficción norteamericana, antología reunida por Pepe Rojo y Bernardo Fernández, Bef, publicada en conjunto por la editorial oaxaqueña Almadía y el Conaculta. A través de la recopilación de veinticinco cuentos publicados en los últimos treinta años, se abrió un portal importante y necesario para la lectura de ciencia ficción. El conjunto de autores (veintitrés norteamericanos y dos canadienses) ofrece buena idea de la dirección que ha tomado el género en la producción cultural de norteamérica.

El criterio de selección parece haber sido, según se anuncia en el prólogo, la presencia de tres factores que, en conjunto, permiten delinear una categoría operativa de lo que entendemos por ciencia ficción: la existencia de un tiempo extraño; la intención de provocar sensación de asombro en el lector y que, en la mayoría de los casos, permea a los personajes o al narrador, y la experimentación, casi intrínseca del género. Otro criterio visible es la fuente de los textos, provenientes de otras antologías destinadas a la CF (se mencionan, por ejemplo, Feeling Very Strange: The Slipstream Anthology, Rewired: The Post-Cyberpunk Anthology, y The Secret History of Science Fiction) o el reconocimiento de los autores mediante premios como el Nebula, el Hugo o el Word Fantasy.

Los nuevos caminos por donde ha comenzado a andar la ciencia ficción quedan dibujados en esta antología. Las traducciones realizadas especialmente para formar el corpus son de calidad intachable, además de que conservan cierto sabor mexicano, en la elección del léxico y en algunas formas sintácticas. La recopilación está configurada para satisfacer a los gustos más disímiles y anuncia la multiplicación de los lectores del género.

«Música en la sangre» de Greg Bear —por ejemplo— propone un mundo donde un grupo de científicos encuentra la manera de programar el ADN. Uno de ellos, ignorando los posibles daños colaterales que provocaría en su organismo, lleva el experimento a sus últimas consecuencias y genera organismos minúsculos con inteligencia propia que comienzan a organizarse al interior de su cuerpo. Su funcionamiento es percibido por el sujeto como música: «Con cada pulso sanguíneo, una especie de sonido brotaba dentro de mí, como una orquesta de miles de integrantes, pero sin tocar al unísono; interpretando temporadas completas de sinfonías al mismo tiempo. Música en la sangre».

«La historia de tu vida» de Ted Chiang, por otro lado, desarrolla dos líneas narrativas de la vida de una misma persona. Una lingüista es contratada para estudiar la lengua de unos extraterrestres. Mediante la comprensión de ese idioma, su conciencia se transforma y su percepción del tiempo deja de ser lineal para ser simultánea. Entre los pasajes que aluden a este trabajo y a su romance con un científico que colabora en el mismo proyecto, se narra su relación con su hija. El cruce de las narraciones da cuenta del cambio de conciencia a través de la conjugación verbal y la consecución de los tiempos. La historia nos lleva a reflexionar sobre la diversidad de conocimientos, no sólo científicos, que conllevaría la interacción con alienígenas.

«Los osos descubren el fuego» de Terry Bisson tiene una anécdota simple que por lo extraño de la situación que plantea y por medio del uso de símbolos como el fuego, los osos o la carretera aborda el tema de la familia y la muerte desde una perspectiva inusual: «Sin comer, sólo observando el fuego, mi madre estaba sentada entre ellos con el edredón del asilo sobre sus hombros».

En «El apostador» un exiliado político trabaja como escritor de noticias para la red y allí descubre que la multiplicidad de información y el acceso ilimitado a ella deviene en un tipo de censura. El cuento aborda las nuevas relaciones entre los lectores y la información pública que permite el Internet.

«Rutinas de Tánger», de Rudy Rucker, es una serie de cinco cartas, firmadas por William Burroughs, dirigidas a su padre, a Allen Ginsberg y a Jack Kerouac. En ellas el remitente platica cómo conoció a Alan Turing, científico brillante, y confiesa que ahora comparten apariencias porque Turing necesitaba huir de la persecución desencadenada en su contra por su homosexualidad. El trabajo verbal de Rucker en la imitación del estilo beat se conserva en la cuidada traducción que hace de este cuento Bernardo Fernández, Bef.

Si existe algo perfectible en 25 Minutos es el cuidado final de la edición, abundan los errores de dedo, existen varias repeticiones de palabras, algunas aparecen donde no deberían estar e incluso un cuento tiene un título antes del texto al que acompaña y otro en el índice. Sin embargo, estos detalles de formación no menguan la importancia de la labor realizada por Pepe Rojo y Bernardo Fernández, Bef, acompañados en las traducciones por Alberto Calvo, Alberto Chimal y Gerardo Sifuentes. ¡Enhorabuena!

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Nayeli García Sánchez (Ciudad de México, 1989) es licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM. Ha impartido varios talleres de español y redacción en esa misma universidad. Trabajó como consultora lingüística en la Academia Mexicana de la Lengua. Actualmente colabora como becaria de investigación en la Enciclopedia de la Literatura en México en la Fundación para las Letras Mexicanas.

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