Editoriales independientes/Entrevista

Editoriales independientes: Arlequín, entrevista con Felipe Ponce

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En nuestra octava entrega de esta serie sobre editoriales independientes presentamos la conversación que sostuvimos con Felipe Ponce, de Arlequín, una editorial que desde hace 20 años, desde la ciudad de Guadalajara, publica literatura contemporánea desde una perspectiva irreverente.

El editor independiente debe descolonizarse y buscar nuevos rumbos: otros autores,  nuevos temas; distintas maneras de venta, y sacudirse de los usos y costumbres sobre todo ahora que está cambiando la manera de relacionarse con el libro y la lectura. Debe ser profesional en todos los ámbitos.

¿Cuál crees que es el estado del mundo editorial actualmente en México y cómo se insertan en él las editoriales independientes?

Es un mundillo dominado comercial y económicamente por tres o cuatro compañías transnacionales que, con sus apéndices polimorfos, hacen creer que hay diversidad editorial cuando alguien se planta en una librería. Operan desde las metrópolis y sólo tienen en el país oficinas de ventas y despachos editoriales muy reducidos. El negocio está en la venta de libros de educación básica, a particulares y al gobierno. Todo lo demás es accesorio.

Hay más de un centenar de editoriales independientes: desde aquellas que se han mantenido por decenios haciendo un trabajo más que meritorio, hasta las que surgen ahora mismo con el ímpetu de dos o tres jóvenes y una computadora. El capital para operar es propio y las decisiones las toman sus dueños. Ninguna editorial independiente tiene fuerza comercial ni presencia notable en librerías, aunque encuentran medios distintos a los habituales para vender sus libros. Hay diversidad temática, pues es un error creer que las independientes sólo publican literatura.

Luego están las editoriales universitarias y gubernamentales, cuya diferencia esencial con las independientes es que el caudal proviene del erario.

¿A qué atribuyes el auge de este tipo de agrupaciones, empresas y proyectos editoriales? ¿Cuáles son los desafíos que enfrentan?

En estos años es fácil hacer una editorial, pues los medios son baratos y los procedimientos aparentemente sencillos (aunque, en esencia, la labor de quien publica un libro ha variado poco desde el siglo XV). Tal vez por ello hay editoriales independientes que son empresas en la plena extensión del término, y otras son simples asociaciones informales; hay quien desea obtener ganancias, quien desea simplemente no perder y también quien desprecia el mercado aunque pida intercambiar monedas por unas fotocopias mal encuadernadas.

Sin duda, los retos están en el buen oficio editorial, que en esencia conlleva la venta del libro: editar mejor, vender más. También pienso que es necesario echar mano de tareas de todo tipo que fortalezcan el oficio en cualquier ámbito: coaligarse, capacitarse, traducir, exportar.

El término de editoriales «independientes» puede llegar a ser problemático, ¿consideras que es correcto llamarlas de ese modo? ¿Qué significa que sean independientes?

Ha sido cómodo hasta ahora y no creo que falle en precisión. Citando de memoria a Gilles Colleu, el término es justo pues en esencia señala la condición fundamental del editor independiente: es dueño del capital para emprender y toma las decisiones por su cuenta (ya sea la editorial de una familia, una sociedad anónima, etcétera), y las decisiones económicas de los editores se expresan por una motivación cultural, política, ética, etcétera. En un holding, las decisiones las toman los gerentes de ventas acerca de la conveniencia de tal o cual producto en función de su rentabilidad a ultranza, un producto que previamente se diseñó en la metrópoli o que se escribió y diseñó en el país, pero que resulta un clon casero.

El editor independiente debe descolonizarse y buscar nuevos rumbos: otros autores,  nuevos temas; distintas maneras de venta, y sacudirse de los usos y costumbres sobre todo ahora que está cambiando la manera de relacionarse con el libro y la lectura. Debe ser profesional en todos los ámbitos.

¿Qué papel juega la labor editorial independiente frente a los grandes conglomerados editoriales y frente al Estado?

En la medida de lo posible, y con imaginación desbordada, los editores independientes deben ganar terreno y procurar ser más atractivos a los lectores. Hay quien copia las estrategias de los grandes grupos; yo creo que se debe editar de modo distinto y hacer nuevas propuestas. Por ejemplo, el tema del libro de texto debería ser un área de interés de los independientes… pero entrar en el juego, con las reglas existentes, lo hace casi imposible (por ejemplo, tenemos una Ley del Libro que es inoperante en gran medida por la presión de los grandes grupos).

El Estado debería garantizar que los editores independientes establecidos puedan seguir trabajando con políticas claras de compra de libros para bibliotecas y salas de lectura, en los distintos órdenes de gobierno.

¿Cómo consideras que ha sido la respuesta de la crítica (en revistas, suplementos, blogs, con críticos en concreto) hacia las propuestas editoriales independientes? ¿Crees que existe suficiente recepción y atención?

Recuerdo uno o dos casos en que se reseñaron de manera muy profesional nuestros libros: los textos surgieron de una motivación real de empatía (es decir, no fueron solicitados) y ofrecen al hipotético lector referencias útiles para leer mejor. Casi todo lo demás han sido reseñitas, menciones, saludos, bienvenidas… Pocos se aventuran a leer y a escribir sobre autores que desconocen, además de que no hay medios confiables donde aparezcan las críticas, pues si hay un espacio en tal o cual revista ya se sabe que estará destinado a satisfacer las necesidades del grupo y de los amigos a quien hay que compensar favores. No dejo de pensar en un periquete de Arduro Suaves: «Me lees, te leo; me publicas, te publico; me criticas, te odio». Pareciera que la extinción de los suplementos culturales afectó a la crítica, que no se siente muy a gusto de publicar en la red, quizá porque no tiene el glamour intelectual que le confería la tinta y el papel.

¿Qué editoriales independientes te parece que están presentando las propuestas más relevantes e interesantes en la actualidad y por qué?

Me gusta el catálogo de Ficticia, dedicado casi por entero al cuento; El Milagro, por su  vocación inalterable por la dramaturgia y por la calidad de sus diseños;  Sur+ por su  apuesta tan novedosa con el ensayo; Mangos de Hacha, por ampliar el espectro de lo poético al publicar biografías y ensayos.

______________

Felipe Ponce (Guadalajara, México, 1973) es licenciado en Letras por la Universidad de Guadalajara (1992-1997). En 2004 fue becado por la Fundación Carolina para estudiar el Curso de Formación de Editores Iberoamericanos en la Universidad Complutense de Madrid. Es autor del libro de poemas Bitácora del noctante (1995) y coautor de las compilaciones Tiro al blanco. Poesía última de Guadalajara (1998) y Estela contra el olvido. 22 de abril / Literatura (2002). También es autor de la compilación Imposible que hables sin mis ojos. 23 poemas sobre el libro y la lectura, que se publicó en Guadalajara con motivo del Día Mundial de Libro en 2003. Es fundador y director de Ediciones Arlequín.

Acerca de Ediciones Arlequín:

Arlequín es una empresa editorial independiente fundada en Guadalajara (México) en 1994. Publica literatura de gran calidad con un toque irónico, sobre todo textos breves, reveladores, con cierta sabiduría contenida, alejados del lugar común y de la gravedad, con énfasis en autores contemporáneos de culturas periféricas.

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