Crítica de narrativa

La historia de mis dientes, de Valeria Luiselli

LaHistoriaDeMisDientes

Valeria Luiselli
La historia de mis dientes
Sexto Piso
2014

Por Cristian Lagunas

El jovencísimo Lazarillo de Tormes, el galeote de Mateo Alemán, el vagabundo Buscón de Quevedo y el anónimo Estebanillo González. Regidos por la vigorosa fuerza del hambre, pero también por el caprichoso azar, estos personajes configuraron durante los siglos XVI y XVII un género que, aunque modificado con el paso de los siglos, influyó en el canon occidental de manera prolongada: en El tambor de hojalata de Günter Grass, en el Oliver Twist de Dickens y también, a su manera, en la última novela de Valeria Luiselli.

La historia de mis dientes (Sexto Piso, 2014) contiene las “parabólicas, hiperbólicas, elípticas, alegóricas y perambulaciones circulares e historia de vida de Gustavo Sánchez Carretera”. En seis apartados y por medio de una falsa autobiografía, el protagonista nos hace el favor de aclarar lo que todo eso pretende decir. Desde su miserable infancia, en la que el mayor entretenimiento era coleccionar las uñas del padre, hasta el éxito que tuvo como el  “mejor cantador de subastas del mundo”.

Las primeras setenta páginas revelan suficientes detalles para que el lector entienda cuáles son las premisas de construcción de la novela: sabemos que para Sánchez Carretera el deseo de subastar es una “adicción irrefrenable” y también que “la historia de una vida es la historia de una dentadura”. Esto último se desarrolla en un largo pasaje en el que se subastan, entre otros, los dientes de Platón y Virginia Woolf. Aquí, Luiselli se acerca con curiosidad a un híbrido entre la narración y el ensayo, género que ya había conseguido desarrollar con éxito en su primer libro, Papeles falsos (2010).

Tras conocer que Carretera, falso pícaro, tiene en su cavidad bucal los dientes de la mismísima Marilyn Monroe la novela pierde el rumbo: es quizá porque el resto de los apartados parecen sólo ramificaciones de las páginas introductorias y desean incrustar teorías que se estancan en lo incipiente de su propuesta. Por ejemplo, las relaciones entre imagen y texto, justificadas con una serie de fotografías que, como clave interpretativa, nos amplían al final del libro lo que acabamos de leer: el texto, por desgracia, no puede sostenerse sin ellas.

Otro detalle que no puede pasar por alto es que Luiselli introduce con insistencia referencias a escritores y filósofos que, en el mejor de los casos, podrían sugerir relaciones de intertextualidad, pero que se paralizan en el guiño: el que atiende el puesto de periódicos se llama Rubén Darío; el trabajador de una fábrica, Salvador Novo; la dueña de una papelería, Josefina Vincens. Referencias que al principio invitan a curiosear, pero que al final producen tedio por su recurrencia.

Si bien parece que Luiselli adquirió en La historia de mis dientes seguridad narrativa, titubeante y en crecimiento en su novela predecesora, la falta de desarrollo de sus propuestas le quita la excelencia que sí obtuvo en Los ingrávidos (2011). Habrá que esperar su próxima entrega o voltear la mirada y releer las cuitas del Lazarillo.

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Cristian Lagunas (Metepec, Estado de México, 1994). Estudia la licenciatura en Letras Hispánicas en la UAM Iztapalapa. Participó en la antología 25 golpes de suerte, publicada por Lectorum en 2013. Sus textos exploran las posibilidades del lenguaje como sistema creador de vertientes narrativas.

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