Crítica de ensayo

Cuerpo extraño, de Jazmina Barrera

Cuerpo extraño - Jazmina Barrera

Jazmina Barrera
Cuerpo Extraño
Literal Publishing
2013

Por Nayeli García Sánchez

Veo a Jazmina sentada en una silla frente a mí y dudo si sería adecuado ofrecerle un té o pararme a cerrar la ventana por el frío. Me causa risa lo absurdo: Jazmina está encerrada en el libro que acabo de soltar y ahora reposa plácidamente en el sofá. Todo es culpa de sus ensayos. Su primera obra, Cuerpo extraño, obtuvo el Premio Literal de Ensayo 2013 y se publicó en una edición bilingüe español/inglés, traducción a cargo de Dave Oliphant, por Literal Publishing a finales del año pasado. En ella, la joven escritora logra un tono familiar y desenfadado que simula el de una conversación fraternal. La brevedad de los textos y la concatenación de los temas parecieran dejar espacio a las respuestas del interlocutor. En once estaciones, la autora realiza un camino que sigue dos rumbos: de lo material a lo intangible y del dolor a la risa.

Los ensayos comparten, con variaciones, una estructura formada por anécdotas emotivas y corporales. De esta manera, se logra un equilibrio reconfortante entre el uso de la razón para analizar un tema y el empleo del sentimiento. Los elementos narrativos funcionan como catalizadores de la reflexión y también como puentes de enlaces empáticos entre el lector y el texto. Existe un ejemplo de ello en la primera parte: «Diferencia de temperaturas: el cuerpo sin vida es por comparación más frío, cual hielo, si resulta además ser invierno. […] Besar la frente de un ser amado, como yo besé la de mi abuela este invierno, en el crematorio tapizado de mármol, es recibir de pronto el ártico y sentir la muerte besándote de vuelta».

Llama la atención, sin embargo, un tercer componente: los guiños hacia otros textos (libros, películas, obras plásticas y musicales) dan profundidad y dotan de un cuerpo propio las reflexiones. Gracias a ello, es posible una danza. Las palabras toman forma determinada y el lector no halla manera de resistirse a bailar por lo menos una pieza. Nos vemos sumergidos en una música, a un ritmo conformado por saltos y regresos en el tiempo de esa voz, que comienza tímida por una consideración general, cuenta una anécdota que amplía su sentido y se desliza con soltura en un ir y venir entre lo público y lo privado: «Una vez la llevé a un laberinto en el castillo de Enrique VIII en Londres. Yo nunca antes había estado en uno y recordaba con emoción a Dédalo, La muerte y la brújula, El perfume y El resplandor”. El bajage cultural de la autora se convierte, entonces, en un preámbulo de cercanía; a partir de referentes que pueden actualizarse en el lector, la experiencia narrada se aproxima hacia nosotros: la reflexión deja de ser solitaria y se vuelve comunal.

En «Risa», Jazmina recuerda una frase de Octavio Paz que dice: «Ante la vertiginosa visión del vacío, espectáculo realmente único, la risa es también la única respuesta», sentencia que articula el desplazamiento emotivo del Cuerpo extraño. El sentido del humor despeja de solemnidad los temas tratados y mueve al regocijo: «Yo y mi migraña nos hacemos daño intencionalmente, y a la vez ella sabe que no puede matarme o se quedaría sola» o «El cuerpo busca solucionar los problemas espirituales con las únicas armas que posee, también corporales. Le agradecemos su intención. Nos parece entrañable su búsqueda de consuelo. Nos resulta bello en tanto que fútil».

La disposición de los ensayos nos sugiere un viaje que va de afuera hacia adentro, los primeros hablan de movimientos involuntarios, de sensaciones dérmicas como el frío y el calor, de los lunares, con lo que tienen de constelaciones y de cicatrices; después comienza el viaje hacia adentro: el cansancio, la migraña, el dolor que causa toda expresión de violencia. Los ensayos «Muerte (en vida)» y «Sombra» interrumpen un poco este ritmo, agregan compases variados a la melodía, que continúa su jornada hacia la profundidad del cuerpo, es decir, hacia la alquimia de lo intangible que toma alguna forma física: las lágrimas y la risa. «Memoria», coda del libro, conjunta la idea que gobierna la obra: el cuerpo es inseparable de lo que somos: no sólo es un medio, es un contenido. La corriente del río es el río mismo: «Los recuerdos de los otros, mis recuerdos y los sueños están todos mezclados en una solución ya inseparable: son parte de mi mente y de mi cuerpo, quizás ya incluso de mis genes».

El título de la obra queda explicado en dos movimientos, uno que se dirige hacia el exterior: la autora nos invita a habitar el espacio desde su cuerpo, con un tono íntimo y cercano; y otro hacia el interior de la voz que modula el texto: la narradora ha tenido la certeza de perder identidad con su cuerpo: «Pero hay cierto tipo de cansancio que nos disuelve y nos expande. Cuando se nos cansa el cuerpo o la mente somos menos nosotros y somos más todo el resto. Se es más cuando no se puede hacer» o «Y la medicina occidental no parece entender del todo qué hacer en estos casos en los que el cuerpo extraño es el nuestro».

En cuanto al carácter bilingüe de la edición, las traducciones más complicadas se resolvieron, en la mayoría de los casos, agregando corchetes; por ejemplo, cuando había interés en la etimología latina de alguna palabra en español: «The moles [lunares in Spanish] already have in themselves a quite celestial name, since it is believed that those spots appeared through the influence of the moon [luna in Spanish]». Lo mismo ocurre en: «The word awe [asombro in Spanish] is one of many that derives from shadow [sombra in Spanish], as do penumbra, sombrero, sombrilla [half-shadow, hat, and sunshade], y sombrío [somber, shady, shaded]. A-sombrarse in Spanish means, in it original definition, to be frightened by the appearance of a shadow». Solución similar se empleó cuando lo que importaba era el sonido de las palabras: «It doesn’t surprise me that it [migraña in Spanish] rhymes with araña [spider, an arachnid]».

Al leer sobre los tics, el frío, la migraña, el cansancio o la memoria, yo no podía evitar responder con mi propia información del mundo ante las inquietudes de los ensayos. En «Cansancio», Jazmina dice: «Qué difícil traducir el cuerpo, ese ente extraño que somos y para el que, ya lo decía Virginia Woolf, nos falta vocabulario», el mayor logro de esta escritura primera radica en la ampliación de ese conjunto de palabras para nombrarnos.

_________________

Nayeli García Sánchez (Ciudad de México, 1989) es licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM. Ha impartido varios talleres de español y redacción en esa misma universidad. Trabajó como consultora lingüística en la Academia Mexicana de la Lengua. Actualmente colabora como becaria de investigación en la Enciclopedia de la Literatura en México en la Fundación para las Letras Mexicanas.

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