Entrevista/Teatro mexicano

Teatro mexicano actual: entrevista con Daimary Sánchez Moreno

daimary

La investigación escénica puede parecer una práctica poco común debido a la dificultad para encontrar bibliografía fuera del CITRU, sin embargo cada vez se abren más espacios para difundir y discutir en torno a la teatrología. Para la segunda entrega de esta serie tuvimos el placer de conversar con la investigadora y dramaturga Daimary Sánchez Moreno quien reflexiona sobre la creación, la crítica y la investigación desde la praxis.

Por Iltze Bautista

Yo apelo, como dije anteriormente, por una crítica más apegada a la investigación que al amarillismo que enarbola al que escribe mientras demerita, muchas de las veces, el trabajo de creadores escénicos con verdadero talento y formación.

¿Se puede hablar de un estado del teatro mexicano? De ser así, ¿cuál es su situación actual?

Sucede en México lo que en otras latitudes, hablar del estado del teatro en el país implica una  forzosa reflexión de mapeo o, si gustan, cartográfica para que suene mejor, debido a que su situación tanto de recepción como de calidad y difusión varía dependiendo de la región del país en la que te ubiques. Por décadas y hasta la fecha la mayor oferta teatral se ha concentrado en la capital del país, los dramaturgos, directores o actores que deciden pasar por ahí y logran mantenerse son los que de algún modo tienen mayor posibilidad de que su trabajo obtenga un reconocimiento nacional, en suma, terminan siendo sólo unos cuantos y sus nombres visten las carteleras hasta el cansancio. No me atrevería a hablar de un estado del teatro en México más o menos identificable, observo islas disímiles, quehacer teatral hecho por particulares, nombres.

Por otro lado, siguiendo con la idea del centralismo teatral hay que hacer notar que en estados chuscamente llamados de «provincia», el teatro se mantiene activo, ya sea en un proceso de resurgimiento o ciernes, gracias al apoyo de universidades públicas, talleres libres y grupos independientes que si bien muestran niveles de calidad por demás variados están vigentes, apostando por una identidad teatral que a mi juicio está muy lejos de interesarse por forjar un teatro mexicano como en los tiempos de Usigli pero que anda y da de qué hablar. Los temas tratados en escena son asuntos de pronto muy inmediatos, del día a día, otras veces (muchas) violentos o en muchas de las ocasiones bastante melodramáticos, podríamos decir que el teatro en México carece de silencio verbal en escena, y si decidiese apostarle a éste me aventuro a decir que podría encontrar en él un asidero de significaciones más directas, distintas a la verborrea televisiva y la vorágine de ideología barata difundida por las redes sociales. El teatro como respiradero del ser y no más como prolongación del discurso televisivo es a lo que mi juicio el teatro en México debiera apuntar.

¿Qué sucede con la crítica de teatro en México?

Considero que la crítica teatral en México de pronto no obedece a lo que el público está observando, legitima a unos cuantos y termina muchas veces siendo instrumento del autor para hacerse nombre a través de la nota sospechosa y satíricamente «subversiva». Si me dices crítica o investigación teatral me quedo con esta última.

¿Cuál deber ser el papel del Estado hacia las artes escénicas?

El arte escénico en México no debe atenerse al apoyo del Estado, limitar el quehacer artístico por falta de apoyo estatal sólo reduce la capacidad de crecimiento y la libertad de discurso además de volver al artista dependiente. Con ello no quiero decir que deba absolverse al Estado de su responsabilidad de apoyar al sector cultural, sino que ante tal panorama el artista escénico debe  ser realista y hacer el ego a un lado, mantenerse no sólo informado acerca de las disposiciones gubernamentales en lo que a cultura se refriere sino ante todo ser estratega a la hora de proyectar su labor, para evitar que el presupuesto cultural siga siendo hacedero de islas o mina de unos cuantos y apostar, por el contrario, por una noción de comunidad en lo teórico y práctico, de este modo considero tiene mayor oportunidad el teatro hecho en México de posicionarse a nivel internacional.

¿Cómo se ha modificado la escritura dramática a partir del cruce de disciplinas artísticas? ¿El teatro sigue contando historias?

El cruce de disciplinas artísticas no es novedad en el teatro, es un arte que desde sus inicios se ha caracterizado por ello, es una cualidad que obligadamente debemos mencionar cuando se intenta  definir el teatro ante un neófito en la disciplina, de manera que si se desea continuar con la idea de que el teatro está hecho para contar historias podría decir que el lenguaje inter, multi o transdisciplinario no exenta al teatro de su capacidad de contar historias, lo que ha cambiado es la manera de hacerlo, hoy impera la fragmentación, el ritmo es otro y la síntesis resurge como en la época de las vanguardias. Pensar en la posibilidad de que el teatro deje de contar historias  me parece casi imposible, ¿de qué otra manera se comunica el ser humano si no es a través de historias contadas lo mismo con el cuerpo que con la música, la imagen o la palabra? El cerebro humano todo lo significa, a todo le da nombre para volver inteligible la realidad que está aprehendiendo. Las historias se las cuenta el espectador a sí mismo a partir del convivio (Dubatti) con los hacedores escénicos, estos últimos proporcionan el signo mientras el primero lo lee, reglas de la semiótica que hasta la fecha siguen vigentes, el cambio en el teatro reside en cómo cuenta hoy las historias.

¿Se puede hablar de un teatro de riesgo o se trata del riesgo de hacer teatro?

Depende desde dónde se esté tomando la palabra riesgo, en México la mayoría del teatro que no depende de instituciones oficiales o empresas particulares suele ser de riesgo pero económico no ideológico, no hay cultura teatral en nuestro país, somos el fiel retrato del discurso de Artaud cuando en el “Teatro y su doble” dice: “el mundo padece hambre y esto hace que no sea ella, la cultura, su preocupación central. De allí que todo esfuerzo destinado a orientar  hacia la cultura los pensamientos dirigidos al hombre redunda en un hecho artificial”.

Visto desde esta postura, desde luego que en México se realiza teatro de riesgo. Con ello tampoco quiero decir que no existan grupos con discursos contrahegemónicos comprometidos laborando desde poéticas que pueden ir desde el teatro de foro hasta la danza teatro, sin embargo, son los menos. Coincido con Dario Fo cuando, en el mensaje emitido con motivo del Día Mundial del Teatro en 2013, expresó: “Actualmente, los actores y las compañías teatrales tienen dificultades para encontrar escenarios públicos, teatros y espectadores, todo a causa de la crisis. Los dirigentes, por tanto, ya no están preocupados por controlar a aquellos que les citan con ironía y sarcasmo, ya que no hay sitio para los actores, ni hay un público al que dirigirse”.

Pese a lo anterior, sabemos que mientras exista el ser humano el arte teatral continuará y que sus altibajos  responden a que no está fuera de la historia como muchas veces se piensa.

Existen creadores escénicos que aseguran que el proceso de escritura no se completa hasta que se ha llevado a cabo la puesta en escena, ¿es cierto? ¿Por qué?

Pasa un poco lo mismo que en la pregunta anterior, depende desde dónde lo veas, yo te puedo hablar de una performatividad o teatralidad inherente a cierta escritura que puede o no ser dramática y no precisa ser representada en un teatro o plaza pública para hacer patente su cualidad teatral, visto desde ésta perspectiva el texto dramático, en otro nivel de realidad distinto al de la escena, el del lector frente a la teatralidad del texto, logra crearse y concluirse per se. Por otro lado, es también importante resaltar que aquél que decide escribir teatro no lo hace de manera arbitraria, busca de antemano la confrontación con el espectador, precisa de un lenguaje escénico que va más allá del lenguaje escrito y se vale del texto dramático para sugerir en él vacíos que precisan ser llenados por el creador escénico y el espectador.

Como escritora debo admitir que la dramaturgia a diferencia de otros géneros literarios, por más anquilosado que resulte hablar hoy en día de distinciones genéricas, ofrece al dramaturgo la posibilidad de enfrentar cuerpo a cuerpo la realidad del teatro con la del espectador en tiempo real, cara a cara y de manera colectiva, asunto que en el resto de la literatura se da un modo muy distinto, pensado así el texto dramático comparto la noción de que su capacidad de acción queda difusa hasta el día en que el texto es representado.

¿Es el teatro un nicho olvidado para la crítica y la investigación? De ser así, ¿a qué se debe y cómo puede rescatarse?

Desde luego que no, no somos mayoría los que estamos actualmente haciendo investigación teatral en México pero no por ello es un nicho olvidado, es una práctica que considero absolutamente necesaria para la evolución del teatro en nuestro país y que gracias al esfuerzo de muchos sigue vigente y abriendo espacios para que nuevas generaciones se interesen en dicha labor. Sin ir muy lejos, en la Universidad Veracruzana se ofrece actualmente la Maestría en Artes Escénicas, enfocada netamente a la investigación con un nivel académico excelente. Yo apelo, como dije anteriormente, por una crítica más apegada a la investigación que al amarillismo que enarbola al que escribe mientras demerita, muchas de las veces, el trabajo de creadores escénicos con verdadero talento y formación. Considero asimismo que los procesos creativos de los creadores escénicos debieran acompañarse también por procesos de investigación haciendo el esfuerzo por documentarlos, desapareciendo poco a poco la aparente frontera entre práctica y teoría, es decir, hacer investigación en movimiento, como diría el director teatral Nicolás Núñez. Actividad que dará como consecuencia artistas con habilidades no sólo prácticas sino también teóricas, creadores capaces de compartir procesos creativos con herramientas intelectuales sólidas.

¿Qué le hace falta al teatro en México?

Verse el ombligo en silencio, leer poesía, seguirse preparando y no parar de hacer teatro.

___________

Daimary Sánchez Moreno (Tijuana, Baja California, 1983) Estudió Lengua y Literatura de Hispanoamérica en la UABC y se diplomó en Habilidades y Técnicas Psicoterapéuticas en el Instituto Gestalt Región Occidente. Es miembro reciente de la Asociación Mexicana de Investigadores Teatrales (AMIT) y está por concluir la Maestría en Artes Escénicas de la Universidad Veracruzana. Ha publicado cuento, dramaturgia y poesía en antologías como Para leerlos todos, Microficción Tijuanense, San Diego Poetry Annual 2010-2011, Espiral y Antología Norte-Sur. En 2011 fue acreedora al Premio Nacional de Dramaturgia Wilberto Cantón con la obra “Are you bringing something from Mexico?”

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