Entrevista/Teatro mexicano

Teatro mexicano actual: entrevista con David Gaitán

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Continuando con la serie de este mes, ahora presentamos una entrevista con el dramaturgo, actor y director David Gaitán, quien sostiene que el teatro mexicano vive uno de sus mejores momentos.

Por Iltze Bautista

La dictadura priista fue muy inteligente con respecto a su manejo de las artes. Forzó desde siempre un paternalismo artístico que obligó a que la expresión estética existiera sólo si ellos facilitaban los recursos… y además había que agradecer.

 ¿Se puede hablar de un estado del teatro mexicano? De ser así, ¿cuál es su situación actual?

El teatro mexicano está viviendo uno de sus mejores momentos. Por supuesto estoy hablando desde el interior del bosque, espero que el tiempo no me sorraje la afirmación en la cara y resulte que estaba viendo la inmensidad en cinco árboles… Pero sostengo la impresión. El teatro mexicano está en un gran momento. Basta ver la cartelera y ver el porcentaje de textos mexicanos que están en escena. Esto, al interior de la comunidad que consume teatro (mínima, con respecto a la población total, es cierto) es muy significativo. No implica una ola nacionalista con respecto a las artes (los teatros, sobre todo los privados, no se rigen por parámetros románticos), quiere decir que los textos hechos acá están comunicando de manera efectiva.

¿Qué sucede con la crítica de teatro en México?

Existe, pero no es un referente. La asistencia del público a una obra no depende de la crítica (lo cual tiene mucho de positivo), la gente asiste si detrás hay una campaña mercadotécnica eficaz (lo cual tiene mucho de negativo) o si –aún mejor– la recomendación boca a boca se propaga de buen modo.

La crítica teatral seria (no las reseñas cuya utilidad sólo es comunicar la existencia del evento o los comentarios producto de relaciones personales entre crítico y ejecutante) es escasa y primordialmente leída por la propia comunidad artística.

Como decía, esto tiene pros y contras. En Nueva York, por ejemplo, la vida de una obra depende en gran medida de lo que diga The New York Times. Para el grueso de la población que consume teatro es el referente máximo. Esto habla de un espectador interesado por lo que se está haciendo pero demasiada dependencia en la opinión de una entidad puede pudrir un sistema cultural. Si la crítica de The New York Times es mala, aun cuando el resto de los comentarios especializados sean favorables, la temporada cierra después de un par de semanas. Saben (o asumen) que no les irá bien.

Por otro lado, entre las redes sociales y los blogs, la crítica no especializada ha florecido; esto ha provocado una plaga de opiniones a título personal que forman una especie de maleza de letras que dificulta destacar los comentarios valiosos. Se tiene que escarbar demasiado para encontrar críticas realmente especializadas.

¿Cuál deber ser el papel del Estado hacia las artes escénicas?

La dictadura priista fue muy inteligente con respecto a su manejo de las artes. Forzó desde siempre un paternalismo artístico que obligó a que la expresión estética existiera sólo si ellos facilitaban los recursos… y además había que agradecer.

Claro que el Estado debe promover y apoyar las artes escénicas; lo hace (siguiendo el sistema referido), pero me parece mucho más importante proveer las herramientas para que el arte no dependa tanto de ellos. La ley 226 bis [estímulo fiscal para inversión en producción teatral] es un gesto optimista en esta dirección; grosso modo, el Estado permite a particulares deducir impuestos a través del apoyo a proyectos teatrales que demuestren calidad y viabilidad.

El gran avance se dará cuando poder facilitar las condiciones para hacer expansivas las expresiones artísticas sea visto como un gesto de vanguardia política.

¿Cómo se ha modificado la escritura dramática a partir del cruce de disciplinas artísticas? ¿El teatro sigue contando historias?

El rango dramatúrgico se ha expandido. Hay una búsqueda fuerte por incluir todo lo que va llegando: tecnologías, temas, espacios… Además, efectivamente, ya no está la necesidad de hacer un teatro aristotélico (contar historias en función a una serie de dogmas universales), lo que abre la investigación textual al resto del universo. Hoy por hoy, todo es susceptible de ponerse en escena; desde Shakespeare hasta la Sección Amarilla.

Aun con esto, el teatro no dejará de contar historias. Ahí radica la raíz de la representación. Las artes escénicas tienen una buena carga de responsabilidad en defender la ficción; difícilmente lo hará alguien más.

¿Se puede hablar de un teatro de riesgo o se trata del riesgo de hacer teatro?

Ambas. A mayor riesgo estético, más probabilidad de “perder el derecho” a intentarlo de nuevo. Por supuesto, también el rango de placer ante la sensación de logro es mayor.

Hacer teatro es riesgoso, sí. Sobre todo en términos de solvencia económica. La prioridad de hacer teatro no puede coincidir con la prioridad de hacer dinero. Si se mezclan, enhorabuena, pero quien de entrada las imagine como compañeras inseparables está pecando de ingenuidad.

Existen creadores escénicos que aseguran que el proceso de escritura no se completa hasta que se ha llevado a cabo la puesta en escena, ¿es cierto? ¿Por qué?

Para mí no. El proceso de escritura debe ser que uno se complete en sí mismo. Por supuesto toda obra de teatro está diseñada para una eventual puesta, pero la dramaturgia es un arte completo. El texto dramático tiene el mismo valor literario que un cuento, una novela, un poema.

Cierto que la puesta en escena llevará las ideas a un nuevo puerto, pero el resultado escénico será la consecuencia de la suma de proyectos.

Ahí está la dramaturgia gráfica, por ejemplo, que consiste en toda una travesía plástica de la puesta en página y concibe –de manera radical– al texto como objeto artístico.

¿Es el teatro un nicho olvidado para la crítica y la investigación? De ser así, ¿a qué se debe y cómo puede rescatarse?

De ningún modo. El teatro me parece el arte más avanzado. Permite la inclusión de todo, su tridimensionalidad y la infinita cantidad de puertas que con eso abre lo convierten en un inagotable caldo de investigación.

¿Qué le hace falta al teatro en México?

Espectadores. Yo calculo que somos como un millón los que nos desplazamos itinerantes de una sala a otra. Los que hacemos teatro lo sabemos y esa es un arma de doble filo. Por un lado, buscando dar una mejor experiencia a ese muy específico grupo que sabemos asistirá, particularizamos los temas y el tratamiento de los mismos. Pero esta búsqueda de especificidad nos aleja cada vez de los otros 119 millones de mexicanos.

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David Gaitán (Ciudad de México, 1984), es egresado de la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA. En 2006 fundó la compañía Teatro Legeste con la que ha tenido más de 300 representaciones, han girado por ocho ciudades del país, tres festivales internacionales y dos veces invitados a la Muestra Nacional de Teatro. Ha escrito más de 15 de obras de teatro de las cuales 13 han sido montadas y siete publicadas. En 2010 fue seleccionado como parte del grupo internacional de dramaturgos de la Royal Court Theatre de Londres, en 2012 por el Lark Play Development Center de Nueva York y en 2014 escribió y dirigió La ceguera no es un trampolín (Blindheit ist kein Sprungbrett) con la Ernst Busch de Berlín.

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