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Poesía, testimonio y revolución en Roberto Fernández Retamar

anos-70

 Roberto Fernández Retamar en los años 70.

Raúl Carrillo Arciniega

College of Charleston

Carlos Fuentes en su libro Nuevo Tiempo Mexicano (1995) escribe que las revoluciones en Latinoamérica inauguran un proceso de autoconocimiento nacional. A partir de este proceso reflexivo, expone Fuentes, es posible cicatrizar las heridas del pasado. Cauterizar estas laceraciones en la piel nacional ha sido un esfuerzo por reconciliar la idea de destrucción y esclarecer, al mismo tiempo, la percepción que el hombre latinoamericano posee de sí mismo. En otras palabras, el tiempo finalmente se experimenta en el dolor del cuerpo y su destrucción.

La idea de revolución como destrucción de lo anterior parte necesariamente de un reconocimiento crítico. Es la acción del razonamiento que contempla el estado de las cosas para evaluar sus significados. También deviene una exploración de resignificación en medio de un mundo de significantes que han perdido su valor. Es, de ese modo, también un proceso de recuperación. En palabras de Octavio Paz, la revolución es la «[h]ija de la razón en su forma más rigurosa y lúcida: la crítica» (630). Es, continúa Paz, «a un tiempo creadora y destructora; mejor dicho, al destruir crea» (630). Esta destrucción creadora de la revolución que propone Paz supone un proceso de asimilación y confrontación que requiere de un discurso en el que se interpreten los acontecimientos históricos del hombre. En este discurso el conocimiento del mundo se liga tanto a las percepciones de realidad como a las aspiraciones metafísicas del ser humano. La poesía no ha sido ajena a la enunciación ni a la anunciación de la destrucción como posibilidad de evolución.

A través de la revolución se ha buscado hacer presente un estado mítico que al paso de nuestra historia hemos creído haber perdido. La poesía y el pensamiento participan de esta preocupación como actividad esperanzadora. Sin embargo, al mismo tiempo que la utopía es un lugar en las ideas, la revolución es un fenómeno histórico. De igual modo, la revolución ha abierto la idea de la crítica del mundo y de sus procesos. En la poesía ha intentado renovar, no sólo la forma de enunciar una mirada del mundo, sino volver a replantear una realidad inmediata.

Bajo estos dos conceptos (revolución y la poesía) el poeta y ensayista Fernández Retamar examina desde la palabra una destrucción de la destrucción que fue anunciada y terminada por los poetas vanguardista que le antecedieron. En la primera etapa de la producción poética de Fernández Retamar la poesía, como manifestación en el mundo, busca la superación de la destrucción de las vanguardias a partir de un tiempo histórico que convierta al sujeto de la producción de un texto poético, en un sujeto testigo. Éste supera la destrucción creadora de la vanguardia a través de la inmediatez de su realidad histórica. En ese sentido, la revolución inaugura un nuevo paradigma dentro del pensamiento colonializado latinoamericano. Esto es, se persigue una definición del latinoamericano como entidad autónoma. Entidad que articula una voz participativa dentro de un proceso de renegociación y refundación del conocimiento histórico del mundo. En sus primeros libros podemos confirmar esa exaltación hacia un proceso nuevo que promete una nueva sensibilidad y un destino. Dentro de estos paradigmas, el sueño de la utopía americana como lugar para la esperanza, se replantea y cobra vigencia. En  «El otro», poema del libro Sí a la revolución, ésta funciona como elemento que potencia el reconocimiento del otro como igual. Asimismo, muestra la posibilidad que brinda la historia para volver sobre su construcción discursiva.

¿Sobre qué muerto estoy yo vivo,

sus huesos quedando en los míos,

Lo ojos que lo arrancaron, viendo

Por la mirada de mi cara,

Y  la mano que no es su mano,

Que no es ya tampoco la mía,

Escribiendo palabras rotas

Donde él no está, en la sobrevida?

El momento histórico dota de inmediatez a la palabra poética que necesita de acuerdo con Fernández Retamar “ir a las cosas” en oposición de que las cosas vayan a la poesía. Del mismo modo, en uno de sus primeros textos críticos recogidos en La poesía, reino autónomo en donde reflexiona «En torno de la obra poética de Alfonso Reyes» (1953) Retamar expresa la necesidad que tiene el poeta de ser una parte activa dentro del proceso social. En el ensayo delinea lo que será ya en 1959 su definición y separación el grupo Orígenes.  El poeta retoma a Reyes para apuntar que «que quien sólo canta en do de pecho no sabe cantar; que quien sólo trata en versos para las cosas sublimes no vive la verdadera vida de la poesía y las letras, sino que las lleva postizas como adorno en las fiesta» (13).  En ese sentido, la visión pondera la mezcla de las formas cultas y populares para un mestizaje en la construcción de una literatura propia que supere la oquedad del discurso poético de las vanguardias. Así, la afirmación del ser nacional es afirmación del proceso histórico que atiende a las particularidades y no abstracciones; y funciona, al mismo tiempo, como la confirmación de la diferencia entre los mismos y los otros. El aparente rompimiento de la vía comunicativa  de la poesía de las vanguardias con poetas como Retamar tiende a reestablecerse para volver sobre el suceso poético que presenta el momento histórico. Si como dice Octavio Paz en Los hijos del limo, las vanguardias son también una crítica al tiempo de la eternidad al ponderar el instante, la poesía de Retamar busca en el acontecer y la contingencia la extensión del espacio. Es decir, la presencia del sujeto poético como ser en estado de latencia. Esto hace que la poesía se convierta en una actividad necesaria de la vida para el acercamiento hacia los objetos. Dice Fernández  «La poesía se constituye como órgano de contemplación y aún de conformación» (154). Lejos de intentar una explicación del suceso de forma abstracta, es decir, general, se destaca la posición del enunciador  como poesía de la incorporación, poesía hecha cuerpo.

El poeta se acerca para experimentar el espacio geográfico, telúrico, bajo el cual examina su realidad histórica. En el poema “El tiempo de los amantes” de su libro Circunstancia de poesía la voz poética manifiesta:

Lo que apenas tienen los amantes es porvenir.

Y por eso la dama del perrito se irrita o solloza silenciosamente junto a la lámpara.

El mundo, según plantea el poema, comienza como una objetivización del afuera. De igual manera, nos advierte que no debemos caer en «la trampa del espejo del yo». Esta trampa es puesta si se observa que el yo no es el que está, sino el que se piensa que es. En ese sentido, la poesía es un acto; es decir, una manifestación de un ser viviente que experimenta con su cuerpo y atestigua el mundo del aquí. (Importancia que se patentiza por ejemplo, en la última colección de poemas de Fernández Retamar  Aquí, 1995). Ese acercamiento del sujeto que está en el mundo, es decir, el poeta, funciona, no como miembro especial que posee una verdad incomprensible, sino como testigo de la historia y del mundo que habita, nociones que necesitan ser redefinidas. En su libro Circunstancia… queda asentado que el conocimiento del sujeto por el mundo es individual, finito, y en constante reelaboración.

De igual modo, la poesía deja su esfera conceptual para volcarse sobre la vida del sujeto que percibe el momento de su acontecer con sus sentidos abiertos para confrontarse en el mundo. Dice Fernández  «[l]a poesía no se añade a la vida ni tampoco se separa de ella» (26). En ese sentido, la poesía de Retamar introduce a la ecuación del tiempo del ahora, del instante, el elemento de la espacialidad en la que habita el sujeto que experimenta, sin atender al valor añadido del mundo impuesto por una visión. Esta aproximación a las cosas recupera el espacio de un mundo autónomo que no busca, cuando menos en el pensamiento de Retamar, imitar modelos, sino crear sus propios paradigmas sensitivos.  Por eso, dentro de su pensamiento el pasado no es recuerdo que se instala en el presente del sujeto, sino construcción que llega del futuro. El tiempo como metáfora de algo que corre, que explora en su ensayo «La poesía en los tiempos que corren» pondera la prevalencia de la corporeidad, la preeminencia del presente, en lugar del pasado desde el cual se construye un futuro.  La corporeidad vence el elemento temporal impuesto por el propio sistema de pensamiento del hombre occidental para plantear la relevancia del cuerpo como epidermis vivencial que no es posible medir con el paso de un reloj. Dice Retamar «No hay acaso instantes en que, por una u otra razón, se siente, […] el espesor como detenido de las horas: el cuerpo de la cosas más que su caída?» (28) Esta preponderancia de la percepción del cuerpo posibilita el espacio como lugar en el que se manifiesta la existencia. Este cuerpo que se vincula con el mundo es el receptáculo en el cual se renegocia y se reformulan todos los postulados. Es la poesía de la condición histórica que postula una necesidad de vincularla al mundo, es decir, demarcarla con espacio y tiempo.

El primer poema de la colección  de Circunstancia…«Explico al lector por qué al cabo no concluí aquel poema sobre la comuna» permite el diálogo del hecho estético con el hecho histórico. Es a partir del hecho estético que se supera el vacío fundacional de la historia americana. Ambos hechos requieren, de acuerdo con Fernández, una explicación textual que se genera en el campo de la percepción del tiempo. Esta ruptura temporal para esta explicación permite generar la individualidad del sujeto consciente desde el cual se genera no sólo un recuerdo abstracto, sino una herida en la memoria. El poema empieza por tratar de situar temporalmente una dedicatoria en puño y letra de Arthur Adamov. La voz poética, después de algunas especulaciones de fechas tentativas, opta por reconocer el momento que su experiencia y percepción dan significado a la referencia: «Pero es en el sesenta cuando el libro arde en mi memoria: ese año en que mi niña ya me lo había dedicado con un garabato (que ahora nos enternece) en el reverso de la portada.» Desde esta ubicación temporal el proceso de la voz poética para actualizar una emoción sensitiva radica en la experiencia de la lectura. La recepción de un discurso leído produce una conciencia del yo. El tiempo se sitúa en el yo lector desde cual todos los tiempo se conjugan para hablar de la experiencia del texto como proceso liberador. En el poema leemos «Y en que yo lo leí y lo subrayé ferozmente porque era el momento de aprender toda la historia otra vez» (14).

En este poema la lectura de textos conduce a una experiencia de lo real y la reconciliación con la historia, y su contingencia. De esa forma la historia comienza a plantearse como un texto en construcción que buscará resituar al individuo dentro de un tiempo propio para otorgarle su particularidad en el proceso de la construcción nacional. «No hay que tener complejo de la Sierra Maestra, que hay lugar para todos en la historia» nos revela la voz poética en el mismo poema (16). Retamar le devuelve al concepto de historia su movilidad discursiva e infunde al esfuerzo particular de cada individuo un carácter positivo, incluyente, en el que la historia es un esfuerzo conjunto: «Siempre que le entregues todo el fuego de que dispongas, toda la luz, toda la sangre» (18). Es decir, la historia en su reescritura parte del proceso colectivo y no de un proceso individual que tiende a la canonización de unos cuantos. En este sentido, la escritura y la lectura son los elementos que coronan los efectos testimoniales del hecho histórico y delinean un futuro. La escritura sitúa a la experiencia histórica del sujeto. Dice Fernández en La poesía en los tiempos que corren «la experiencia [del sujeto] concluye en una obra en palabras» (25). Las palabras no son sólo herramientas, sino necesidades enunciativas para conformar experiencias. En ese sentido, el poeta señala la encarnación del discurso como comunicación con el otro. Esta comunicación parte de una lectura que a la postre construye una realidad perceptiva nulificando el constructo discursivo para dejar la experiencia testimonial de su lectura. En el poema Explico al lector… añade «Qué le ocurre al novelista cuyos personajes, de pronto reales, se ponen a vivir por su cuenta? No sé. Yo sólo sé/ Que aquel poema fue tragado, vivido por la realidad» (Circunstancia … 19). El poema se encarna en el mundo sensible para sentir con el lenguaje. Esta es la experiencia del lenguaje encarnado.

En el poema “Para la torcaza” también incluido en Circunstancia… la voz poética experimenta la alteridad que le otorga la vida confrontada. La vida no como concepto sino como experiencia. En el poema se lee:

El olor de la tierra húmeda le llega a la nariz

(¿O al alma)/ Ella está posada al borde del camino,

Frágil y necesaria como un verso, dibujada, aérea.

La escritura de la experiencia muestra que la vida latente se manifiesta dentro de su fragilidad. Dentro de esa experiencia vivencial la poesía se identifica como entidad animada necesaria. La necesidad de la poesía se convierte dentro de Retamar en un factor de mejoramiento humanitario a partir de la empatía con el mundo circundante. Sin embargo, además de tomar conciencia del proceso de conocimiento, señala la dificultad de la voz poética por identificarse plenamente con el mundo, que descubre ajeno, es decir, otro, lejano. La necesidad de comunicación se revela como una carencia de diálogo con el otro que se levanta y experimenta. La voz poética intuye su aislamiento y la separación de realidades que tiene con lo otro del cual, al final,  lo separa el mismo lenguaje: «El quisiera detenerse y decirle algo:». Tanto el sujeto que contempla como el objeto del mundo son entidades vivientes. La voz poética lamenta no poder conseguir una comunicación con el objeto. Evidencia la fractura que existe entre los dos. El mundo es mostrado como un espacio donde se constata la incomunicación entre los seres vivientes.

Esta incomunicación patentiza y revela la preocupación de la poesía de Retamar por incorporar en su proceso enunciativo elementos que reformulen la narración de la historia. La historia es presentada como reescritura y revolución de los procesos de intelección del mundo percibido en el aquí de su conciencia inmediata. Al criticar el presente el pensamiento poético de Fernández Retamar se sitúa dentro de la percepción de las ideas como emociones corporales. Éstas atestiguan y vuelven a enunciar la batalla del hombre por construir su propia historia y curar así sus heridas.

 

Obras citadas

Fernández Retamar, Roberto. Antología personal. México: Siglo XXI, 2007.

____. Poesía reunida. 1948-1965. La Habana: Unión, 1966.

____. Circunstancia y Juana. México: Siglo XXI, 1980.

____. Aquí. Caracas: Pomaire, 1995.

____. La poesía, reino autónomo. La Habana: Letras Cubanas, 2000.

Fuentes, Carlos. Nuevo tiempo mexicano. México: Aguilar, 1995.

Paz, Octavio. La casa de la presencia, Obra completas I. Barcelona: Galaxia Gutenberg/

Círculo de lectores, 1999.

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Raúl Carrillo Arciniega (La Paz, B.C.S., México 1972) es doctor en Letras Modernas por la Universidad de Tennessee, Knoxville y licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, graduado con honores de ambas universidades. Ha publicado en México el estudio Huellas y oquedades: teoría de la poesía de Jorge Cuesta y José Gorostiza (2007), las novelas: En la tierra de Op (2009) y Los indomables (2012); la colección de poemas Nauta herido (2009). Su último libro, De héroes, amoríos y sufrimientos: la condición (melo)dramática de ser mexicano, será publicado en los Estados Unidos en la editorial académica Juan de la Cuesta este verano. Asimismo ha dado a la prensa más de veinte de artículos sobre poesía mexicana, narrativa y ensayo en revistas especializadas de Estados Unidos, México y Sudamérica. Ha publicado poemas y ensayos literarios en distintas revistas y antologías de México. Actualmente es profesor asociado de Estudios Hispánicos en el Departamento de Estudios Hispánicos del College of Charleston, en Charleston, Carolina del Sur. Mantiene un blog de reflexión literaria calidafornia.blogspot.com desde 2009.

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