Criticar la crítica/Entrevista

Criticar la crítica: entrevista con Viviane Mahieux

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Demasiadas veces, definir el campo se transforma en una forma de «definirse en» el campo, y esas negociaciones de poder, muchas veces llevadas a cabo por críticos hombres, suelen causarme un profundo malestar. Precisamente por eso, decidí responder, en parte para enfrentarme a mis propias preconcepciones. Creo que aquí no se trata de pensar en cómo incluir a más mujeres en el campo de la crítica literaria tal y como lo conocemos. Se trata de pensar en formas de ampliar el existente concepto de la crítica literaria, como ejercicio público y visible, para que exista una mayor diversidad de voces. Y también, por supuesto, pensar la diversidad más allá del género.

¿Acaso existe algo así como un estado de la crítica literaria actual? Si fuera así, ¿cuál es?

No creo que se pueda hablar de un estado de la crítica en un sentido singular y homogéneo. La crítica literaria es una práctica que se ejerce de múltiples formas y en registros diversos, los más obvios siendo el periodismo y la academia. Me pregunto más bien por qué existe desde hace unos años en México ese impulso por definir la crítica literaria como campo. ¿Por qué es esta pregunta sobre el estado de la crítica hoy recurrente? ¿Qué podemos aprender de este cuestionamiento? ¿Cuáles han sido otros momentos cuando la comunidad literaria (en el amplio sentido de la palabra) se ha interrogado a sí misma? Creo que en el caso de hoy refleja la descentralización de la escritura, tanto en lo geográfico (muchos estudiamos o trabajamos fuera del país), como en la circulación misma de textos por internet u otros medios. Además no creo que se pueda separar la crítica literaria de la literatura. Ambos son diferentes registros de un mismo quehacer y por lo tanto se nutren mutua y continuamente. Así que para hablar de un estado de la crítica habría que considerar un estado de la literatura.

Si hay una nueva manera de leer, acudiendo a los nuevos dispositivos de lectura, ¿consideras que existan o deban existir nuevos modelos de crítica?

Hablar de un nuevo modelo de crítica implica que ya existe «un» modelo y no creo que sea así. Es una práctica que está en constante evolución y que toma de distintas tradiciones, incluyendo la filología, la teoría y los estudios culturales. La crítica ha cambiado y seguirá cambiando junto con los medios y los espacios culturales que se logren negociar (y que se van volviendo más y más escasos en la esfera pública). Lo que sí está cambiando es la forma de leer la crítica y de responder a ella. A mi parecer, una de las funciones más importantes de la crítica es impulsar conversaciones, generar preguntas, apuntar hacia nuevos saberes. La posibilidad de comentar artículos en línea, de circularlos rápidamente en Facebook o Twitter invita a que estas conversaciones se logren espontáneamente y que se pongan en contacto puntos de vista que normalmente permanecerían distantes. Aunque esta inmediatez tiene sus grandes ventajas, también se presta a simplificaciones y mezquinidades. Es hoy más fácil que nunca leer rápido y por ende leer mal. También es muy fácil atacar personas en vez de debatir ideas. Pero sigue siendo una gran ventaja poder acceder a tan diversos puntos de vista. Creo que el más fidedigno retrato de las comunidades literarias de hoy, aunque no sea siempre el más halagador, se encuentra en las secciones de comentarios de artículos.

¿Crees que sea necesario establecer diferencias entre la crítica académica y el periodismo cultural? ¿Cuáles serían sus puntos de contacto o de qué manera podrían conciliarse?

Las diferencias que existen tienen que ver con la profesionalización de la crítica. El periodismo y la academia son gremios que responden a diferentes necesidades y que reproducen distintos esquemas de legitimidad, autoridad, credibilidad. Creo que son esferas que deberían ser más cercanas, más compatibles, pero existen muchos prejuicios y malentendidos. Desde la academia se resalta la superficialidad del periodismo, desde la prensa la irrelevancia y el elitismo de la academia. Por mi cuenta me considero académica, puesto que es mi profesión, pero sigo muy de cerca al periodismo cultural, y me entusiasma muchísimo contribuir a ese medio. Creo que ambas esferas pueden complementarse y mejorar a partir de un mayor entendimiento: la academia puede aprender de la elegancia y del poder comunicativo del mejor periodismo cultural, el periodismo del rigor, del más sólido trabajo académico.

En una de las entradas de esta serie, Jorge Téllez cuestiona lo siguiente «¿no existen mujeres que escriban crítica literaria en México? Si tomáramos esta sección de entrevistas como una muestra, parecería que no». Y agrega «urge que nuevos espacios como éste reflexionen y pongan en duda el esquema literario machista que predomina actualmente, para incluir voces que comúnmente no se incluyen en otros medios». ¿Qué opinas con respecto a este comentario?

Ya hay muchas mujeres ejerciendo crítica literaria de gran relevancia, especialmente en los medios académicos, y es claro que su número seguirá aumentando. Pero hay menos mujeres que tienen espacios visibles para escribir crítica en el medio periodístico. ¿Por qué tienen menos visibilidad las mujeres críticas? ¿Por qué resulta la academia un espacio más productivo para ellas que la prensa? Creo que interrogar esta divergencia es más útil que simplemente denunciar un medio como machista, ya que este último gesto lleva a pensar en cuotas de género, lo cual no soluciona el problema. Agradezco la intervención de Jorge Téllez, porque amplió la conversación a cuestiones de género, pero creo que hay que ir aún más lejos. No se trata simplemente de incluir en una conversación en curso a voces anteriormente excluidas, se trata más bien de reconfigurar las conversaciones. Cuando Ismael Lares me invitó a participar aquí, me comentó que casi no había recibido respuesta de las mujeres críticas a quienes contactó. ¿Por qué? No puedo hablar por otras, pero por mi cuenta confieso que este tipo de reflexión sobre el campo no me interesó mucho a primera vista. Demasiadas veces, definir el campo se transforma en una forma de «definirse en» el campo, y esas negociaciones de poder, muchas veces llevadas a cabo por críticos hombres, suelen causarme un profundo malestar. Precisamente por eso, decidí responder, en parte para enfrentarme a mis propias preconcepciones. Creo que aquí no se trata de pensar en cómo incluir a más mujeres en el campo de la crítica literaria tal y como lo conocemos. Se trata de pensar en formas de ampliar el existente concepto de la crítica literaria, como ejercicio público y visible, para que exista una mayor diversidad de voces. Y también, por supuesto, pensar la diversidad más allá del género.

¿Cuál es el lugar de la reseña en el panorama de la crítica? ¿Qué tan pertinente es hoy?

La reseña es y seguirá siendo muy importante. Es un escaparate que invita a la lectura. Nos invita a explorar textos que usualmente no frecuentaríamos, a desarrollar nuevos patrones de lectura. Bien hecha, una reseña pone en contexto la producción literaria del momento e indica las posibles repercusiones de un texto. Es cierto que en este pequeño mundo la reseña a menudo responde a presiones externas: amiguismo, favores, disputas, rivalidades, territorialismos. Pero retomo lo dicho por Liliana Pedroza en su entrevista: hay que saber confiar en el lector agudo que sospecha de ciertas reseñas. Y agregaría que a veces leer algunas reseñas entre líneas resulta muy revelador de las tensiones y negociaciones del campo literario.

¿Hay lugar para nuevos críticos a partir de la reseña?

La reseña es un ejercicio puntual y específico que puede servir de práctica para proyectos más largos y ambiciosos. La pregunta infiere, me parece, que la reseña puede ser un punto de partida para una carrera en la crítica, lo que se me hace más relevante en el ámbito periodístico. Preguntarse si alguien puede lanzar su carrera a partir de un trabajo como reseñista implica cuestiones de visibilidad, de continuidad, la posibilidad de abrirse un espacio en un campo cultural. Quizá también implique cultivar una personalidad reconocible como crítico/a. Creo que aquí es cuando se vuelve delicada la cuestión. Las mejores reseñas no pierden de vista que la obra reseñada es la protagonista del texto, sin importar si el balance del comentario es positivo o negativo. La reseña pierde credibilidad cuando se utiliza consistentemente para cultivar la personalidad pública del reseñista. Entonces mi respuesta sería que sí, hay lugar para nuevos críticos a partir de la reseña, siempre y cuando se considere siempre como un punto de partida para otros proyectos y no de llegada.

¿Cuál es la relación de la crítica literaria con los hábitos sociales actuales?

La respuesta idealista sería que la crítica es un hábito social, y que la crítica literaria es sólo un subgénero de un hábito social que se ejerce más ampliamente. Formar parte de una ciudadanía informada y activa implica desarrollar una mirada crítica ante todo uso del lenguaje, sea ante una obra «claramente» designada literatura como una novela, sea ante la prensa, la publicidad, diversas facetas de la cultura popular, etcétera. Dije respuesta idealista porque la realidad es que la crítica literaria, si la pensamos en el sentido más estrecho que es el que implica esta entrevista, es decir como actividad profesional, es un campo muy reducido y hasta endogámico. La crítica literaria se lee poco fuera de un núcleo estrecho de escritores, académicos y periodistas. Si nos sujetamos a esta definición estrecha de la crítica literaria, pues la respuesta sería que no tiene gran relación con hábitos sociales actuales (estoy interpretando el término como prácticas culturales). Pero si pensamos en la crítica literaria como una actividad más amplia que conlleva creatividad, sensibilidad, atención al detalle, capacidad de síntesis y de análisis, y sobretodo, una voluntad constante de cuestionamiento, pues tiene mucho que aportar más allá de su núcleo habitual.

Ante la percepción de la crisis de los géneros literarios como denominación, ¿cuál es la función de la crítica?

Me parece que los géneros literarios siempre han estado en crisis, es parte de su naturaleza. Y si la crisis es algo constante, pues entonces no hay crisis, ¿verdad? Es una respuesta algo cantinflesca, pero creo que si se puede hablar de algo tan simplista como la «función» de la literatura, sería justamente generar un constante estado de cuestionamiento y de duda. La función de la crítica va de la mano de esa regeneración que supone la literatura, son prácticas interconectadas que se nutren mutuamente.

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Viviane Mahieux es profesora asociada de literatura latinoamericana en la Universidad de California, Irvine. Originaria de La Paz, B.C.S, cursó su licenciatura en la Universidad de California, Berkeley y su doctorado en la Universidad de Harvard. Es autora de Urban Chroniclers in Modern Latin America: The Shared Intimacy of Everyday Life (University of Texas Press, 2011), editora del volumen Una pequeña marquesa de Sade: crónicas selectas (1921-1948), la primera compilación de textos escritos por Cube Bonifant (UNAM/CONACULTA/Equilibrista, 2009), y co-editora, junto con Oswaldo Zavala, de Tierras de nadie: el norte en la narrativa mexicana contemporánea (Tierra Adentro 2012).

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