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De Huerta al Monterrosaurio y el twitter de Jaime Muñoz Vargas

bertha rivera

 

De Huerta al Monterrosaurio y el twitter de Jaime Muñoz Vargas: posibilidades de la brevedad

 

Bertha Rivera Fournier
Universidad Juárez del Estado de Durango

 

Lo primero que conocí de Efraín Huerta fueron dos libritos para niños y jóvenes: Alma mía de cocodrilo. Efraín Huerta para niños (Alas y raíces a los niños, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2000)1 y Piel de cocodrilo (SM, Colección Poesía e Infancia, 2004). Adquirí tarde su Poesía completa, en la ya clásica edición del Fondo de Cultura Económica (Colección Letras Mexicanas, 1995).

Hace unos meses comencé a releer su poesía formal, pero regresaba a los «poemínimos»2, esos chispazos de humor que surgieron como un mero ejercicio literario de un autor que terminó siendo, por su actitud política, uno de los más queridos; uno de los poetas que más reía, desde el humor sano hasta la ironía mordaz.3 Se me ocurrió –y no creo ser la única que Huerta podría, si viviera hoy o si el tuiter hubiera existido antes, haber sido tuitero. No cualquiera se llama a sí mismo y es llamado Gran Cocodrilo tras fundar el «cocodrilismo», al parecer –según Simón Otaola en Unos hombres (1950), en el capítulo que dedica a Huerta– porque el guanajuatense amaba «el desconcierto de las formas que bostezan como cocodrilos para escupir su aburrimiento. Por algo levanta la bandera del cocodrilismo en honor de esos seres, saurios o serios precursores del aburrimiento universal».

Esta «flamante posición ante la existencia. Nueva dimensión del sentimiento creador. Extraordinaria escuela de optimismo y alegría» (El Universal, 18 de junio de 2004), a la vez cocodrilátero y demencial organismo, consideró lanzar un manifiesto oponiéndose a toda clase de derrotismos y pesimismos «bien o mal organizados». Su boletín mensual –nombrado por Otaola– se llamaría También los cocodrilos tienen madre, y su frase distintiva sería «El hombre propone y el cocodrilo dispone». El cocodrilo, escribió Huerta, no era otro monstruo que el inconsciente, y el chiste de todo era discutir sobre la base del disparate; llegar al máximo de las contradicciones porque, como dice el refrán, «es de saurios cambiar de opinión». Así surgió un diálogo en la zapatería: «¿Tiene usted zapatos de cocodrilo? Sí, señor. ¿De qué número calza su cocodrilo?»; la idea de un saludo con las manos abriéndolas y cerrándolas como si fuesen «las cariñosas fauces del más fraternal de los cocodrilos»; darle a la vida un sentido específicamente cocodrilesco; crear el adverbio de modo «cocodrilescamente»; declarar que «más vale cocodrilo en mano, que ciento volando».

El ingenio del Gran Cocodrilo llegó hasta su crítica sobre cine (para ello conseguí los dos tomos de Close up. Crítica cinematográfica de Efraín Huerta, Universidad de Guanajuato/ Ediciones La Rana, 2010): propone crear la «Estética del Cocodrilo», de manera que sufriera el Indio Fernández; nulificar el Ariel y promover en su lugar los trofeos del «Cocodrilo», y convencer a Alejandro Galindo de que su última película se llamara Un cocodrilo de tantos. Desde su columna «Llamado a las siete», en Cinema Reporter, a la que Huerta se refería como sus meditaciones «desde la orilla de un tarro de negra», bromeaba sobre los artistas: «Como dice María Asúnsolo: La mujer que quiere a dos, no tiene mucho de dónde escoger», o sobre sus amigos: «Y cuando Pepe Revueltas paró un camión San Juanico y no se subía, el cobrador le dijo que qué pasaba, pues, y Revueltas le contestó: Sólo quería decirles que Pensil se escribe con ese…».

Efraín Huerta fue periodista desde 1936 hasta 1982, año de su muerte. Anécdotas, reflexiones, chistes, ironías, giros poéticos, declaraciones amorosas, transitaron por la sección «Close up de nuestro cine» de la Revista Mexicana de Cultura, suplemento del periódico El Nacional.

Partiendo de que Huerta, con su dominio del texto breve, irónico, divertido, podría ser un antecesor de escritores que han optado por las redes sociales y se encuentran en su medio cuando se trata del microrrelato o la hiperbrevedad, pensé en un amigo durangueño, bloguista y tuitero pertinaz: Jaime Muñoz Vargas.4

En la entrevista a la que he hecho referencia, Cristina Pacheco asocia con Efraín Huerta: Futbol y tinta. La mancuerna del periodismo y la poesía. Un ensayo sobre el tema, «Un deporte, unos escritores», aparece en Textos profanos (UNAM, Cuadernos de Humanidades II, 1978), donde Huerta en lugar de un proemio escribe un «proemito» y afirma que «queda lo callejero», pero también «la puntual puesta de sol, la inflexible aurora». Entonces, 1967, se vivía «el mejor de los infiernos posibles. Un infierno donde no pasa nada. Paz nocturnal, paz burocrática, para seguir escribiendo esos poemas que parecen novedosos, pero que ya se escribieron hace dos décadas […] Y allá abajo, en su Isla Negra, Pablo Neruda muerto de risa».

Pues bien, Jaime no es muy distinto. Futbol, box y tinta. Periodismo y literatura. Reflexión política. Editor, como lo fue Huerta de Cuadernos del cocodrilo.

En 2005, Muñoz Vargas estableció en la máxima de la Bauhaus: «Menos es más», la pauta para aplicar a los relatos breves, cuando escribe acerca del libro Microrrelatos, del argentino David Lagmanovich:

La emergencia reciente de un espécimen literario conocido indistintamente como microrrelato, cuento en miniatura, casicuento, minificción, brevísimo o minicuento, ha dado ya significativo pábulo a una reflexión crítica para tratar de asirlo. Como en casi todos los casos, se ha pasado de la práctica a la explicación, de la escritura de esas piezas narrativas al examen que permita entender su evolución y sus características. Aunque todavía escaso, el escudriñamiento de estos alfileres prosísticos ha comenzado ya a ofrecer resultados y no es arriesgado pensar que pronto hablaremos de este género (¿subgénero?) sin la sensación de andar sobre terreno movedizo.

La narración que elimina excesos y opta por la ultracondensación –quizá con un afán experimental– ha ganado cada vez más adeptos. Ahí está Felipe Garrido con sus cuentos hiperbreves, quien ha instituido en México la «estética del relámpago»; sin embargo, Jaime Muñoz decide valerse de la pieza emblemática del género: «El dinosaurio», de Monterroso, el cuento más breve del mundo y el que ha sido sujeto de la mayor cantidad de lecturas y paráfrasis, para construir su Monterrosaurio (2007). En el libro –aludo nuevamente a Huerta–, un saurio toma múltiples formas. Jaime Muñoz detalla en el prólogo una glosa de «El dinosaurio»: «origen, estructura y casualidades del cuento brevísimo por antonomasia de la literatura latinoamericana contemporánea».

Entre esas casualidades de una obra que el durangueño compara en fama con «El Aleph» y «Diles que no me maten», destaca el anhelo que algunos escritores de la talla de Ítalo Calvino5 expresan por la brevedad: «… sueño con inmensas cosmogonías, sagas y epopeyas encerradas en las dimensiones de un epigrama. En los tiempos cada vez más congestionados que nos aguardan, la necesidad de literatura deberá apuntar a la máxima concentración de la poesía y del pensamiento», frente a la tragedia del miniaturista que representa el propio Monterroso: «una fuerza recóndita, implacable, impide al escritor evadir la inflexible tiranía del punto conclusivo, como si este signo fuera una losa que gravita sobre la imaginación desde el mismísimo arranque de cada texto. No hay alegría, pues, en el autor de laconismos». (Muñoz Vargas, 2007)

El fracaso exitoso de «El dinosaurio» lleva a Jaime Muñoz a crear sus «monterrosaurias». La ecuación se reduce –explica– a colocar un verbo, a veces un artículo femenino singular y un sustantivo en los renglones vacíos. «El título (artículo y sustantivos, salvo en el caso de los nombres propios) es muy importante, ya que incide frontalmente en el significado de la pieza; en ocasiones amplía el sentido del espectador (el equivalente al sujeto que “despertó”) y en ocasiones a lo observado (el equivalente a “el dinosaurio”)».

He aquí algunos ejemplos:

EL CORRECTOR

Cuando enmendó, el gazapo todavía estaba allí.

EL DETECTIVE

Cuando llegó, el asesino todavía estaba allí.

DENEUVE

Cuando envejeció, la belleza todavía estaba allí.

EL INSACIABLE

Cuando terminó, el Kamasutra todavía estaba allí.

LA IMPOPULARIDAD

Cuando publicó, el anonimato todavía estaba allí.

EL PRI Cuando perdió, el sinvergüenza todavía estaba allí.

MÉXICO

Cuando empobreció, el FMI todavía estaba allí.

EL INCULPADO

Cuando negó, el Tehuacán6 todavía estaba allí.

EL POLÍTICO

Cuando prometió, el populismo todavía estaba allí.

EL CEREBRAL

Cuando razonó, la pasión todavía estaba allí.

EL MOTIVADOR

Cuando claudicó, el optimista todavía estaba allí.

EL DIVORCIO

Cuando terminó, la impotencia todavía estaba allí.

EL DESCARADO

Cuando plagió, el copyright todavía estaba allí.

EL PORTERO

Cuando reaccionó, el golazo todavía estaba allí.

BORGES

Cuando falleció, el otro Borges todavía estaba allí.

No olvidemos que Efraín Huerta también festejó a Augusto Monterroso con su «Monterroseana»: Cuando / Desperté / La / Putosauria / Todaviá / Estaba /Allí.

En 2011, Jaime Muñoz se aprestaba a ingresar al mundo de las redes sociales; en concreto, al Twitter. Entonces escribió en su blog: «Propongo un nuevo género literario: [..] Se trata de un relato que obviamente estará condenado a la brevedad, que no podrá escapar de la camisa de fuerza que le impone el reino Twitter».

Ese día había «subido» a la red: «Escribió mucho, publicó varios libros, pero ante la falta de lectores terminó mal: triste se resignó a escribir en un nidito llamado tuiter», tuit que no es autobiográfico, aunque lo parezca –aclaró. Su idea era que los textos escritos para Twitter se apegaran «con celo a una forma, a un molde estricto, para añadirle un mínimo grado de dificultad a esto de escribir cuentos hiperbreves que, es verdad, no es difícil. Lo “difícil’’ será, en todo caso, y he allí mi propuesta, que abarque exactamente 140 caracteres con todo y los espacios y el punto final». Este desafío tuitero, el de escribir dentro de un microgénero, sería «que el ‘‘relato’’ ocupe todos los caracteres que permite el sistema, que insinúe una ‘‘historia’’ completa y que no acuse accidentes sintácticos que denoten trampa».

Dos años y dos mil trescientos ochenta y un seguidores más tarde (a la fecha), Muñoz decide rescatar algunos de sus también miles de tuits para hacer con ellos una «autoselección» y un libro breve, cínico, lúdico… aún inédito. El prólogo reza:

Así como algunos le sacan provecho al nopal, al baile reductivo, a la filatelia o a la bolsa de valores, yo siempre he tratado de hacer útil para mi escritura cualquier género y cualquier soporte. Si bien es cierto hay niveles de responsabilidad para cada texto, mi deseo permanente ha sido escribir con decoro todo lo que escribo. Un cuento, una novela, por ejemplo, recibirán tantas leídas que al final casi memorizo sus pausas, su aliento, esa especie de tono y de ritmo que se corresponden, creo, con mi modo de respiración. El resultado es lo de menos, pues sé que en todos los párrafos habré puesto todo lo que fue posible poner para que quedaran bien peinados.

Tuiter ha sido para mí, por ello, un laboratorio ambulante. Con descaro sin límite, allí he planteado muchísimos tuits como ejercicios de estilo, como práctica permanente del fraseo y la calistenia verbal y como espacio desenfadadamente lúdico. Gracias a esas grageas de 140 caracteres he puesto en práctica muchos ejercicios que me interesan en tanto géneros o en tanto tropos. He escrito allí microficciones, aforismos, epigramas, epitafios, telegramas, anuncios clasificados, periquetes, haikús, chistes, anécdotas, frases célebres, greguerías, albures, falsificaciones y todo lo que puede caber en un corsé de 140 varillas.

Esos textos, asimismo, han errado por todos los tropos que he sido capaz de explorar: metáforas, metonimias, ironías, paradojas, hipérbatos, hipálages, símiles, calambures y demás figuras que a veces ni yo soy capaz de explicar desde el punto de vista de la retórica. Lo único que tengo claro es que la intuición me guía, que siempre sé que debo colocar un latido debajo de las palabras para que comuniquen un poco de vida a quien las lee.

[…] al descubrir tuiter –algo tarde, en mayo de 2011– advertí que es un molde exacto, diabólicamente inventado para la creación concisa y por tanto útil en este tiempo de vértigo.

Elijo de entre sus ejemplos, el poemínimo: «Nació / En Silao. / 1914. / Autor / De versos / De contenido / Social». / Embustero / Larousse. / Yo sólo / Escribo / Versos / De contenido / Sexual.

No es posible concluir sin un tuit de Muñoz Vargas: «Sí, es un tuit, un humilde texto que nadie recordará dentro de media hora, pero de todos modos me gusta que a la calle salga bien peinadito».

Aclaro que antes de Jaime y muchos, muchos escritores más, existió un hombre con piel de cocodrilo que dejó una huella indeleble en frases de menos de ciento cuarenta caracteres: «Ahorita vengo, voy a dar un paseo alrededor de mi vida. Ya regresé».

NOTAS

1Entonces no tenía idea de que la frase «Alma mía de cocodrilo» formaba parte del «Manifiesto Nalgaísta» escrito por Huerta, por ejemplo.

2El primero de los cuales, según relata el mismo Huerta a Cristina Pacheco en una entrevista de 1978, fue «Mansa hipérbole»: «(Los “poemínimos”) Nacieron en el coche de Thelma (Nava). Íbamos a San Felipe Torresmochas, a la inauguración de una escuela que iba a llevar el nombre de Margarita Paz Paredes… y allí se me ocurrió… Los lunes, los miércoles y viernes / Soy un indigente sexual; / Lo mismo que los martes, / Los jueves y los sábados. // Los domingos descanso. Los poemínimos son chispazos…».

3Carlos Montemayor. «Notas sobre la poesía de Efraín Huerta» en Casa del Tiempo, enero-febrero de 1982.

4JAIME MUÑOZ nació en Gómez Palacio, Durango, en 1964. Vive en Torreón, Coahuila, donde recién concluyó su labor al frente del Instituto Municipal de Cultura. Entre otros libros, ha publicado El principio del terror, Juegos de amor y malquerencia, Pálpito de la sierra tarahumara, El augurio de la lumbre, Tientos y mediciones, Miscelánea de productos textuales, Las manos del tahúr, Polvo somos y Ojos en la sombra; algunos de sus microrrelatos fueron incluidos en la antología La otra mirada (Palencia, España, 2005). Ha ganado los premios nacionales de Narrativa Joven (1989), de novela Jorge Ibargüengoitia (2001), de cuento de San Luis Potosí (2005), de narrativa Gerardo Cornejo (2005) y de novela Rafael Ramírez Heredia (2009). Escribe el blog Ruta Norte Laguna: rutanortelaguna.blogspot.mx

5Seis propuestas para el próximo milenio, Siruela, Madrid, 1989, p. 64.

En México, marca de un agua mineral extremadamente gaseosa. Herramienta de trabajo de muchos torturadores bestiales (valga el pleonasmo)». Nota del autor, que en Monterrosaurio incluye el inventado por un amigo: «Cuando despertó, Nicole Kidman todavía estaba allí».

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