Criticar la crítica/De ida y vuelta/Entrevista

Crítica, teoría y literatura: de ida y vuelta | Entrevista con Sergio Villalobos-Ruminott

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¿Qué territorio podríamos pensar que se encuentra entre la filosofía, la política y el activismo? Si dijéramos que la respuesta se encuentra en el pensamiento crítico, el trabajo de Sergio Villalobos-Ruminott nos sería de gran ayuda para comprender el impacto que tiene el diálogo filosofía/política al analizar la situación histórica y actual de América Latina, así como de sus producciones culturales y sus reacciones sociales dentro de un esquema que va más allá de lo regional. Con un gran enfoque en la aparición de su último libro Soberanías en suspenso, Frontal platicó con este pensador latinoamericano, profesor de la Universidad de Arkansas, sobre literatura, filosofía y política y su papel dentro de las dinámicas latinoamericanas contemporáneas.

Lo que me interesa particularmente a mí es contar la historia de otro campo intelectual que no es ese, contar la historia de un campo intelectual que es más teórico, crítico, literario, visual, cinemático y poético, y que no comparte esos criterios ni tampoco el optimismo de la transición, de la sociedad civil ni de la globalización o la democracia post-golpe. Es un campo mucho más crítico-negativo en el sentido adorniano de la palabra, el del intelectual negativo, que está abierto (a más investigaciones) con desarrollos contemporáneos de campos intelectuales latinoamericanos que no son oficiales tampoco.

Por Bruno Ríos

Para comenzar, me gustaría preguntarte ¿cuáles son tus intereses teóricos y críticos actuales y qué sigue después de este nuevo libro Soberanías en suspenso; imaginación y violencia en América Latina?

En general mis intereses teóricos y críticos tienen que ver con las formas históricas de la imaginación, y cuando digo esto me refiero a formas de pensamiento, pero también, a su vez, a formas prácticas como estéticas, visuales, poéticas, literarias, movimientos sociales, prácticas políticas, entre otras, que están relacionadas con América Latina en primer término, pero también que participen en un debate más global y general, con un cierto diagnóstico respecto al estado actual del pensamiento contemporáneo.

En función de eso, Soberanías en suspenso es un proyecto de tres libros, de los cuales este que mencionas es el primero. Dentro de sus posturas fundamentales está el develar el tipo de debate que se da en Chile y que, por extensión, de una u otra forma también se repite en otros países de América Latina.

El segundo volumen parte de un concepto más filosófico. Tengo la intención de que se llame El vértigo de la inmanencia, que por cierto es una frase maravillosa con la que Agamben describe el trabajo de Deleuze, y donde lo que trato de mostrar es la dislocación entre filosofía y política. Esto sucede en el momento en el que trato de desautorizar a la filosofía como un discurso maestro mediante el cual uno podría interpelar la política. Lo hago para mostrar que a pesar de la filosofía, la política sigue ocurriendo. En ese sentido, reviso un poco la escena contemporánea, que yo llamo filosofías del acontecimiento de manera crítica, y en el que termino con la figura de Derrida pero leído, precisamente ya no en términos disciplinarios ancestrales, sino desde esta contingencia.

Y finalmente el tercer tomo es un libro sobre guerra y soberanía, que está básicamente estructurado en torno a la relación de configuración soberana del Estado Nacional Latinoamericano a partir de los procesos de guerra y pacificación interna e internacional que sucedieron en el siglo XIX y XX; y en el cual desmonto los mitos clásicos del liberalismo historiográfico del marxismo, donde el concepto de revolución y de pacificación, que son los dos grandes mitos – el primero de la teoría marxista convencional, y el segundo del liberalismo – quedan desplazados. Esto sucede a partir de una interrogación distinta de procesos de metamorfosis. Además de todo esto, estoy terminando un libro sobre Marxismo latinoamericano en el cual el interés no es dar cuenta de un archivo, sino de retomar una cierta problematicidad, que más que el marxismo, son esos marxistas los que habrían dado cuenta de una cierta diferencia, de una cierta condición salvaje de lo histórico con respecto a la condición marxista.

Me gustaría que ahondaras un poco en lo que nos hablaste en tu conferencia, es decir, ¿qué pasa con la soberanía en el estado de excepción que genera el Golpe de Estado en Chile? ¿Cómo interactúa lo que sucede en Chile con la dinámica latinoamericana?

La lectura convencional sobre el proceso chileno es que el golpe de estado suspende, o rompe: termina con un proyecto histórico que es el de la unidad popular e instaura un régimen soberano absoluto. La especificidad de ese régimen soberano absoluto es que es una disolución soberana de la soberanía. Y digo soberana porque es la típica concepción del estado excepcional de Carl Schmitt, la cual hace la diferencia entre dictaduras señoriales que son momentáneas y que restituyen el orden, y dictaduras soberanas que son las que refuncionalizan o rescriben la constitución.

El régimen chileno es específicamente soberano en el sentido en que inventa una nueva institucionalidad, responde al país; pero disuelve los términos de la soberanía clásica, porque lo que hace rigurosamente es que realiza la transición desde el Estado Nacional como sujeto de la historia al mercado global neoliberal. Se produce una metamorfosis de la soberanía, la cual la lleva como dispositivo conceptual a su límite. Si esto es así, entonces el golpe de estado chileno inaugura una epocalidad distinta latinoamericana, una epocalidad que ya no está regida por el contrato social popular, y por lo tanto tampoco por los términos del Estado Nacional y su complejo identitario criollo. Nos expuso, entonces, hacia una exterioridad que convencionalmente llamamos globalización, y en esa expulsión hace que los problemas políticos contemporáneos latinoamericanos sean problemas de orden global que ya no pueden ser de carácter local o regional. Por lo tanto, desbarata la especificidad de los estudios de área, clásicamente entendidos.

¿Y qué pasa con la poesía dentro de este mismo esquema?

Es un debate interesante, ya que existe, como discutíamos, una suerte de agotamiento interno de una poética, identificada con un boom de la especificidad lingüística. Una especie de gran arco histórico dentro del cual podríamos poner como momento inaugural relativo a la poesía fundacional de Bello, al Canto de Junín (Victoria de Junín. Canto a Bolívar deJosé Joaquín Olmedo), que constituye a la poesía como un especie de mito republicano, y que termina de una u otra forma con el Canto General de Neruda o con Hombres de maíz de Miguel Ángel Asturias. Son poéticas entonces que terminan por ser mitopoéticas, es decir, que encarnan una cierta filosofía de la historia. Y sin embargo, en ese mismo arco proliferan una serie de escrituras paganas, escrituras que no pueden identificarse como parte del long poem o del gran poema latinoamericano, desde López Velarde hasta Vallejo, o desde Gelman hasta los Neobarrocos. La poética, en ese sentido, es una digresión con respecto de la filosofía de la historia. Lo que me interesa es investigar la forma en que, en la práctica poética contemporánea, se produce un concepto de poesía que no es ni transferible ni traducible al concepto clásico de la humanidad.

Entonces, ¿cómo lees el diálogo latinoamericano desde la crítica que ahora comienza a darse cada vez más después del golpe, es decir, la crítica que se hace desde Chile hacia Latinoamérica, y desde Latinoamérica hacia Chile, viendo las consecuencias del golpe y ahora, del post-golpe?

Durante mucho tiempo el campo chileno funcionó como un campo autorreferencial, porque por un lado tenía la calidad y el talento de mucha gente que tenía ganas de pensar el trauma histórico del golpe de Estado y la dictadura, y de pensar ahí las claves de la democracia regional. Eso produjo, por un lado, un proceso bastante interesante porque creó generaciones de intelectuales en el exilio, o varias organizaciones no gubernamentales, porque por otro lado el golpe fue también la censura y el cierre de las humanidades y las ciencias sociales. Eso generó, de alguna otra forma, una generación brillante de sociólogos que son los que yo llamo transitólogos, que definieron no sólo la transición democrática sino también la teoría de la modernidad tardía. Y eso se empalmó fundamentalmente con la teoría de la modernidad heterogénea, de la cultura híbrida, y que además sucedió a nivel latinoamericano. Esto corresponde también con la tradición de los cultural studies norteamericanos.

Lo que me interesa particularmente es contar la historia de otro campo intelectual que no es ese, contar la historia de un campo intelectual que es más teórico, crítico, literario, visual, cinemático y poético, y que no comparte esos criterios ni tampoco el optimismo de la transición, de la sociedad civil ni de la globalización o la democracia post-golpe. Es un campo mucho más crítico-negativo en el sentido adorniano de la palabra, el del intelectual negativo, que está abierto (a más investigaciones) con desarrollos contemporáneos de campos intelectuales latinoamericanos que no son oficiales tampoco.

Finalmente, ¿cómo podemos pensar en un pensamiento crítico que vaya más allá de la explicación y la interpretación en general, y cómo influye a este pensamiento el hecho de poder ver y estar desde la distancia?

Si te refieres a la distancia de estar desde acá (los Estados Unidos) hacia allá, de partida yo estoy totalmente en contra de la idea mística identitaria de exclusividad del lugar de habla. Con el que, por cierto, muy legítimamente muchos latinoamericanistas se defienden de la producción de saber norteamericana, “nosotros hablamos desde acá, desde la cosa misma”. Eso me parece flojo como argumento, respetable pero flojo, porque eso es lo que se llama una especia de neorealismo identitario. Yo creo que lo que está en juego hoy en día por primera vez, más allá de las diferencias geográficas de los latinoamericanos que están en Estados Unidos y en América Latina, es la necesidad de pensar la región en términos globales, y la necesidad de pensar políticamente. Por primera vez nos encontramos con que todo un aparataje conceptual teórico que supuestamente se produce en la academia norteamericana  ya no sirve, ni en la academia norteamericana ni América Latina, ni en Asia ni en África para explicar la especificidad de los problemas históricos. Eso nos deja en una situación a la que yo llamo «interregno» académico-intelectual, en donde lo que se requiere es lo que Rosenzweig llamaría «nuevo pensamiento», que nunca debe ser el ejercicio de un intelectual sino la práctica efectiva de colectivos, de grupos, porque la inteligencia no es un asunto privado, es siempre una articulación. Estamos en un momento difícil, delicado, pero más que llorar por lo que perdimos, más bien lo que habría que hacer es confrontar, en esa pérdida, las posibilidades que tenemos, que es inventar todo de nuevo.

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Sergio Villalobos-Ruminott es profesor de estudios latinoamericanos en la Universidad de Arkansas, Fayetteville, ha publicado recientemente Soberanías en suspenso. Imaginación y violencia en América Latina (2013), La Cebra, Argentina, y se dedica a investigar las relaciones entre imaginación política, literaria, visual y cultural en América Latina.

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