Entrevista/Revisitar la crítica cinematográfica en México

Revisitar la crítica cinematográfica en México | Daniel Krauze

Daniel Krauze

Daniel Krauze

Por Ismael Lares

Desde las primeras entradas, Frontal se ha caracterizado por ser un espacio que privilegia la crítica. Queremos matizar aquellos temas que tanto nos provocan efusión, ya sea en un afán de establecer relaciones entre distintas disciplinas o como una pasión omnívora. Así, la crítica ha sido, para nosotros, una manera de conversar y establecer relaciones. La elección del cuestionario como método de acercamiento nos ha permitido conjugar una vocación por el descubrimiento. Este ejercicio pretende reunir a diferentes voces para continuar con el llamado a la crítica; a su práctica y seguimiento; a su perfeccionamiento y desarrollo,y, por qué no, a su denostación. Al final, la crítica es una apuesta. Y en Frontal nuestro deseo es continuar conversando en torno a este tema que no pocos desprecian, pero que resulta imprescindible para comprender el hecho estético de nuestro tiempo. Bienvenidos a una serie más de nuestra gaceta.

Entrar al terreno de la subjetividad, donde el gusto personal evidentemente se impone, implica que cualquier observación tiene validez, por más idiota que sea. ¿Cómo debates con un crítico cuando asegura que una película vale la pena porque es conmovedora/aterradora/simpatiquísima? ¿Qué le dices?

Es natural que todo proceder crítico tienda, sin importar el medio en que se realice, a preguntar por su identidad, su condición y modos de actuar. En este sentido, ¿cuál es el estado actual de la crítica cinematográfica en México?

Diría que es saludable en cantidad y relativamente pobre en calidad.

¿Cuáles son los principales ejes temáticos que ilustran las ideas de la crítica cinematográfica mexicana actual?

Creo que, en términos generales, en México se ejerce una crítica superficial. Se habla poco de cómo está narrada una película, de los recursos del director, para centrarnos en una suerte de:

a)   Subjetividad que no ayuda a entender los motivos por los cuales vale la pena una película sino simplemente a saber si al crítico en turno le gustó.

b)   Repaso de las virtudes y las fallas de la película en turno, como si la labor del crítico gravitara en torno a abordar cada departamento de la producción, desde la música hasta el vestuario, en vez de hablar de un par de cosas y hacerlo medianamente bien.

 ¿Crees que aún tienen validez del culto al autor cinematográfico y la defensa de una poética fílmica con respecto a otra?

Creo que son dos cosas distintas. No sé si el culto, pero creo que, hasta donde la subjetividad de la que hablé en la respuesta anterior va a favor y no en detrimento de la reseña, es natural que algunos críticos sientan afinidad por ciertos directores más que por otros. Eso no implica defender a capa y espada todo lo que hagan. O el caso inverso: ser incapaz de reconocer que un director al que no admiramos hizo algo notable.

Si por poética te refieres a estilo, sí estoy de acuerdo en criticar algo cuando no nos convence. Pienso en el cinema del caos, tan criticado por David Bordwell, y que en el blog de Letras Libres también hemos criticado ampliamente. ¿Por qué? Porque nos parece una forma perezosa, poco creativa y confusa de narrar en cine.

¿Es posible hablar de un canon a partir del cual se ha formado la crítica cinematográfica en México?

Seguro que sí, pero no lo conozco. Te puedo hablar de críticos de cine que admiro. A pesar de su amabilidad (y tienen que ser amables dada su línea), me parece que las reseñas de la revista Empire están bien escritas. Alonso Ruvalcaba, un crítico de cine mexicano al que admiro, me presentó a Bordwell. Leerlo cambió la manera en la que veo cine. En general me gustan las reseñas breves de Film Comment, aunque prefiero sus ensayos más extensos. Durante años disfruté los textos de Tom Carson en GQ y las reseñas de Anthony Lane en The New Yorker. Ahora me gustan menos. David Thomson tiene linda pluma. Creo que Matt Zoller Seitz es un crítico lúcido y poco pretencioso. Me gusta la gran mayoría de los libros/ensayos que ha publicado el BFI sobre películas específicas. Los de Mark Kermode son magníficos; el de Jaws también es fantástico. Me gustan porque abordan el cine como a mí me gusta hacerlo: con ayuda de imágenes y diálogos como referencias.

La crítica estadounidense cada vez me llama menos la atención, en gran medida porque no soporto que califiquen al cine poniéndolo sobre una báscula de moralidad. Basta ver el desmadre que desató The Wolf of Wall Street. Al final, por desgracia, de lo último que hablaron fue de la película. Esta tendencia es cada vez más clara en sus sitios de internet. Desde mi punto de vista, salvo Zoller Seitz, la mayoría de los críticos de Salon, Slate, Vulture (y demás) son malones. El videoensayo me parece un género muy rico, pero me temo que lo conozco poco.

Alguna vez leí que son pocas las revistas especializadas en cine que conjugan información, gusto y reflexión. En ese contexto, ¿qué tan vigente es apelar a estas tres características?

Son buenas características, aunque me gustaría saber en qué consisten esa reflexión y esa información. Insisto: a mí me interesa el análisis formal más que el subjetivo, precisamente porque en la pantalla hay elementos que no están a discusión. Desde un punto de vista enteramente formal, ¿Christopher Nolan sabe emplazar, editar y contar tan bien como, no sé, Steven Spielberg? Por supuesto que no. Y eso no depende del gusto de cada crítico sino de la pobreza de recursos en la obra de un autor y la riqueza del otro. Entrar al terreno de la subjetividad, donde el gusto personal evidentemente se impone, implica que cualquier observación tiene validez, por más idiota que sea. ¿Cómo debates con un crítico cuando asegura que una película vale la pena porque es conmovedora/aterradora/simpatiquísima? ¿Qué le dices? ¿«A mí no me pareció conmovedora/aterradora/simpatiquísima»? Y de ahí, ¿adónde se va la discusión? A mí me gusta, a ti no… ¡y punto! No hay más que decir.

Las filias y fobias personales son un punto de partida muy pobre para la crítica.

Si hablamos de una estética en particular, o bien, de la transformación económica e incluso tecnológica del cine, ¿cuál es tu posición con respecto a estos fenómenos desde la crítica que practicas?

Es una pregunta muy difícil de contestar. Francamente conozco poco de cómo el video altera (mejora o empeora) la calidad de la película que estamos viendo. Sí te puedo decir que, como explica Bret Easton Ellis en su podcast semanal, me entristece que ver películas en casa pueda acabar con verlas en el cine. Si esto ocurre, es evidente que se deberá a las nuevas tecnologías (iTunes, Netflix y demás). Me entristece porque nada se compara con ver una película en una sala oscura, con la pantalla gigante frente a ti, rodeado de desconocidos. Como dice Ellis, en el cine la película te controla a ti. No puedes ponerle pausa, no puedes guardarla para mañana: estás amarrado a su ritmo. Y te apuesto a que así la pensó su autor.

En términos formales, justo hoy Mauricio González, otro crítico mexicano que admiro, hablaba de cómo el video le ha quitado algo de mérito al plano secuencia. Estoy seguro que en la transición de cine a video hay más cambios, negativos o positivos, como ese.

Actualmente, ¿se reflexiona acerca de la función crítica del cine mexicano? ¿Aún es posible hablar de una autoconciencia crítica?

No sé si se reflexiona sobre la función crítica del cine mexicano. O más bien: no sé si debamos reflexionar sobre eso. El cine como crítica me da pereza (pero esa es sólo mi opinión).

Eso no significa que no le prestemos atención a las pocas cintas mexicanas que valen la pena. En Letras Libres hemos dedicado largos textos a Heli, Post Tenebras Lux, Los Insólitos Peces Gato, Daniel y Ana y otras tantas. En la versión impresa, Fernanda Solórzano ha hablado mucho (y muy bien) de cine mexicano. Y sé que varios, dedicados críticos mexicanos le dan espacio al cine nacional en sus respectivos medios.

Se ha declarado en sendas ocasiones que la cinefilia (esa vida organizada alrededor de las películas), entendida como una forma peculiar de apropiación generacional, dejó de existir. ¿Compartes esta idea?

Comparto la misma idea que Ellis. La cinefilia se ha vuelto televifilia. El cine ha perdido fuerza dentro de la discusión global frente a la televisión. Ahora dedicamos textos y textos a desmenuzar Game of Thrones y demás, pero pocas películas acaparan ese calibre de atención: el año pasado, me parece que solo Blue is the Warmest Color y The Wolf of Wall Street lo lograron. Eso no significa que no haya cinéfilos o mezclas de cinéfilos y televífilos (acabo de inventar esa palabra; nunca la vuelvan a usar). El cine, como obsesión, como pasión, no se va a acabar nunca, lo veamos donde lo veamos.

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Daniel Krauze es escritor y crítico de cine. Nacido en México, DF, en 1982. Es autor de las colecciones de cuentos Cuervos (2007) y Fiebre (2010), ambas editadas por Editorial Planeta. En 2012, Fallas de Origen, su primera novela, ganó el primer premio Letras Nuevas. Es coeditor del sitio de internet de Letras Libres.

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