Entrevista/Revisitar la crítica cinematográfica en México

Revisitar la crítica cinematográfica en México | Ernesto Diezmartínez

Ernesto Diezmartínez. Foto: El Debate.

Ernesto Diezmartínez. Foto: El Debate.

Este ejercicio reúne a diferentes voces de la crítica cinematográfica para continuar con el llamado al diálogo; a su práctica y seguimiento; a su perfeccionamiento y desarrollo. Al final, la crítica es una apuesta. Y en Frontal nuestro deseo es continuar conversando en torno a este tema que no pocos desprecian, pero que resulta imprescindible para comprender el hecho estético de nuestro tiempo.

El espacio que se le da a la crítica de cine en los diarios también es cada vez menor: en sus ediciones en papel, prácticamente son dos o tres los periódicos nacionales que todavía tienen críticos de cine entre sus colaboradores. Entonces, pues sí, la salud no es muy buena que digamos.

Por Ismael Lares

Es natural que todo proceder crítico tienda, sin importar el medio en que se realice, a preguntar por su identidad, su condición y modos de actuar. En este sentido, ¿cuál es el estado actual de la crítica cinematográfica en México?

Precario aunque, a decir verdad, si exceptuamos los años 60, cuando surgió el grupo Nuevo Cine, formado por críticos, cineastas y escritores, la precariedad ha sido el estado «normal» de la crítica de cine en México. En la actualidad, a excepción de Icónica, editada por la Cineteca Nacional, no hay una revista centrada en la crítica o el ensayo de cine. No tenemos el equivalente de la Film Comment, el Sight and Sound o las varias revistas españoles o argentinas de calidad que se siguen imprimiendo. El espacio que se le da a la crítica de cine en los diarios también es cada vez menor: en sus ediciones en papel, prácticamente son dos o tres los periódicos nacionales que todavía tienen críticos de cine entre sus colaboradores. Entonces, pues sí, la salud no es muy buena que digamos.

¿Crees que aún tienen validez el culto al autor cinematográfico, la defensa de una poética fílmica con respecto a otra, por ejemplo?

Por supuesto que es válido usar la teoría –que nunca fue teoría, pero en fin- del cine de autor para explicar una cinta. A menos que el crítico sea un formalista/aislacionista radical, es difícil no abrevar de la política del cine de autor para escribir de Woody Allen, Mike Leigh, Pedro Almodóvar, Martin Scorsese o Wes Anderson, por dar unos cuantos nombres. Ahora bien, tampoco es la única guía que puede usarse: el formalismo de Bordwell/Thompson puede ser otra herramienta valiosa y, por supuesto, las ideas que provienen de los estudios culturales tan de moda en las últimas décadas: que si el feminismo, el queer cinema, las lecturas sociopolíticas reflexivas –es decir, cómo tal filme refleja el estado de cosas en una sociedad específica-, sin olvidar el estudiar el cine como lo que también es, un producto industrial que puede obedecer –o romper– ciertas reglas de género. El crítico puede usar una sola o una combinación de todas estas lecturas, la que más se acomode a su propia visión del cine.

¿Es posible hablar de un canon a partir del cual se ha formado la crítica cinematográfica en México?

Bueno, creo que las figuras señeras e inevitables son las de Jorge Ayala Blanco y Emilio García Riera. Tengo la sensación que para mi generación, siempre fueron los ejemplos a seguir —o a evitar. Además, independientemente de lo que pensemos de ellos, ahí está su trabajo y su obra, a la que cualquier crítico de cine mexicano tiene que volver de vez en cuando, sea a la monumental Historia Documental de Cine Mexicano de García Riera –la edición original, me refiero– y, en el caso de Ayala Blanco, a La Aventura del Cine Mexicano, el mejor libro sobre cine que se haya escrito en México.

Y, bueno, antes que ellos está Luz Alba (cuyo nombre verdadero era aún mejor: Cube Bonifant), esa formidable crítica de cine de los años 30 que merece más reconocimento. Y en los 40-50, Efraín Huerta, claro está.

Si hablamos de una estética en particular, o bien, de la transformación económica e incluso tecnológica del cine, ¿cuál es tu posición con respecto a estos fenómenos desde la crítica que practicas?

No soy un ludita. Sí, claro, yo crecí en los grandes cines –esas «catedrales», como pomposamente las llaman a veces– con las funciones dobles, el intermedio y toda la cosa. Aún guardo recuerdos vívidos del estreno de Tiburón, Apocalipsis o ET y atesoro esos añejos ciclos de PECIME en los que pude ver, en pantalla grande, en mi niñez o adolescencia, filmes como Moby Dick, Tiempos Modernos o Duelo al Sol.

Los tiempos cambian: es cierto que el celuloide ha desaparecido, pero el cine no. El consumo de cine se ha transformado, se ha vuelto más individualizado, pero tampoco es para cortarse las venas. El advenimiento de la tecnología digital ha hecho que cualquiera pueda hacer cine –aunque no cualquier debería poder hacerlo– y que podamos ver casi todo lo queramos en cualquier momento –aunque acaso no cómo deberíamos: ¿alguien puede presumir que vio Lawrence de Arabia si la revisó en su computadora?

En fin, de todas formas, creo que las ventajas de las nuevas tecnologías son muy superiores a las desventajas, con todo y que no se me escapa el terrible dominio del blockbuster hollywoodense más pueril en las salas de cine comerciales. Pero, bueno, en la actualidad el cine no solo se ve en el cine. Y si me apuras, te diré que es probable que el mejor cine se vea cada vez menos en el cine.

Se ha declarado en sendas ocasiones que la cinefilia (esa vida organizada alrededor de las películas), entendida como una forma peculiar de apropiación generacional, dejó de existir. ¿Compartes esta idea?

En lo absoluto. Es más: no ha habido un mejor momento en la historia para ser cinéfilo. Puedes ver lo que sea donde sea cuando sea y casi –parafraseando a Resortes– por donde sea. Es decir, el cinéfilo adolescente de hoy tiene ahora mucho más acceso al cine del que yo tuve cuando era adolescente. Vamos, yo pude ver completar la obra de Hitchcock hasta cuando llegué a la Universidad, gracias a la aparición del VHS y eso me costó, además, buen dinero. En la actualidad, un chamaco, puede ser completista hitchcokiano –legal o ilegalmente, casi de manera gratuita– en unos cuantos clicks.

Otra cosa: la conversación alrededor del cine –y, claro, también de las series de televisión– puede ser más rica ahora gracias a las redes sociales, sin olvidar la infinidad de blogs –de críticos de cine profesionales y/o cinéfilos entusiasmados– que hay en la red, además de multitud de ensayos o libros. El cine y la cinefilia están más vivos que nunca: solo hay que ver en la dirección correcta.

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Ernesto Diezmartínez nació en Culiacán, Sinaloa, México, en 1966. Escribe sobre cine de manera ininterrumpida en diversos diarios y revistas desde finales de los años 80. Publica su propia columna especializada en la materia en el diario mexicano Reforma desde 1995 y desde hace más de 20 años en el periódico sinaloense Noroeste. Sus textos pueden leerse también en el blog Cine Vértigo. Es miembro de FIPRESCI y colaborador del sitio estadounidense CriticWire, de IndieWire. Ha sido jurado en distintos festivales nacionales e internacionales. El libro Vértigo: veinte años de crítica cinematográfica, publicado en diciembre de 2009, recoge una antología de sus textos críticos.

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