Correspondencia/De ida y vuelta

¿Para qué aún la reseña? | Correspondencia: Guillermo Espinosa Estrada y Jorge Téllez

 

A contracorriente de quienes piensan que la reseña es una suerte de reliquia anacrónica, en Frontal nos interesa plantear puntos de inflexión que permitan sacudir prejuicios y oxigenar el debate, más que sólo hacer apología del ejercicio crítico por medio de la reseña literaria. Como una de las maneras que hemos encontrado para generar diálogo ha sido la de recurrir a las reflexiones de críticos ya importantes en nuestro campo literario, en esta ocasión, Jorge Téllez y Guillermo Espinosa Estrada se cuestionan sobre papel de los escritores de reseñas y sobre el lugar de la reseña en los nuevos canales de publicación, así como sobre el carácter no mercantil que debiera tener la crítica, y de la pertinencia y actualidad de la reseña, en este singular intercambio de opiniones que hoy publicamos.

 

7 de junio, 2014

Jorge Téllez

Estimado Guillermo:

Si te parece bien me gustaría empezar compartiendo una impresión que tengo: que hay cierta ansiedad por reseñarlo todo. Este género relativamente nuevo de la reseña pareciera incluir, al menos en México, cualquier cosa, desde libros hasta series de televisión, pasando por restaurantes, conciertos, festivales, como si se le concediera cada vez más importancia a quien reseña y al acto de reseñar, que al asunto del que se da noticia: «acabo de tomar un té, esperen una reseña en el suplemento cultural del domingo». Si hay algo de verdad en esto, ¿qué hay de atractivo en escribir y publicar reseñas? ¿Para quién se escribe?

9 de junio, 2014

Guillermo Espinosa Estrada

Qué tal Jorge:

Gracias por iniciar el intercambio. No lo había pensado así pero ahora que lo hago creo que tienes razón. Existe una tendencia al comentarismo, a proferir opiniones de forma generalizada que tiene en las redes sociales, en los blogs y, en general, en internet un espacio idóneo: aquí se combinan de forma natural la facilidad de publicación con la exhibición del ego, dos elementos que podrían explicar la superproducción de comentarios que tu señalas. Aun así no me desagrada el fenómeno, prefiero vivir en un contexto donde todos puedan expresar su opinión –aunque ésta pueda resultarme cuestionable o abundante–, antes que volver a un esquema donde sólo una élite puede tener acceso a los medios de publicación.

Ahora, el problema que yo veo con las reseñas en tiempos recientes no es su profusión, es más bien su colaboración con el mercado. ¿No tienes la impresión de que muchos colegas al reseñar libros, por poner un ejemplo, se llegan a comportar como agentes de ventas? ¡Y en la mayoría de los casos ni siquiera tienen el pretexto de cobrar comisión!: «Cuatro estrellas», «Pulgares arriba», «La novela del año», o esos adjetivos que derriten a los escritores –al mismo tiempo que entorpecen la reflexión–: «increíble», «maravillosa», «insuperable», etcétera.

¿Cuándo el crítico se convirtió en un puente entre el depósito y el consumidor? Desde este escenario trataré de responder a tus dos cuestionamientos iniciales: lo que me interesa de la reseña es intentar arrebatarle al libro algo que, al ser publicado, le es inherente: su naturaleza de mercancía. Leerlo hasta sus últimas consecuencias, discutir con él, complejizarlo (si se deja), y tratar de situarlo en una conversación política, antes que «validarlo» comercialmente. Por lo mismo creo que el reseñista escribe para todos pero principalmente para un lector dispuesto a discutir ideas; para uno que no se moleste si se cuenta el final de la novela, para uno que comprenda que el reseñista no aplaude o reprueba, más bien establece relaciones. ¿O tú qué opinas? ¿Para quién escribir reseñas? ¿Para qué? Más o menos estoy poniendo estas ideas en orden a la par en que las voy pensando, no había reflexionado mucho sobre esto antes.

10 de junio, 2014

Jorge Téllez

No quise aludir a la profusión de las reseñas, Guillermo –y mucho menos a que éstas deben permanecer en espacios privilegiados–, sino a la impresión de que la ansiedad de protagonismo hace que las reseñas parezcan ser sólo un pretexto para validar o realzar o subrayar la voz de quien las escribe. Creo que lo que digo tiene que ver con esa actitud de agente de ventas a la que te refieres, y que me recuerda un chiste de Los Simpson: «Yo, Krusty el payaso, apruebo este producto y/o servicio». Pensando en esto, y siguiendo tu idea de arrebatarle al libro su naturaleza mercantil, creo que valdría la pena hablar de crítica en los mismos términos en los que se habla de lectura, es decir, como una actividad, en primer lugar, personal e íntima, que después tiene muchas maneras de compartirse o de incluirse en la vida pública. Así, creo que uno escribe reseñas, en primer lugar, para sí mismo, para ordenar sus lecturas y para entenderlas de otra manera que diferencia la reacción que tenemos frente a un libro del diálogo que podemos tramar con él. La manera como se articula y comparte este diálogo es lo que me interesa de la crítica, o lo que creo que nos concierne a todos como público. Según esto, para mí, las reseñas se escriben para quienes quieren ir más allá de una calificación o un pleito por esa calificación, y en esto estoy de acuerdo contigo.

Me gustaría preguntarte entonces sobre las maneras en que un crítico puede construir ese discurso más allá del gusto y la validación. Siempre he pensado que una manera ideal de hacer crítica literaria incluye cierto nivel de especialización y metodología lectora. No creo que todos puedan escribir seriamente sobre todo; creo que es fácil distinguir, como primer filtro, a un crítico serio cuando sus textos parten de un sistema de lecturas evidente –pienso, a falta de otro ejemplo mejor, en un orden por géneros, temas, épocas o conceptos. Cuando es posible inferir qué es lo que le interesa a un crítico y qué es lo que sabe, entonces los desacuerdos pueden expresarse a nivel de argumentos y no de insultos e impresiones.

13 de junio, 2014

Guillermo Espinosa Estrada

Pues yo creo que sí, como tú dices, la reseña sería parte de la lectura, una de sus muchas etapas, ¿no? Y creo que es una de sus formas más generosas: es donde ésta se hace pública, dialoga, polemiza e incluso crea comunidad y logra compartir un acto tan íntimo con el de la lectura.

Coincido contigo cuando dices que el crítico escribe reseñas para sí mismo, para ordenar sus ideas, y creo que espera ser leído en esa manera: como el diario de lecturas de un entusiasta que decide hacer públicas sus opiniones. El crítico no es un árbitro, aunque muchos lectores quieran limitarlo a eso. Es un escritor y debe ser leído como tal, cuando se puede –y es que el lenguaje académico, que ha tomado por asalto el ejercicio de la crítica desde hace unas décadas, dificulta su lectura fuera del cubículo universitario.

Esto me lleva directamente al otro asunto: ¿cómo construye su discurso el crítico? Es un problema complejo, no sé si sea capaz de articular algo elocuente al respecto… pero de entrada pienso que debe construirlo en la misma manera en que lo hace un narrador, un poeta, un ensayista o cualquiera de sus colegas escritores. La «metodología lectora» y el «nivel de especialización» que tú mencionas construyen, sin duda, un lugar de enunciación válido y necesario. Pero a tus dos herramientas me gustaría añadir una práctica más, fundamental en el acto de la escritura: la obsesión. Entiendo la «obsesión» como una forma de «especialización» desordenada que también pone en práctica una «metodología lectora» caótica. Y es un recurso vital para cualquier escritor: los autores suelen ser unos neuróticos que se obsesionan con un solo problema y algo idéntico sucede con los buenos críticos, ¿no te parece?

Imaginemos que Rafael Lemus y Domínguez Michael reseñan Escritos para desocupados, de Vivian Abenshushan. Estoy casi seguro de que el primero lo encomiaría y el segundo lo desdeñaría, pero eso no tiene nada que ver con Abenshushan ni su libro. Habría que leer esas hipotéticas reseñas como parte del discurso que han ido articulando desde hace años Lemus y Domínguez, dos de los mejores escritores (así, «dos de los mejores escritores», sin apellidos ni adjetivos) en México hoy, para mí.

¿Qué opinas? ¿Me di a entender? ¿Crees que esta obsesión, que tan torpemente he intentado explicar, es válida en el arte de la reseña? ¿Coincides en que el crítico es un escritor y, por ende, la reseña un tipo de «género literario»?

Digo esto último principalmente por el tema de nuestra charla: ¿por qué aún la reseña? Es una pregunta similar, para mí, a por qué aún la novela, la crónica, el drama o cualquier otro género.

20 de junio, 2014

Jorge Téllez

Claro, a la pregunta de por qué aún la reseña es fácil responder: porque siguen existiendo libros y la reseña es, típicamente, una respuesta a eso. La dificultad, sin embargo, empieza cuando la consideramos, como propones, un género o ejercicio literario entre muchos otros.

Siguiendo esta idea que me gusta, además de hablar de lo que las reseñas hacen o dicen deberíamos también considerar otro aspecto, el de su construcción. Además de la obvia diferencia de estilo que hay entre críticos, ¿existe en la reseña actual una preocupación por la construcción del texto? ¿Podemos hablar de una o varias formas de la reseña, como sí se puede hacer con otros géneros? Hago estas preguntas para intentar explicarme características que no son propias de la reseña pero sí de los discursos alrededor de estos textos: el recelo, la burla, la condescendencia de los lectores hacia las reseñas y, en general, hacia un ente macabro y poco delineado al que se llama, sin distinción alguna, «la crítica». La primero que pienso tiene que ver con el medio elitista que mencionaste antes, con la publicación y la tarea de la crítica como un ejercicio de poder, reservado sólo a quienes tienen acceso a los medios. Esto, lo dijiste también, por fortuna ha cambiado gracias a las nuevas tecnologías, pero eso no implica que la estructura de poder haya cambiado, lo que implica sólo naturalmente que ese recelo hacia el poder tampoco ha desaparecido. Luego, pienso también, para volver a esto de la forma y la construcción de la reseña, que este género tiende hacia lo conservador, lo que puede explicarse de muchas maneras: por la concepción canónica y, por lo tanto, normativa de la literatura; por la falsa idea de que uno es lo que lee, uno de muchos ejemplos de mimetismo entre crítico y obra; por una cierta idea de superioridad del crítico sobre los escritores y los lectores, que privilegia lo que se dice –«la verdad»– y olvida preocuparse por cómo lo dice.

No me sorprende preguntarnos «por qué aún la reseña» en un ambiente donde estos textos se tratan de hablar del escritor (con nombre y lugar de nacimiento entre paréntesis), de la trama (porque ¿quién reseña poesía?), de si el libro gustó o satisfizo o no basado en cualquier tipo de criterio (argumentado o no) y listo.

Quizá sea un defecto mío como lector, pero la mayoría de las reseñas no me seducen, ni manipulan, ni me atraen, ni me cuestionan tanto como sí lo hacen la narrativa y la poesía. En mi caso, he decidido que esto pasa porque no hay en esas reseñas una preocupación por pensarse como algo más que una opinión argumentada. Yo no leo reseñas para saber lo que opina alguien, sino para encontrar una lectura posible de libros que he leído y de muchos más que no. Curiosamente, las mejores reseñas que recuerdo parten de una conciencia de estas ¿características? conservadoras del género y logran subvertirlas, pero eso sólo se logra si uno está consciente de que escribir es también un ejercicio al mismo tiempo estético y político. Para decirlo de otra manera: para mí, una buena reseña, además del tema del que habla, debe tratarse también de cómo escribir una reseña. Así, la crítica puede interpelar al crítico mismo, al autor o autora de la obra de la que se habla, al lector y al género mismo.

Me parece que la obsesión de la que hablas es perfectamente compatible con estas ideas, incluso necesaria para superar la concepción ancilar de estos textos y, entonces, pensarlos de una manera más amplia y justa.

25 de junio, 2014

Guillermo Espinosa Estrada

Una taxonomía de la reseña, ese sería un ejercicio interesante y prometedor. Por desgracia me siento incapaz de hacerlo, aunque me surgen algunas ideas a bote pronto: la reseña informativa, por llamarla de alguna manera; la reseña epistolar, que Francisco Serratos nos ha recordado recientemente; la reseña crónica, que entrevista al autor y por ahí se acerca a su trabajo, y la reseña ficción, que con tanto tino ejercieron Borges y Lem, entre otros. Seguramente hay muchas más, y todas ellas tendrán sus buenos y pésimos practicantes, como todo. Por lo mismo creo que sí existe, al menos entre algunos escritores, una preocupación por la construcción de la reseña (asunto que se complica, de nuevo, por el mercado: cuando se tiene una fecha de entrega es difícil intentar un «Acercamiento a Almotásim» en cada colaboración).

A mí también, como a ti, me seduce más la poesía y la narrativa por lo general, mas no siempre. Aquí nos acercamos al caprichoso terreno de las preferencias, pero con Cortázar me ocurre algo curioso: no concibo volver a sus cuentos y novelas y, al mismo tiempo, disfruto de su Obra crítica. En fin, todo lo anterior surge sólo para plantear, una vez más, que las reseñas no son textos «ancilares», como muy bien dijiste, y que deben repensarse de una manera más amplia. Ahora, ¿cuál es esta manera?, ¿cómo hay que hacerlo? No lo sé de momento, pero creo que aquí hemos mencionado cosas que, al menos a mí, me ayudarían a repensar el género. ¿Tú qué opinas? Tal vez deberíamos ir esbozando algunas conclusiones.

2 de julio, 2014

Jorge Téllez

Sospecho que, como siempre que uno se pone a hablar sobre literatura, la conclusión es que no hay conclusión posible. Sin embargo, hay algo que no hemos dicho que puede quedar bien en estas líneas finales: la reseña como reflejo de una circunstancia. Se tiende a hablar de la crítica en revistas y periódicos como un género estable y uniforme, cuando en realidad cada lectura es resultado de circunstancias particulares. Todo esto suena absurdo, pero basta con escuchar y leer la manera en que se habla de las reseñas para cuestionar la idea de que todos estos textos son iguales. A nadie se le ocurriría pensar en la palabra «novela» como una construcción predeterminada, pero con la reseña y la crítica eso sucede con mucha frecuencia. Allí es donde la pregunta de esta charla tiene más sentido: la reseña como un ejemplo de los muchos caminos de la crítica, como una manera de leer que es, al mismo tiempo, muchas maneras.

7 de julio, 2014

Guillermo Espinosa Estrada

Yo te agradezco el intercambio. Como suele suceder, sólo terminé de tener claras algunas de mis ideas después de ponerlas por escrito. Y me llevo aquello de «la reseña como reflejo de una circunstancia», principalmente porque se acopla a otra de las ideas esbozadas: la reseña como un género literario muy cercano a la correspondencia, el diario, la crónica, el ensayo y que, incluso, coquetea eficazmente con la ficción. Cuando tenemos claro lo anterior es fácil detectar la «reseña-publicidad» (por bautizar el tipo de texto que «promociona» un producto), así como la «reseña-aplauso/reprobación», sus formas bastardas. La reseña surge de la lectura, se concreta en la escritura y aspira a discutir, polemizar, problematizar, así como a proyectar una visión del mundo. El que escribe una reseña es un escritor y debe entender su trabajo como parte de su obra, no como un apéndice de la «verdadera» literatura.

 _________

Jorge Téllez es doctor en Literatura Hispánica por el Colegio de México. Colabora frecuentemente en la versión impresa de la revista Letras Libres y en la versión electrónica con el blog El Grafólego. Actualmente cursa el programa de escritura creativa en la Universidad de Nueva York, donde también da clases de español.

Guillermo Espinosa Estrada es doctor en Literatura Hispánica por Boston University. Su tema de investigación es el humor y sus funciones políticas en la literatura latinoamericana del siglo XX. Actualmente es profesor de cátedra en la Maestría de Literatura Iberoamericana de la Universidad Iberoamericana-Puebla, en la Licenciatura en Literatura de la Universidad de las Américas-Puebla y en el Departamento de Estudios Humanísticos del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México. Ha sido becario de la Fundación para las Letras Mexicanas (2007-2009) en el área de ensayo literario. Ha publicado ensayos, artículos y reseñas en revistas como Letras libresNexosLuvinaCasa del tiempo y Tierra Adentro, entre otras. Su libro de ensayos La sonrisa de la desilusión fue publicado por Tumbona Ediciones a finales del 2011.

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