Criticar la crítica/Entrevista

Perspectivas de la crítica mexicana | entrevista con Armando González Torres

Armando González Torres

Armando González Torres

Finalizamos este fecundo encuentro de perspectivas con la participación de Armando González Torres, ensayista y crítico con una sólida carrera literaria, sostenida por una obra lúcida, polígrafa, inserta en la más pura tradición intelectual. Esperamos que esta serie de entrevistas haya propuesto nuevos horizontes para el debate crítico de y sobre nuestra literatura.

La idea de un canon y una jerarquía de autores, la idea de continuidad intergeneracional de creadores y creaciones puede percibirse como una imposición para muchas naciones, grupos sociales o minorías que se han sentido perpetuamente desplazados de los centros de irradiación y prestigio intelectual. Sin embargo, partir del resentimiento (por más justo que sea) para apreciar la historia y las obras de la cultura es profundamente empobrecedor.

Por Roberto Bolaños Godoy

A propósito del reciente centenario de Octavio Paz, ¿cuál o cuáles deberían ser las formas o enfoques para leerlo críticamente hoy? ¿Es posible abordar a Paz y valorar su legado sin el filtro o el prejuicio ideológico? ¿O sería una manera ingenua de hacerlo?

Creo que con Octavio Paz, más allá de los gustos personales, estamos ante el autor más influyente en la literatura hispanoamericana del siglo pasado, pues ningún otro tuvo un impacto similar tanto en el terreno del arte como en el de las ideas. Por supuesto con autores como Juan Ramón Jiménez, Pablo Neruda o Rafael Alberti, podríamos decir que el idioma español canta y con autores como José Ortega y Gasset podríamos decir que el idioma español piensa, pero acaso con nadie más que con Octavio Paz, el idioma español intenta cantar y pensar simultáneamente. Con Paz, la mirada poética se convierte en una perspectiva intelectual de largo alcance que no solo nombra, sino que también analiza el mundo. La lírica se vuelve una potencia crítica. Y esa potencia crítica se va a desplegar en las más diversas disciplinas, por lo que la opinión e influencia de Paz se van a extender en numerosos campos, desde la crítica literaria y de arte hasta la antropología o la ciencia política.

Si la industria académica es un indicador de la salud póstuma de un autor, la cantidad y variedad de trabajos sobre Paz y la diversidad de disciplinas de donde provienen hablarían de la profundidad y vigencia de su influencia. Acaso, la forma más fecunda de leer a Paz no es aislarlo de su contexto ideológico, ni de sus filias y sus fobias, sino, al contrario, tratando de entender verdaderamente la circunstancia en que desarrolló su creación y sus ideas, y en que adoptó sus posturas públicas.

En este sentido: ¿el debate literario es solamente estético o debería suponer una postura política? ¿Cómo afecta la militancia ideológica en la recepción de la literatura? ¿Son los binomios Paz-Revueltas y Paz-Huerta paradigmas sin solución para la crítica mexicana?

Ningún debate literario es químicamente puro y es natural que las posturas políticas de los autores y lectores influyan en la recepción de determinadas obras. Sin embargo, también es posible discernir los elementos determinantes en la valoración y dar la oportunidad a una intuición y apreciación literaria más desapegada de la circunstancia meramente ideológica.  La cuestión, creo yo, no es extirpar la política de la literatura, sino evitar que ésta obnubile o simplifique lo literario.

A partir de su experiencia con la publicación periódica de crítica en revistas literarias y suplementos, ¿qué opina sobre la distinción artificial que tanto tiempo existió sobre la crítica periodística y la crítica académica (ambas mutuamente escindidas y ninguneadas) y con respecto a los recientes atisbos de conciliación que comienzan a verse, sobre todo por el contacto con la crítica norteamericana?

Son formas del enfoque literario muy distintas tanto en su naturaleza como en su propósito; ambas tienen su espacio y su importancia. Quizá lo alarmante es la mutua incomprensión y desdén. Por supuesto, ha habido autores (como Antonio Alatorre) que podían practicar de manera ejemplar ambas formas de crítica. De ahí la importancia de más «centauros» de la crítica que puedan establecer una comunicación más fluida entre ambas formas.

El crítico Christopher Domínguez Michael suele relacionar a la crítica literaria (a la labor del crítico) con la de hacer historia de las ideas. ¿Pero qué tan cercana está la crítica de la historia intelectual?

Una de las formas más apasionantes de la crítica es cuando ésta deja de ser un mero acto de entrega de certificados de aptitud y observa la literatura junto con el devenir de las ideas y la cultura. Es un tipo de crítica muy difícil, pero estimulante. Por supuesto, no es la única y puede haber otros tipos de crítica muy ricos con enfoques menos ambiciosos y panorámicos pero que también iluminen aspectos específicos del hecho literario.

¿Qué tan actual o qué tan anacrónica es la crítica literaria que se escribe hoy en México?

El gran problema no es la crítica que se escribe, sino los espacios para encauzarla. Existen buenos críticos, y nuevas camadas de extraordinarios lectores, el gran problema es que ese vínculo que el crítico establecía con el lector común se ha perdido y tiende a sustituirse por la mercadotecnia.

¿A qué atribuye que palabras como «intelectual», «crítico», «tradición» o «canon», pesen tanto en nuestro medio literario, y se les vea de forma autoritaria a unas y se use de forma despectiva otras?

Creo que todas estas palabras pertenecen a una tradición que muchos estudiosos buscan demoler. La idea de un canon y una jerarquía de autores, la idea de continuidad intergeneracional de creadores y creaciones puede percibirse como una imposición para muchas naciones, grupos sociales o minorías que se han sentido perpetuamente desplazados de los centros de irradiación y prestigio intelectual. Sin embargo, partir del resentimiento (por más justo que sea) para apreciar la historia y las obras de la cultura es profundamente empobrecedor. Eso ha propiciado el fenómeno tan extendido de los críticos y artistas que, en lugar de los actos estéticos de «crear», «apreciar» y «valorar», cultivan primordialmente los actos políticos de «sospechar», «denunciar» e «intervenir», entre muchas otras barbaridades ideológicas.

¿Qué tan cierto es ese discurso apocalíptico sobre que la literatura mexicana (y la crítica) está en crisis?

No lo creo.

En su caso particular, ¿cómo dialogan o se complementan la faceta creadora y la faceta crítica? ¿Son o no indisociables?

Hay esa vieja consigna que señala que pensar bien es sentir bien. La inteligencia es parte fundamental del prodigio creativo y quien no es capaz de articular ideas probablemente tampoco sea capaz de articular emociones.

¿Cuáles son los críticos que más lo han influido en la forma de leer y acercarse a la literatura?

Cyril Conolly, George Steiner, Edmund Wilson, Octavio Paz, Gabriel Zaid, entre muchos otros.

Finalmente, ¿qué le falta a la crítica literaria mexicana?

Cuando a mí se me denomina crítico siento cierta incomodidad, pues no pretendo ser juez de nadie ni de nada, ni me dedico profesionalmente a esta actividad, ni tengo pretensiones académicas. Soy un escritor que ocasionalmente comenta libros (casi siempre libros viejos, por cierto) y que no se siente inmerso en las preguntas de la crítica como un gremio.

Con todo, creo que faltarían dos cosas: espacios para tener una mayor diversidad de voces y distancia y coraje para leer una tradición doméstica, que a menudo es demasiado complaciente y tiene muchos ídolos de barro.

_________________

Armando González Torres (ciudad de México, 1964) es poeta y ensayista. Estudió en El Colegio de México. Publica en numerosas revistas y suplementos culturales de México y el extranjero. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores. En 1995 ganó el Premio Nacional de Poesía Gilberto Owen; en 2001, el Premio Nacional de Ensayo Alfonso Reyes; en 2005, el Premio de Ensayo Jus 2005, Zaid a debate, y en 2008 el Premio Nacional de Ensayo José Revueltas.

Es autor de cinco libros de poesía: La conversación ortodoxa, La sed de los cadáveres, Los días prolijos, Teoría de la afrenta y La peste. Ha escrito cinco libros de ensayo: Las guerras culturales de Octavio Paz, ¡Que se mueran los intelectuales!, El crepúsculo de los clérigos, El sexo de los filósofos y La pequeña tradición. Asimismo, es autor del libro de aforismos Eso que ilumina el mundo.

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