Crítica de narrativa

Escribe de lo que sabes

predilectos

Jaime Mesa

Los predilectos

Alfaguara

2013

Por Atenea Cruz

Hace poco más de un año, me enteré de que en los Starbucks del país estaban regalando tarjetas para descargar gratis en la tienda de iTunes Rabia, la novela con la que Jaime Mesa debutó en 2011, publicada bajo el sello de Alfaguara, misma que fue un éxito comercial. No voy a detenerme aquí a hacer una reseña sobre dicha novela, baste con decir que me sorprendió gratamente la prosa de Mesa, cuyo tono me recordó al francés Michel Houellebecq y eso, por supuesto, era muy buena referencia. Así pues, cuando me enteré de la publicación de Los predilectos (Alfaguara, 2013) no pude menos que quedar a la expectativa.

La lectura de Los predilectos me dejó pensando en muchas cosas, la mayoría ajenas al texto en sí. Resulta curioso cómo a Mesa le sucede lo mismo que a sus personajes coprotagonistas: Konstantin y Dimitri, hermanos ucranianos miembros de una banda de rock cuyo primer álbum es un éxito. Bien sabido es que en la industria musical (como en la literaria), darse a conocer con una primera obra que guste a todo mundo pone la vara muy alta y suele desembocar en la maldición del segundo disco (que consiste en no superar el trabajo anterior). A diferencia de la mayoría de los lectores que quedaron mesmerizados con este texto de Mesa, a mí me quedó a deber.

El argumento es más sencillo de lo que la trama lo hace parecer: Scarlett Kunzen una mujer nacida en circunstancias privilegiadas, cuenta sus avatares en el sendero de los excesos: lo mismo en fiestas sexuales organizadas para contagiarse de VIH, que con algunas personalidades del mundo del espectáculo y el deporte; ambas experiencias la afectan en lo profundo y la llevan a meditar sobre cuál podría ser el sentido de la vida para quienes lo obtienen todo a una edad muy temprana, su angustia de no saber qué hacer con su vida durante el resto de su existencia. Pese a que, comparada con Rabia, esta novela arranque lenta y tarde en despegar, Jaime Mesa tiene a su favor una narrativa que engancha e invita a mantenerse a la espera de algún acontecimiento remarcable, sabe poner los indicios en la escena adecuada para disparar la imaginación del lector, que quiere descifrar la  siguiente acción de los protagonistas. Las descripciones del acto sexual, en especial en lo referido al plano emocional, están muy bien realizadas aunque, en contraste, muchos de los diálogos entre los personajes sean poco naturales y algunos pasajes medulares para la evolución de la historia y explicaciones se antojen simplonas y apresuradas. Resulta contradictorio que la protagonista se detenga a contar con parsimonia ciertos momentos más o menos relevantes, mientras otros que el lector necesita para completar la historia se descarten con algo parecido a la pereza: «Al final he optado por obviar los pasos primigenios de mi relación con él».

Si bien es cierto que puede apreciarse que Mesa ya tiene un estilo reconocible, fortalecido por la constancia y la disciplina, yo le encontré fallas que me parecen de principiante. La primera y más grave es que Scarlett Kunzen, la voz principal  de la novela, podrá ser mujer en teoría, pero en la práctica no está bien construida. Scarlett es una mujer que piensa, habla y describe como un hombre: «Lamió mis partes con una profundidad y delicadeza que me dio tiempo para que mi cerebro proyectara imágenes de la enfermedad desarrollándose en mí». Jamás en mi vida he escuchado a una mujer refiriéndose de esa manera a su vagina o su clítoris. Por desgracia, este tipo de apuntes se repiten de forma alternada con descripciones cursis a lo largo de la historia, como buscando equilibrar la visión masculina con el cliché de lo femenino. La de Kunzen, si se me permite aventurar el término, es una voz travestida.

Otra cosa que me resultó chocante de la voz de Scarlett es que pretenda mantenerse objetiva, desapegada y maliciosa desde el principio, pero ceda a la tentación del melodrama sin que el personaje haya evolucionado en esa dirección. La figura de la madre frustrada tratando de analizar su pasado para descifrarse a sí misma, pero que termina por convertirse en mero lamento, recuerda el tono trabajado por Lionel Shriver en We need to talk about Kevin y, por momentos, el de Margaret Mitchell en Lo que el viento se llevó, aunque Jaime nunca llega a desarrollar personajes tan humanos como las protagonistas de dichas novelas.

Ése es mi principal conflicto con Los predilectos: veo un tema atractivo, gran pericia narrativa, buen ritmo y frases memorables, sin embargo, no encuentro humanidad en el texto. A diferencia de las publicaciones en las que Jaime Mesa comparte sus observaciones del diario vivir, de su asombro como padre primerizo y las tribulaciones laborales, en esta novela hay mucha pirotecnia que al final nos abandona en medio de una oscuridad deslucida. Engolosinado con la ficción, Mesa deja de lado el sustento de la literatura destinada a permanecer: la vida.

Cuando terminé de leer Los predilectos no pude evitar acordarme de mi experiencia con Haruki Murakami: la primera novela que leí (Sputnik, mi amor) me encantó, la segunda (Tokio Blues) no estuvo mal, la tercera fue pan con lo mismo (Al sur de la frontera, al oeste del sol) y la cuarta (Crónica del pájaro que da cuerda al mundo) me hizo sentir que había perdido horas de mi juventud en una historia llena de rodeos que no llevaban a ningún lado. Quiero pensar que alguien que es conocido por ser discípulo de Daniel Sada puede encontrar más adjetivos para describir la belleza, además de «hermoso». Si de algo estoy segura es que puede hacerlo mejor y espero, con toda mi alma, que,por su propio bien Mesa no se convierta en el Murakami mexicano.

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Atenea Cruz (1984, Durango) es escritora. Cursó la Licenciatura en Letras en la UAZ. Sobrevivió un tiempo haciendo corrección de estilo, ahora da clases de lengua y literatura. Ha impartido talleres infantiles de invitación la lectura y ha sido cuentacuentos. Poemas y cuentos de su autoría han sido incluidos en diversas antologías y publicaciones de orden local y nacional. Ha publicado los libros de cuentos Crónicas de la desolación (2002) y La Soledad es una puta (2005), así como los poemarios Diario de una mujer de ojos grises (2009) y Suite de las fieras (2013), este último fue merecedor del Premio de Poesía Beatriz Quiñones 2012. También ha obtenido el Premio Estatal de Cuento María Elvira Bermúdez 2002. Y en 2013 fue becaria del PECDAZ (Zacatecas) en la categoría de novela. Twitter: @ateneacruz

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2 pensamientos en “Escribe de lo que sabes

  1. Hola Atenea!

    Tienes razón: la creación de los personajes es una de las tareas más complejas para el escritor, pues los debe dotar de eso, de una personalidad que los caracterice a lo largo de la historia, además que los haga ser fieles a sí mismos.

    Otro problema, si es que puede clasificarse como tal, es el equilibrio entre la narración de los hechos y el relato psicológico, pues en la pretensión de crear profundidad se puede llegar a una especie de “psicologismo” que trunque la intención (y que al final termina siendo chocante). Me parece, por ejemplo, que Almudena Grandes en “Las edades de Lulú” logra ese perfecto equilibrio que no en todos se da.

    Finalmente, en cuanto a Murakami, efectivamente tiene textos dispares. En mi caso leí primero “Tokio Blues” (excelente), luego “Al sur de la frontera, al oeste del sol” (una buena “segunda parte”), y un día llegó “Sputnik, mi amor” y este, desde mi punto de vista, fue demasiado simple. Libros posteriores de Murakami me hacen extrañar los primeros.

    Habrá, pues, que tomarlo en cuenta para ahorrarse horas “horas de juventud”.

    Saludos…

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