Bitácora-Tangente

Nuevo honor de Louise Erdrich

Erdrich

Por Aguillón-Mata

Hace unos días me preguntaba si se pueden reconocer sin contradicción las virtudes de una escritura a pesar de las cuales uno mismo misteriosa pero decididamente rechaza: Louise Erdrich acababa de recibir otro premio, en este caso el bianual PEN/Saul Below otorgado a trayectorias completas. En el trabajo de Erdrich uno encuentra el respiro de una bestia léxica domada por una lucidez de litigante. Su prosa es al mismo tiempo opulenta y precisa; sus intenciones, encomiables; aun su política me convence. Trabajo minucioso y talento entregados con disciplina envidiable al rigor de la convicción. A pesar de las virtudes de sus partes, me parece aún que la obra de Erdrich enferma irreparablemente en conjunto. Trataré de explicarme con el ejemplo de su novela The Round House, ganadora del prestigioso National Book Award en 2012.

Hay literatura escrita sobre certezas y hay literatura escrita sobre dudas. Esta distinción no implica que las certezas brindan mayor sabiduría, pues a menudo lo contrario es cierto: las más poderosas convicciones frecuentemente permanecen incompletas o equivocadas. Al convencerse de algo, se deja de pensar. La literatura –y el arte en general– nos ha mostrado con el tiempo que hay cierta perplejidad ante lo que parece urgente, vital, y que esta perplejidad se expresa mejor con ambigüedad. Sin duda hay literatura de valor basada en la premisa opuesta –que hay algo que enseñar– pero la importancia de tales piezas tiende con el tiempo a ser sólo circunstancial, histórica o documental. En cuanto la relevancia de una supuesta lección mengua –y, eventualmente, todas menguan– la literatura basada en certezas se deja leer sólo por eruditos, no por la cruda condición humana.

The Round House, de Louise Erdrich, es un libro extraordinariamente bien escrito sobre un hecho violento que no puede castigarse debido a convenciones legales obtusas –el precedente Oliphant v. Suquamish– y a rígidos sentidos morales en sentido etimológico: Geraldine, víctima en la novela y madre del protagonista, se niega a mentir durante el juicio y vulnera así su propia causa; dentro de ese marco, la historia muestra el camino forzado de un adolescente hacia su madurez, un camino atravesado por la sangre de sus familiares al inicio del libro, y por la sangre del antagonista al final. La mano de Erdrich es precisa y eficiente; la estructura, perfecta. La novela oscila entre las convenciones de novela policiaca y las de Bildungsroman. Pero enumero estas características casi a modo de queja: el libro no asume riesgos ni oculta misterio alguno. The Round House es el tipo de libro que uno puede aprender a escribir, el libro que ha estado ahí todo el tiempo, en los manuales, y por lo tanto es innecesario. El argumento de la novela no cambia esta impresión: parece prever qué involucraría al lector al inicio y que le reconfortaría al final: un crimen, una investigación –informal, pues es la ineficiencia del actual sistema legal lo que se somete a escrutinio en la novela– una venganza y, finalmente, la supersticiosa sospecha del balance divino, la cual contiene una lección moral en contra de la noción de venganza. El lector sufre la brutalidad del crimen original, su absoluta arbitrariedad –Geraldine, la víctima, es inmaculada– pero al final el lector recibirá el consuelo primitivo del desquite, más la hipócrita lección que finge reprimir lo que ya se ha liberado. Louise Erdrich parece entender que su lector es voraz y lo quiere todo; su trabajo consiste en consentir, alabar y distraer a este ávido lector –que es más bien cliente– pues la siguiente novela debe de estar ya escribiéndose.

Más allá de la novela, hay un mundo por salvar. El libro contiene una nota al final que desnuda al texto de pretensiones literarias. La intención es abogar por la comunidad nativo-americana femenina, un grupo desfavorecido por la letra pequeña de la ley entre el estado y tribus colindantes. La causa en cuestión, a mi entender, no sólo parece justa, sino que es urgente, y todo ciudadano responsable podría –y acaso debería, para permanecer responsable– adherirse a ella, pero al colocar dicha causa de manera explícita y nombrar a los actores políticos, al citar los documentos legales y la propaganda de Amnistía Internacional, entre otras organizaciones, al argumentar, en suma, con la trama de la novela a manera de ejemplo, Erdrich me hace cuestionar si las más de trescientas páginas del volumen tienen algún objetivo estético en lugar de uno meramente político. Por supuesto, no hay problema alguno con tener objetivos políticos, incluso al interior de una novela. Pero debe admitirse que hacer de la declaración política el centro de gravedad de la novela disminuye el valor literario del conjunto, pues se presenta así en una pieza de ficción algo que puede comunicarse de otra manera, mientras que la mejor literatura es intraducible y reclama su distinción mediante ambigüedad. La lista de obras literarias relevantes para la tradición occidental con argumentos políticos es inmensa, el canon completo casi, pero –como se ha señalado líneas arriba– tales textos han subordinado sus elementos circunstanciales a sus elementos estéticos, no al revés, razón por la cual tales libros se siguen leyendo, mientras que obras rendidas a su circunstancia, en cambio, mantienen una audiencia exclusiva de eruditos e investigadores de historia o política o ley, por ejemplo.

Si se ha de tomar The Round House –uno de los volúmenes más prestigiosos de Erdrich hasta la fecha– como ejemplo representativo de su obra completa, no habrá premio en el mundo que a la larga sostenga en la inmensa genealogía de la ficción norteamericana su escritura correcta, sus historias interesantes, su amplia gama de herramientas léxicas y estilísticas, sus lecciones imperativas e importantes causas; no habrá honor que destaque a Erdrich como algo más que un circunstancial detalle del paisaje estadounidense.

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Aguillón-Mata es narrador y ensayista mexicano. Estudió literatura en la Universidad Autónoma de Zacatecas y en El Colegio de México, y realizó una estancia de investigación en la Universidad de Potsdam, en Alemania, auspiciado respectivamente por el Conacyt y por el DAAD. En 2003 obtuvo una beca del FECAZ en la categoría de ensayo creativo, y en 2011 una beca del Fonca en la categoría de cuento. Colabora con ensayos, ficciones y traducciones en medios impresos y electrónicos de México y de los Estados Unidos, entre los cuales destacan las revistas Armas y Letras, Avispero, MAKE Magazine y Letras Libres en línea. Es autor de los libros de ficción Quién escribe (Paisajista) (IZC, 2004) y Tratado (De una zona privada) (Pictographia, 2013). Mantiene un blog bilingüe en http://aguillon-mata.com

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