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Default |Sobre Erasure de Percival Everett

Erasure1

Por Aguillón-Mata

Yo era una persona de color en un taller literario

cuya teoría de la realidad no incluía mis experiencias fundamentales

en tanto persona de color.[1]

Junot Díaz

«Cualquiera que hable con sus familiares sabe que compartir un lenguaje no significa compartir las reglas que gobiernan el uso de dicho lenguaje», explica Thelonious Ellison, Monk, a la mitad del cuarto capítulo de Erasure, de Percival Everett (2002): «sin importar lo que se enuncie, se quiere decir otra cosa».[2] Esta idea resume las dinámicas entre Monk y las circunstancias y personas con que él interactúa: la experiencia de Monk no está en lo que se dice, sino en lo que se implica. En efecto, cada grupo social desarrolla sus propios dialectos alrededor de su lenguaje en común, dialectos de los cuales las llamadas «bromas locales» son quizá los indicadores más evidentes, pero que se manifiestan en todos los niveles del uso del lenguaje: en los nombres exclusivos o aun inventados para ciertas cosas, en connotaciones específicas de ciertos términos, en el tono de la enunciación, e incluso en las pausas, en los silencios. Debido a que Erasure cruza un inusual número de referencias cultas –en contraste con el sentimiento anti-intelectual de la prosa norteamericana que ha ganado terreno en las últimas décadas– conviene recordar que los términos langue y parole de Ferdinand de Saussure se utilizan aquí de una manera muy consciente: es el uso del lenguaje compartido lo que acarrea la verdadera intención del hablante, y por lo tanto el sentido verdadero de la frase. En términos generales, el dilema de Monk no es muy diferente del de todos nosotros: no somos parte de uno, sino de varios grupos sociales, cada uno con su propio uso del lenguaje, su propio dialecto, su propia parole; la novela de Percival Everett, sin embargo, no puede explicarse en términos tan generales, pues estos son sólo el marco en que el protagonista rechaza usar el dialecto que se espera de él, ni con su familia –la cual se desmorona bajo su comando–, ni con las mujeres –a quienes apenas tolera durante cortos periodos de tiempo, a pesar de sus propios deseos–, ni con la industria literaria –ante la cual impone una suerte de traductor, Yul, su agente–, ni con el grupo social dentro del cual se le cataloga arbitrariamente: el cliché del afroamericano.

He retrasado a propósito este dato. En Norteamérica hay una idea de normalidad; en palabras de Junot Díaz (de su artículo «MFA vs. POC»): «En mi taller literario la posición automática para leer y escribir Literatura –con mayúscula– era de raza blanca, heterosexual y masculina. Por supuesto, este estándar [default] blanco, heterosexual y masculino no era parcial en modo alguno por su blanca y heterosexual masculinidad –¡para nada!”[3] Desde luego, que un estándar único de normalidad prevalezca en una comunidad extremadamente diversa creará conflictos y desacuerdos, fundamentalmente porque todo aquello que difiera del estándar será considerado –como es el caso– minoría. Peor aún, es el estándar impuesto el que procura definir la identidad de los demás. Este es uno de los temas centrales que Everett expone: parte de la «experiencia afroamericana» consiste en escuchar constantemente cómo debe uno proceder, cómo debe uno hablar, y cómo debe uno escribir, en caso de que se escriba.

Aunque este sinsentido es capital en la trama de Erasure, el mero hecho de señalar su ironía no resuelve el problema: Everett voltea la cuestión al hacer de Monk un traidor, rendido a la lógica castrante de la industria y del cliché. A falta de una audiencia para sus novelas cultas y frente a la frustración del éxito editorial de una novela insultante en su caricaturesca asimilación del dialecto afroamericano, Monk decide escribir Fuck –un relato, incluido íntegro en medio de Erasure– originalmente para burlarse del cliché. Monk conocía el dialecto del novelista negro desde siempre, el dialecto del afroamericano «negrísimo» del ghetto –lo que sea que eso signifique– y conocía también el dialecto de la industria literaria, simplemente no quería hablar en esos términos porque son estériles, falaces, carecen de interés para él. En abierta contradicción, no obstante, Monk termina adoptando la identidad impuesta de todas formas –con un gesto burlón al inicio, y conscientemente al final, seducido por el dinero. Fuck se convierte en un éxito apabullante. Hay una disculpa ética que puede hacerse en favor de Monk –y creo que Everett guía al lector en esa dirección– su triunfo como «novelista del ghetto» proviene de una novela que procura ofender a la industria por su absoluta falta de autenticidad. Pero Monk parece demasiado listo como para creer que la industria podría jamás sentirse tocada por el insulto, siempre que el dinero fluya.

De regreso a Saussure, me parece relevante señalar las dos características definitorias del lenguaje –langue– que debemos a sus estudios: «convencionalidad» y «arbitrariedad». El lenguaje es convencional porque de otro modo su comunicación sería imposible; un acuerdo implícito nos permite comprender cierto sentido por una palabra dada. El lenguaje es además arbitrario porque no hay nada de aquel sentido en aquella palabra; es un invento. Esto es precisamente lo que da lugar a dialectos –parole. Diferentes experiencias constituirán diferentes usos del lenguaje. La Norteamérica moderna es uno de los lugares que reúnen experiencias de vida extremadamente diferentes –si se admite llamar «un lugar» a territorio tan vasto. Aquellos que por las razones que sean están interesados en definir el país, estableciendo así otra convención arbitraria, encontrarán que la experiencia de la gente destruirá constantemente tales pretensiones. Erasure muestra esa clase de batalla por la identidad al interior de un individuo; uno de muchos, aquellos quienes sólo tienen en común la falta de representatividad del cliché.

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[1] Las versiones en español de todas las citas son mías; en el texto original se lee: «I was a person of color in a workshop whose theory of reality did not include my most fundamental experiences as a person of color».

[2] En el texto original se lee: «Anyone who speaks to members of his family knows that sharing a language does not mean you share the rules governing the use of that language” Y enseguida: “No matter what is said, something else is meant», p. 32.

[3] En el texto original se lee: «In my workshop the default subject position of reading and writing –of Literature with a capital L– was white, straight and male. This white straight male default was of course not biased in any way by its white straight maleness –no way!»

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Aguillón-Mata es narrador y ensayista mexicano. Estudió literatura en la Universidad Autónoma de Zacatecas y en El Colegio de México, y realizó una estancia de investigación en la Universidad de Potsdam, en Alemania, auspiciado respectivamente por el Conacyt y por el DAAD. En 2003 obtuvo una beca del FECAZ en la categoría de ensayo creativo, y en 2011 una beca del Fonca en la categoría de cuento. Colabora con ensayos, ficciones y traducciones en medios impresos y electrónicos de México y de los Estados Unidos, entre los cuales destacan las revistas Armas y Letras, Avispero, MAKE Magazine y Letras Libres en línea. Es autor de los libros de ficción Quién escribe (Paisajista) (IZC, 2004) y Tratado (De una zona privada) (Pictographia, 2013). Mantiene un blog bilingüe en http://aguillon-mata.com

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