Criticar la crítica

Heridas abiertas. Biopolítica y representación en América Latina, de Mabel Moraña e Ignacio Sánchez Prado

Heridas abiertas

 

Mabel Moraña e Ignacio Sánchez Prado, Eds. 

Heridas abiertas. Biopolítica y representación en América Latina

Iberoamericana / Vervuert

2014

Por Ana Sabau Fernández

A menudo sucede que es a través del viaje de ideas de un lugar a otro que las limitaciones o puntos ciegos de un sistema de pensamiento se hacen visibles. Es como si al encontrarse con realidades distintas a aquellas en que se originaron, las ideas tuvieran que expandirse, cambiar y adaptarse para poder dar cuenta del nuevo contexto al que se han trasladado. Heridas abiertas: biopolítica y representación en América Latina (2014) ofrece precisamente una recopilación de catorce ensayos destinados a reflexionar sobre lo que ocurre en el momento de encuentro entre el así llamado pensamiento «biopolítico» y las diversas realidades sociales que surcan el territorio de América Latina.

El libro, nos lo dicen sus editores Mabel Moraña e Ignacio Sánchez-Prado, surge de las presentaciones y debates del IV Congreso Internacional de Estudios Culturales Latinoamericanos realizado en la Universidad de Washington en St. Louis Missouri en marzo de 2013. La introducción y presentación que abren el estudio despliegan el campo ante el lector y le brindan las herramientas necesarias para el recorrido que enfrentará durante la lectura. Así, la introducción de Moraña ofrece una recapitulación de la formación del pensamiento biopolítico desde Michel Foucault hasta Giorgio Agamben, pasando también por el trabajo de Jean-Luc Nancy, Roberto Esposito, Michael Hardt y Antonio Negri, entre otros; mientras que la presentación de Sánchez Prado articula a través de una visión general de los ensayos compilados los puntos de tensión que emergen con el traslado del cuerpo del pensamiento biopolítico hacia América Latina.

Lejos de seguir la ya común narrativa post-colonialista y analizar la relación entre América Latina y Europa con una crítica al hecho de que el pensamiento teórico o filosófico se atribuye generalmente a Europa, mientras que América Latina se ve como un espacio para la formulación epigonal de teorías importadas, Heridas abiertas deja ver una relación más complicada entre ambas partes. Uno de los mayores logros de esta constelación de ensayos es el modo en que contribuye a la expansión de la teoría de la biopolítica a través del gesto de mostrarla como una metodología para la investigación de las realidades políticas modernas y sus sociedades, y no tanto como un conjunto de preceptos estáticos a través de los cuales puede analizarse de forma homogénea el despliegue de tecnologías para la regulación y administración de la vida humana. En otras palabras, se podría decir que a la luz de los artículos reunidos en Heridas Abiertas la biopolítica aparece – según la describe Moraña-  como una «caja negra» repleta de preguntas cuyas respuestas cambian dependiendo del periodo histórico, la ubicación geográfica y el ángulo o perspectiva desde donde se postulen Así, la teoría de la biopolítica deja de ofrecer formulaciones axiomáticas capaces de operar de un sólo modo ante cualquier circunstancia y se convierte en herramienta maleable para el estudio del poder sobre la vida en un inagotable espectro de contextos sociales.

Ahora bien, si la contribución general del compendio es la de provincializar el estatuto de la biopolítica y desmantelar la fijeza de sus argumentos, lo cierto es que cada artículo confronta y expande de forma distinta el legado de la pregunta por el poder y la vida. Me gustaría entonces esbozar tres formas en que el conjunto fluido y variado de ensayos interviene sobre el cuerpo del pensamiento biopolítico.

La herida histórica

Al revelar el aspecto metodológico propuesto por un aparato teórico se abre ante nosotros la posibilidad de utilizarlo como una herramienta que acompañe el estudio de contextos antes ignorados. Es posible así acercarse a realidades históricas distintas a aquellas de las que el cuerpo teórico intentó, en su origen, dar cuenta. Algunos de los ensayos de Heridas abiertas recalcan el gran punto ciego del pensamiento foucaltiano en torno al colonialismo. Llevando hacia el pasado la pregunta sobre la cuestión del poder como administración de la vida éstos nos permiten ver en qué sentido el momento colonial se ilumina de otro modo a la luz de las preguntas que la teoría biopolítica se plantea. No se trata de un gesto anacrónico de imposición de ideas contemporáneas sobre el pasado, sino más bien de reconocer que la biopolítica permite presentarle al pasado una serie de preguntas que antes habrían sido formuladas de otro modo y que por lo mismo revelan algo nuevo de ese pasado. Así, un texto como el de Horacio Legrás además de mostrar la ‘contemporaneidad’ entre el trabajo de Manuel Moreno Fraginals sobre los ingenios azucareros y los cursos que Foucault habría impartido en el College de France entre 1975 y 1976 reunidos bajo el título Il faut deféndre la société, el texto pone sobre la mesa la posibilidad de analizar el sistema esclavista en términos biopolíticos y señalar otra de las zonas ciegas de las primeras formulaciones de este entramado teórico.

Pero frente a la historia, los ensayos de Heridas abiertas no sólo buscan desplazar la biopolítica hacia un pasado sobre el que ésta no habría intentado pensar, sino también de llevarla a otros momentos que se expanden entre el siglo XIX y el XXI en América Latina,  y desde donde es posible apreciar la heterogeneidad de este arco temporal en distintos puntos del globo. Bajo esta premisa el libro pone en manos del lector una variedad de interpretaciones históricas entre las cuales destacan el ensayo de Carlos A. Járegui que estudia el proyecto del Estado mestizo en Ecuador en la década de los 50; el de Susan Antebi que busca utilizar herramientas de la biopolítica para analizar un terreno atravesado por la globalización, las farmacéuticas y la publicidad en años recientes; o el de Oswaldo Zavala quien resiste a aquellos que han intentado pensar la realidad del narcotráfico bajo el paradigma del Estado fallido. Zavala, de la mano de Carlo Galli rechaza la definición antagónica de la política Schmittiana y argumenta la necesidad de un pensamiento, al menos para el contexto mexicano, que vaya más allá de las líneas divisorias entre enemigos/amigos, interioridad /exterioridad, y que a la vez sea capaz de dar cuenta del rol fundamental que el Estado aún juega en esta etapa de re-organización del poder.

La herida literaria y cultural

La segunda gran contribución de Heridas abiertas consiste en que sus ensayos expanden el legado de la biopolítica al enfrentarla no sólo con realidades histórica diversas, sino también con una serie de objetos y medios culturales que exhiben otra forma del viaje teórico mencionado al principio: el traslado de la biopolítica hacia el terreno de la cultura.

Por un lado, un artículo como el de Beatriz González Stephan permite acercarse y ver la materialidad del dispositivo biopolítico a través del uso de la fotografía en el siglo XIX y la forma en que el medio intervino en la regulación y visualización del cuerpo intervenido por discursos raciales; mientras que, por otro, ensayos como el de Jean Franco o Sergio Villalobos-Ruminott ofrecen una lectura alegórica de textos literarios y nos abren una ventana para rastrear en la literatura el giro biopolítico y la aparición de, en el caso del texto de Villalobos, cuerpos mutilados, fragmentados en el espacio literario que resuenan con la realidad de un Estado desmantelado por el neoliberalismo.

Quizás el gesto o la aportación más aguda del libro en términos de confrontar la teoría biopolítica con el espacio de las culturas latinoamericanas sea el de dejar ver los puntos de fuga o las resquebrajaduras desde donde es posible pensar y articular la resistencia de ciertas subjetividades frente al despliegue de técnicas biopolíticas sobre el cuerpo social. Así, el ensayo antes mencionado de Jáuregui resalta las fisuras del proyecto del Estado mestizo ecuatoriano que se hacen visibles en el estudio de las imágenes plasmadas en el conjunto de cuadros y un mural que constituyen la exposición «Huacayñán o Camino del llanto» (1952-1953). Siguiendo con este hilo argumentativo, el texto de José Manuel Valenzuela Arce propone el término «biocultura» para hablar de las prácticas culturales a través de las cuales jóvenes de la frontera entre Estados Unidos y México resisten y enfrentan la  implementación de políticas que buscan regular sus comportamiento y desplazamiento a lo largo de la franja que engarza a ambas naciones. Otro texto que invita a pensar en la biopolítica desde el ángulo de la resistencia y no sólo desde la perspectiva gubernamental es el de Susana Rosano que investiga la pulsión de muerte, la línea borrosa entre la vida y la muerte, entre tanatopolítica y biopolítica a la que los militantes de la época de la dictadura en Argentina se enfrentaban constantemente.

Al empalmar textos, imágenes y prácticas culturales con los argumentos de los filósofos que han conformado el corpus del pensamiento biopolítico, los ensayos de Heridas abiertas extienden el territorio de este tipo de investigación y abren las puertas para nuevas preguntas.

La herida conceptual

Como lo decía al inicio de esta reseña, la gran contribución del compendio es la de mostrar el campo de las teorías de la biopolítica como herramientas que en lugar de establecer premisas a priori, revelan su potencial y alcance al obligarlos a interactuar con una amplia gama de contextos y materiales provenientes de distintas temporalidades y puntos geopolíticos. Quizás éste es también el principal aporte conceptual de Heridas abiertas: el mostrarnos a nosotros lectores, la insuficiencia de la teoría biopolítica para dar cuenta en sí misma de las realidades sociales modernas sobre las que se despliega, y así invitarnos a reconocer la necesidad de no verla en abstracto, sino en relación con otras teorías (como la de la soberanía que paradójicamente pretende superar, según la mirada de Legrás), pero también otros materiales y realidades, entre ellas las muy diversas que las historias y culturas de América Latina ponen sobre la mesa.

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Ana Sabau (Ciudad de México, 1984) obtuvo su doctorado en literatura latinoamericana por la Universidad de Princeton. Actualmente trabaja como investigadora y profesora en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de California en Riverside. Su trabajo se enfoca en estudiar el espacio cultural del siglo XIX en México. Es coeditora de Ensayando el ensayo: artilugios del género en la literatura mexicana contemporánea junto con Mayra Fortes y sus artículos han sido publicados en México y Estados Unidos. Actualmente está trabajando en un libro tentativamente titulado Revoluciones y revelaciones: una arqueología de la imaginación política del siglo XIX en México.

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