Crítica de narrativa

Poner el dedo en la llaga | Esa membrana finísima, de Úrsula Fuentesberain

Membrana

Úrsula Fuentesberain

Esa membrana finísima

Fondo Editorial Tierra Adentro

2014

Por Atenea Cruz

Escribir crítica negativa de un libro siempre es sencillo, cuantimás en México, donde poner de relieve los aspectos malogrados de la labor ajena es prácticamente deporte nacional. A menudo se confunde la figura del crítico literario con un sujeto dedicado apenas a reseñar libros, o con alguien que se limita a destrozar textos a diestra y siniestra. Con el auge actual de los booktubers y la polémica que Ana Garralón desató a partir de su columna basada en clichés y argumentos bastante cuestionables, sin quererlo se ha echado luz sobre un asunto importante: la pertinencia de criticar la crítica.

Exigirle a esos muchachitos, que recomiendan emocionados su best-sellers favoritos, que lo hagan de manera formal, sesuda y seria, no sólo me parece ocioso, sino obtuso, ¿acaso nadie ha notado que se trata sólo de lectores entusiastas? En un país como el nuestro, con tan bajos índices de lectura, que alguien lea y además haga de apóstol literario debe agradecerse. Si se trata de obras de escaso valor literario es lo de menos, no hay que ser asustadizos, ni mucho menos, como atinadamente los denominó Juan Domingo Argüelles, jacobinos de la lectura: nadie que yo conozca escogió el Don Quijote o La metamorfosis como lectura voluntaria a sus catorce años. El gusto por la lectura y el buen gusto literario (si es que existe algo así) sólo se consiguen por contagio. Despotricar en contra de estas naturales manifestaciones del apasionamiento juvenil es asunto estéril propio de los necios. Ahora bien, para dar el brinco de estos textos de poco contenido a libros de calidad están los críticos, de ellos y sólo de ellos es la responsabilidad de ofrecer una lectura sustanciosa y analítica que guíe al lector (especializado o no) por el vasto y a veces inhóspito bosque de las letras.

Si los críticos se quejan (y con razón) de que su trabajo es poco valorado y consumido, también es suya buena parte de la culpa: ellos mismos se han erigido como figuras intocables, cuyas opiniones consideran verdades universales que pueden devenir en afrenta personal o ajuste de cuentas. Si a esto se le suma lo poco que han aprovechado los espacios de difusión masiva como Youtube, no debería extrañarles que personas poco capacitadas para ejercer la crítica literaria les estén comiendo el mandado.

Por eso cuando leí Esa membrana finísima (FETA, 2014), de Úrsula Fuentesberain, me encontré ante un predicamento: si el libro es bueno, ¿de qué voy a hablar? ¿Es posible reseñar un libro de forma positiva sin sonar aduladora o complaciente? Si bien es cierto que en este volumen un par de cuentos tienen un final predecible («Mariana viene a verme», «Salmanta») y otros tantos se antojan desarrollados con cierta ingenuidad de principiante («Formalidad de tu parte», «Etiopatogenia»), lo cierto es que esta variedad de temas y registros, donde la autora juega con lo fantástico e incluso coquetea con la ciencia ficción («Eso que duerme dentro», «Sirenas para embelesados»), a pesar de que pueda ser débil durante unos pocos momentos, esta exploración se convierte al final en la fortaleza del libro.

A lo largo de los catorce cuentos que conforman Esa membrana finísima, Fuentesberain hace gala de un inteligente y ácido sentido del humor, potenciado además por una prosa elegante y sobria, cualidades que el lector siempre agradecerá, especialmente cuando se trata de un catálogo cuya línea editorial y expectativas están determinadas por el objetivo de dar a conocer plumas jóvenes con propuestas frescas y relevantes… aunque esto no se cumpla en la totalidad de los títulos publicados.

Úrsula Fuentesberain tiene muy claras sus preocupaciones como narradora: el aislamiento interior de sus personajes, los cuales nunca acaban de encajar en el mundo; el erotismo, el extrañamiento, la impotencia, lo raro, la membrana y la piel como motivos recurrentes. Resalta el atinado manejo del absurdo por parte de la autora para conseguir dichas sensaciones, mismo que emparenta estos cuentos con la narrativa de Etgar Keret, o José Emilio Pacheco en El principio del placer.

De forma deliberada, la autora crea un catálogo de personajes puestos en situaciones extraordinarias, todos oprimidos por factores externos que son superiores a sus fuerzas y terminan por determinar el curso de su existir. Resalto como los mejores cuentos «Los Núñez de Zalay», una historia de endogamia que conduce al protagonista a una muerte patética; «El arte conceptual me rompió el corazón», fina sátira del amor tormentoso entre intelectuales pretenciosos; «La cara de Ángel», un relato brevísimo de aires poéticos que le otorgan gran contundencia; «Las nubes de Mozintla», el cual destaca por la bien lograda voz ingenua del narrador, así como «Cambio», un cuento enigmático que sentará el tono de intriga del volumen entero y funcionará como acertada elección para abrir el libro.

Gracias a la cuidadosa hechura de estos cuentos, Úrsula Fuentesberain consigue pasar de largo la polémica a propósito de la literatura de género; alejado de los lugares comunes, éste es un libro de una escritora interesada en narrar bien y seducir al lector, objetivos que cumple con creces. Esta membrana finísima satisfará tanto a lectores jóvenes, como a adelantados en el camino literario y posiciona a Fuentesberain como una escritora cuyo trabajo hay que seguir muy de cerca.

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Atenea Cruz (Durango, 1984) es escritora. Cursó la Licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Zacatecas. Sobrevivió un tiempo haciendo corrección de estilo, ahora da clases de lengua y literatura. Ha impartido talleres infantiles de invitación la lectura y ha sido cuentacuentos. Poemas y cuentos de su autoría han sido incluidos en diversas antologías y publicaciones de orden local y nacional. Ha publicado los libros de cuentos Crónicas de la desolación (2002) y La Soledad es una puta (2005), así como los poemarios Diario de una mujer de ojos grises (2009) y Suite de las fieras (2013), este último fue merecedor del Premio de Poesía Beatriz Quiñones 2012. También ha obtenido el Premio Estatal de Cuento María Elvira Bermúdez 2002. Y en 2013 fue becaria del PECDAZ (Zacatecas) en la categoría de novela. Twitter: @ateneacruz

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