Crítica de ensayo

Días de narración

hermenáutica

Por Guillermo Fajardo

Un largo río se asoma en las páginas de Hermenáutica (2014), de Luis Bugarini (Ciudad de México, 1978) y publicado por Casa Editorial Abismos, cuyos curvos estuarios son casi invisibles —no lo son porque los podemos oír—: nadan por debajo del texto, mostrándonos la escritura de Bugarini —pulcra, ósea, aguda— y también los autores que han dejado su huella en el escritor. La crítica no es solamente un paseo por los libros, parece advertir Hermenáutica, sino una estancia tranquila en los mismos. El hogar de la tinta, la calidez de la palabra, el sacrificado empeño de encontrarles significado. El camino del crítico es, sí, una mirada atenta pero también un tacto sensible. Encuentro en Hermenáutica un afán por detectar permanencias literarias que surquen los afilados bosques de la historia, y con mucha razón: las listas son intentos por encontrar patrones, señales o humos. No son instintivas porque hacerlas implica una labor de conciencia.

La crítica parece estar condenada a los márgenes. Una sombra en la niebla. Este libro viene a desafiar esa imagen: es un vagabundeo responsable que toca, escucha y dialoga. Crece entre la memoria, la intuición y el estudio. Copula entre el comentario de texto, la nota al pie de página, el análisis literario y hasta la biografía. A pesar de las cápsulas que enmarcan los contornos de los autores —Kadaré, Bolaño, Zweig, Cortázar, Bernhard, Rossi, Magris—, Bugarini hace derivaciones hacia otras lecturas, confirmando que un autor no es solamente un autor, y que una obra no es solamente una obra: acaso un plexo velado de influencias indiscernibles, acaso un montón de sombras implicadas y juguetonas. Tampoco se pierde de vista lo esencial: la literatura no se escribe sola. Ahí está la carne y los dedos que la hicieron posible. No me parece que Bugarini establezca un diálogo con los autores —fórmula repetitiva— sino que habla por ellos con bastante conocimiento de causa. Los ha estudiado, ha envejecido con ellos, ha dormido en sus sofás. Es un libro-monólogo que contiene ideas bien concebidas y machacadas que explican las adicciones de Bugarini.

La literatura puede ser un rompecabezas. El afán de profundidad puede llegar a abrumar a quien solamente tiene una vela de por medio: el timón puede zafarse si la tormenta llega a extremos inusitados. A pesar de la cantidad de nombres que desfilan por Hermenáutica, el lector puede sentirse confiado entre sus aguas. Bugarini no provoca huracanes: estamos lo mismo ante notas literarias personales que ante una invitación a la lectura. La pulpa de cada autor contenida en certeros balazos que Bugarini produce: «La crítica es lenguaje, por principio. Después, tejido de referentes». Otra: «La libertad, por tanto, es una discursividad que se construye y materializa en una calistenia voluntaria». Una más: «El enemigo natural de una narrativa que se propone cartografiar las formas sutiles del horror es la caricaturización y las tentaciones fáciles de la propaganda».

Como diario personal, Hermenáutica funciona porque comparte y defiende; como texto literario porque define y convoca: estamos ante una reunión poco común de escritores que han decidido verse las caras. El motor principal del libro es el avistamiento: ver los horizontes literarios que han definido buena parte del siglo que pasó. Es también una advertencia: el gozo interior del narrador estará también lleno de terrenos pedregosos a los que es necesario acudir. La literatura no es gratuita pues tiene un depósito esencial de nombres y plumas que nos mortifican, atacan, susurran, motivan, rodean. Bugarini los ha convocado.

Hermenáutica es un libro ligero: puede llevarse bajo el brazo, leerse de abajo para arriba, de arriba para abajo, acudir a él sin que nos reclame nuestra ausencia, doblarlo, estudiarlo y entenderlo. Los fantasmas que lo recorren están apurados por ser leídos. Hermenáutica es un libro de viajes. En la larga y oscura noche que parece cernirse sobre la literatura, Bugarini nos ha dado nuevos colores, formas distintas de poner los acentos, dos puntos aparte y una hoja en blanco. Hermenáutica es salir a la superficie.

Y respirar.

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