Entrevista/Literatura infantil y juvenil

Especial: Literatura Infantil y Juvenil | entrevista con Ignacio Padilla

Ignacio Padilla

Ignacio Padilla

A pesar de, o quizás gracias a la ínfima presencia de la crítica en el ámbito de la literatura infantil y juvenil (LIJ), los jóvenes lectores han creado espacios propios para mostrar y discutir sobre su experiencia. La mayoría de los títulos que comentan son considerados «de calidad literaria muy pobre» o, incluso, franca «basura»; algunos adultos celebran el acto de leer (lo que sea) y otros cuestionan la diferencia entre un producto literario y uno comercial. A propósito, Ignacio Padilla, autor, crítico, investigador y profesor, nos ofrece en esta segunda entrevista su propia visión sobre estos y otros aspectos de la dinámica cultural que rodea a la LIJ.

Tengo la esperanza de que la crítica de la LIJ y de la literatura en general reaparezca, se enriquezca, resurja en las ubicaciones electrónicas.

Por Áurea Xaydé Esquivel Flores

  1. ¿Qué implicaciones tiene hacer crítica literaria de obras para niños y jóvenes?

Yo creo que la pregunta tiene que ver con qué implicaciones tiene hacer crítica literaria sobre cualquier género en cualquier momento. La crítica literaria, que tantos momentos de crisis ha tenido (particularmente ahora que hay tan pocos espacios en el mundo para la crítica), ha buscado siempre apuntalar las corrientes, las generaciones literarias… Y en el caso de la literatura infantil –un género tan antiguo pero al mismo tiempo tan necesitado de una teoría, por un lado, y de una crítica por otro– es indispensable que ahora, más que nunca, haya crítica como está habiendo crítica de novela negra o de ciencia ficción.

  1. ¿Qué visión tienes de los jóvenes lectores?

En primer lugar hay que preguntarse qué es ser «joven». La juventud es un estado de ánimo pero también tiene que ver con un comercio social maligno. En el siglo XX se ha encumbrado a una sociedad particularmente infantilizada y se ha desaprendido el afecto a los viejos, es muy curioso. Ahora, más que al joven, lo que se aprecia es al adulto infantilizado y victimizado, eso ha generado una sociedad profundamente infantil y que, sin embargo, reniega de sus niños (y prefiere a sus mascotas). La juventud actual era una generación, en principio, desahuciada para la lectura y, sin embargo, se ha demostrado (por una serie de eventos muy afortunados) que es una generación que escribe y lee más de lo que leyó mi generación. Escriben y leen constantemente. Qué leen y qué escriben es otra historia, pero cuando nos preguntamos eso, tenemos que ir al fenómeno Harry Potter. Es una generación que tuvo la enorme fortuna de tener una saga libresca que la constituyera como lectora y es la que ha generado ahora la moda de una literatura desigual (como cualquier literatura), tienen una oferta editorial importante y ésta ha desarrollado un concepto en el que yo no creo mucho: «literatura juvenil»; me parece que hay libros para adultos que son más interesantes para jóvenes, pero la oferta de literatura de buena calidad es atractiva también para esos chicos que se formaron leyendo Harry Potter y es mucho más amplia que la a mí me tocó. Yo soy de la última generación que todavía supo disfrutar a Sandókan y a Julio Verne, libros que ya no son interesantes para la generación cibernética, Sin embargo, esa generación tiene como alternativa a Harry Potter, Los juegos del hambre, Divergente… que les permiten entrar con mucha facilidad a los clásicos de la literatura.

  1. ¿A qué se debe, según tu experiencia, la poca crítica en el campo de la LIJ en México?

Se debe a las mismas razones por las que hay poca crítica en la literatura en México: porque hay pocos lectores. México es el país de América Latina que menos lee; somos un país con una crisis sobre todo de la enseñanza de la lecto-escritura, que venera al libro como un objeto mágico, pero no puede darle a la literatura lectores ágiles; somos lectores cansados, malformados, asustados del libro. Mientras no haya lectores, no habrá críticos.

Sí existen muchos escritores y esto debido también a una serie de programas de fomento de creación literaria, cinematográfica y pictórica, pero se dan en un país donde no se consumen los productos culturales de esos creadores intelectuales. Hay mucho libros, hay demasiados libros para los pocos críticos que hay, y esos pocos críticos tiene poco espacio porque están desapareciendo los espacios de expresión crítica. Tengo la esperanza de que la crítica de la LIJ y de la literatura en general reaparezca, se enriquezca, resurja en las ubicaciones electrónicas.

  1. Si la literatura «infantil y juvenil» es definida, a grandes rasgos, a partir de la condición de los receptores, ¿cómo pueden influir éstos en las diferentes maneras de hacer crítica literaria?

Los lectores, receptores, pueden afectar y afectan, de hecho, toda la cadena del proceso editorial. La afectan económicamente, sobre todo, pero el dinero ha tocado la creación literaria desde que el mundo es mundo; incidió tanto en la escritura del Quijote como en el teatro de Shakespeare,  afecta cotidianamente la escritura de los grandes clásicos de la literatura basura. Es el lector como consumidor. Entonces, en el momento en que el lector sea un lector educado, forjado en literatura de alta calidad y  además, que aprenda a reconocer el valor literario de la literatura infantil en los mismos términos que la literatura de cualquier tipo, en ese momento los críticos literarios se verán empujados por sus propios editores y por los propios lectores (no se diga por los propios autores) a focalizarse en la literatura infantil y eso está sucediendo. Me parece que, a medida que el mercado mismo deja más de lado la crítica de la literatura para adultos y favorece más la LIJ –puesto que es uno de los pocos mercados pujantes en México en términos de lectura–, se está provocando que haya más críticos de literatura infantil que de literatura para adultos.

¿Sería posible (o deseable) una relación de trabajo entre crítico y lectores? ¿O, por un lado está el crítico y la experiencia literaria de los lectores (por muy valiosa que sea) es aparte?

La relación del crítico de literatura infantil no va a ser directa con sus lectores, va a ser con los padres de los lectores. No creo que vaya a haber críticos de literatura que sean directamente leídos por los lectores niños. Lo que sí me parece que tiene que desarrollarse y que está teniendo mucho éxito es el booktubing. He visto booktubers adolescentes que hablan de libros que para ellos han significado mucho en YouTube y los he visto convertidos prácticamente en rockstars; he visto colas de adolescentes para que ellos les firmen los libros que ellos comentan en sus canales. Eso me parece extraordinario, me parece valiosísimo. Creo que algunas editoriales se están dando cuenta de que la crítica de literatura infantil y, por lo tanto, su venta, no se va a hacer en la academia ni se va a hacer en las publicaciones periódicas, se va a hacer en YouTube. Es un fenómeno interesantísimo y es ahí donde se va a desarrollar la crítica, mas no la teoría de la literatura infantil.

  1. ¿Consideras que la formación de un crítico de LIJ es diferente al de un crítico literario de «libros adultos»? ¿Por qué?

Ha sido diferente pero no tendría que ser diferente. Conozco muy pocos críticos de literatura infantil pero ellos son también buenos críticos de literatura para adultos, lo cual no necesariamente sucede a la inversa; no todo buen crítico de literatura para adultos es buen crítico de literatura infantil. Creo que el ejemplo más interesante es Juan Domingo Argüelles; es un gran poeta, antologador de poesía, promotor de la lectura, bibliotecario que ha hecho grandes aproximaciones críticas a la literatura clásica y al mismo tiempo es un magnífico crítico de literatura infantil. Los creadores de literatura infantil rara vez hacen crítica de LIJ, eso también es un poco paradójico pero ha sido el signo de los tiempos desde hace muchos, muchos años.

Ahora me dejas muchas dudas, sobre todo, con respecto a si existe o no la crítica de la literatura infantil en México y, considerando lo «infantil» y «juvenil», creo que de lo «infantil» todavía hay mucho trabajo por hacer; de lo «juvenil», definitivamente la crítica se va a hacer en YouTube y está muy bien que así sea.

Ignacio Padilla (México, 1968) es licenciado en Comunicación por la Universidad Iberoamericana, maestro en Letras Inglesas por la Universidad de Edimburgo y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca. Su obra narrativa, ensayística y dramática ha sido traducida a más de veinte idiomas y le ha granjeado otros tantos premios nacionales e internacionales. En el dominio de la literatura para niños ha merecido el Premio Juan de la Cabada de Literatura Infantil, el Premio FILIJ de Ensayo sobre Literatura para Niños, y el Premio Nacional de Teatro para Niños. Ha publicado Las tormentas del mar embotellado, Por un tornillo, Todos los osos son zurdos, Los papeles del dragón típico y, próximamente, El hombre que fue un mapa. Ha traducido asimismo los estudios teóricos de Maria Nikolajeva, y su teatro para niños ha sido montado en diversos festivales. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores y miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua. Actualmente es catedrático en la Universidad Iberoamericana.

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