Bitácora-Tangente

Breve noticia de Harper Lee (o nos comemos las uñas por la espera)

piña

Por Gerardo Piña

La noticia de que pronto será publicada Go Set a Watchman de Harper Lee, la precuela de To Kill a Mockingbird después de cincuenta y cinco años de que ésta fuera publicada es una de las más relevantes en lo que a la literatura se refiere. Pocas, poquísimas veces hemos podido ser testigos de una serie de coincidencias tan afortunadas para un público lector. En medio de tantas luchas por el protagonismo, de tantas obras infladas para hacernos creer que tal o cual es imprescindible, un manuscrito hallado en Monroeville nos regresa —a muchos, por entusiasmo, por nostalgia o curiosidad— a la relectura de una obra maestra.

To Kill a Mockingbird es una novela que nos devuelve súbitamente a recordar cuál ha sido desde su origen la función de las novelas en la vida cotidiana. La posmodernidad ha querido convencernos de que el arte —y, por ende, la literatura— no tiene utilidad alguna y de que leer por placer es la aspiración de todo lector. Como si pudiéramos darnos el lujo, en medio de tanta corrupción, violencia e ineptitud, de sostener la idea ridícula de que el arte no sirve para nada salvo para ganar premios, becas y aplausos de otros artistas. Como si pudiéramos darnos el lujo de conformarnos con leer lo que nos es fácil e inmediato porque proponernos retos en los que la lectura vaya de la mano del análisis, el cotejo, la búsqueda de palabras en el diccionario, las pausas necesarias para asimilar y degustar la lectura, fuera superfluo. En medio de todo esto, decía, aparece la noticia de la continuación de una novela que reúne, como muy pocas en el siglo veinte, muchas características de lo que da sentido a los estudios literarios.

La novela ha tenido como eje la confección de un mundo narrativo capaz de incluir y comunicarse con los mundos de individuos que en apariencia tendrían poco en común: los lectores. Para que lectores de edades, geografías y contextos completamente diversos puedan identificarse en un mismo texto literario es necesario que dicho texto contenga una riqueza expresiva lo suficientemente poderosa para lograrlo. Ejemplos de obras así hay muchos           —aunque cada vez más raros— y solemos llamarlos clásicos (La Odisea, las obras de Shakespeare, El Quijote, etcétera). To Kill a Mockingbird es uno de ellos. La historia, entramada con mucho cuidado, el suspenso, la estructura, los diálogos, la profundidad de sus personajes y una cosmovisión que persigue la autocrítica como forma reflexiva y necesaria de toda sociedad son algunos de sus atributos.

Una mujer, Scout, es la narradora de la historia; una mujer que recuerda cuando era niña y sitúa casi arbitrariamente el inicio de una serie de eventos cuyo centro es el juicio en contra de Tom Robinson, un hombre negro que fue acusado de violación. El abogado defensor en este juicio es Atticus Finch, el padre de la niña, a quien en cierto momento es reconocido como «alguien que es igual en su casa que en la calle», lo que es mucho más de lo que se puede decir de la mayoría de las personas. El lugar en donde ocurren las acciones de la novela es un pequeño pueblo: Maycomb, Alabama. La novela apareció en 1960, pero la historia está ubicada entre 1933 y 1935, durante la Gran Depresión en Estados Unidos.

El juicio en contra de Tom Robinson es, como he mencionado, lo que está en el centro de la ficción, pero también es el punto de reunión de las historias que conforman la vida de Maycomb y, bien ponderado, de casi toda la sociedad occidental. Historias de racismo, misoginia, segregación, crecimiento y aprendizaje se entrecruzan con la sutileza de estar convocadas en un pequeño poblado, casi como si estas vidas y estas historias no supieran toda la fuerza que contienen. Esta novela es una crítica social y también es una novela feminista, una novela histórica, tiene un sustrato poscolonial y también es una novela de formación (i.e. una Bildungsroman). En sus temas están la amistad, el amor, la solidaridad de un pueblo, la injusticia, la infancia… hay poco (si lo hay) que se escape a este mundo narrado.

Que Harper Lee esté viva para ver que Go Set a Watchman, su manuscrito, ha sido recobrado; que éste sea la precuela de To Kill a Mockingbird; y que nosotros tengamos la oportunidad de leer su continuación, cincuenta y cinco años después, es digno de celebrarse. Y también es motivo de disipar un poco esta gran nube de polvo que tantas novedades y premios suelen dejar consigo.

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Gerardo Piña escribe narrativa, poesía y teatro. Su publicación más reciente es Estación Faulkner (AUIEO/CONACULTA: 2013).  Actualmente imparte talleres de escritura creativa y es profesor de asignatura del ITESM Campus ciudad de México.

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