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Ideas para el xix | Autobiografía

Por Luz América Viveros

La autobiografía, como una forma de lectura y escritura, fue uno de los géneros que más tardíamente aparecieron en la producción latinoamericana.  Si bien hay excepciones brillantes de su irrupción pública desde el virreinato, su emergencia fue –excepto en Argentina, donde se publicaron desde la primera mitad del siglo– un fenómeno finisecular.

Para observar la lenta construcción de un marco discursivo que permitiera no sólo la escritura sino, principalmente, la publicación de textos considerados del ámbito privado e íntimo, conviene más referirse a un «espacio autobiográfico» (Catelli, 2007; Arfuch, 2002) que a géneros específicos.  Memorias, diarios íntimos, autobiografías, autorretratos, relatos de viaje, epístolas, entrevistas, son algunos de los géneros en los que el autor se autofigura y elabora una imagen de sí mismo; pero, a diferencia de la novela, el pacto de lectura referencial asumido por autor y lector da singularidad a este discurso.

Dicho contrato de lectura identifica al yo textual con el yo del autor, quien comparte identidad con personaje principal y narrador, y que desde un funcionamiento pragmático permite al lector recibir el texto bajo un pacto de autenticidad que, aunque ha sido puesto en entredicho por Paul de Man (1991) –que lo asocia a la prosopopeya–, Nora Catelli –quien habla de impostura–, y otros más, no obsta para que sea leído con atributos de verdad; es decir, aunque utiliza recursos y estrategias de relatos ficcionales, no suele ser leído como ficción.  Tanto es así que las desviaciones suelen subrayarse como mentiras o imposturas, categorías que refuerzan el estatuto pragmático de autenticidad, pues en el espacio ficcional no podría hablarse en esos términos.

Argentina es el país con más larga tradición autobiográfica (Prieto, 1966); en el resto de Latinoamérica la publicación de las escrituras del yo estuvo asociada a la egolatría y el mal gusto hasta las últimas décadas del siglo. El relato de viajes es, tal vez, el género en el que el yo comienza a abrir un espacio original desde el segundo tercio del siglo; las epístolas y los diarios íntimos quedaron mayormente desconocidos y luego destruidos; en tanto las memorias y autobiografías comenzaron a publicarse en forma continuada sólo en las últimas tres décadas decimonónicas.  No es que no hubiera textos anteriores, se subraya aquí la emergencia del espacio autobiográfico como la tendencia –no el caso aislado–, la publicación continuada, la transformación histórica del modo de lectura (Williams, 1997).  A modo de ejemplo, en Chile se pude identificar como iniciadores a José Victorino Lastarria, quien publicó unos Recuerdos literarios (1878), y a Vicente Pérez Rosales, con sus Recuerdos del pasado (1814-1860) (1882), y actualmente hay un estudio de Lorena Amaro (2011) sobre un corpus de 70 autobiografías y memorias en el campo literario chileno (1891-1925).  En la tradición mexicana fue importante Impresiones y recuerdos (1893), precoz autobiografía de Federico Gamboa, en la que se autofigura como donjuán y amante de prostitutas. Tras Gamboa, José Juan Tablada comenzó su diario; Juan de Dios Peza publicó en la prensa sus Memorias de treinta años (1899-1901), Guillermo Prieto comenzó a escribir, en 1889, sus Memorias de mis tiempos (1906) publicadas póstumamente, y Antonio García Cubas fue publicando y finalmente compiló El libro de mis recuerdos (1905), entre algunos otros ejemplos.

Pero evidentemente, la tradición más fuerte es la argentina con una amplia lista de memorias políticas, militares, literatura de evocación poética de la niñez, anécdotas de viajes, literatura epistolar y, propiamente, memorias y autobiografías, desde las meramente justificativas de una actuación militar o política, hasta las literarias, de la pluma de Domingo Faustino Sarmiento, Florencio Varela, Bartolomé Mitre, Juan Bautista Alberdi, Vicente Fidel López, Vicente Quesada, Santiago Calzadilla, Carlos Guido y Spano, Lucio V. Mansilla, José Antonio Wilde y Miguel Cané.

Uno de los estudios más importantes de las características del género en Hispanoamérica fue el publicado por Sylvia Molloy (1991) y una visión panorámica reciente es la de Catherine Aristizábal (2012). Queda como provocación, la necesidad de un estudio que explique el cambio –cultural, civilizatorio, humanístico, literario, artístico– que propició dicha emergencia del género para Hispanoamérica.
Referencias:

Amaro Castro, Lorena (2011). «Que les perdonen la vida. Autobiografía y memorias en el campo literario chileno». Revista Chilena de Literatura (Universidad de Chile), 78, abril, pp. 5-28.
Arfuch, Leonor (2002). El espacio biográfico. Dilemas de la subjetividad contemporánea. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.
Aristizábal, Catherine (2012). Autodocumentos hispanoamericanos del siglo XIX. Fuentes personales y análisis histórico. Hamburger Lateinamerikastudien, Berlin.
Catelli, Nora (2007). En la era de la intimidad. El espacio autobiográfico. Beatriz Viterbo Editora, Rosario, Argentina.
Man, Paul de (1991). «La autobiografía como desfiguración», en La autobiografía y sus problemas teóricos. Traducción de Ángel G. Loureiro. Suplementos Anthropos, Barcelona, pp. 113-118.
Molloy, Sylvia (1991). At face value: autobiographical writing in Spanish America, traducido en 1996 como Acto de presencia. La escritura autobiográfica en Hispanoamérica. Traducción de José Esteban Calderón; revisada y corregida por la autora con la asistencia de Jessica Chalmers y Ernesto Grosman. El Colegio de México – Fondo de Cultura Económica, México.
Prieto, Adolfo (1966). La literatura autobiográfica argentina. J. Álvarez, Buenos Aires.
Williams, Raymond (1997). Marxismo y literatura. Prólogo J. M. Castellet. Traducción Pablo di Masso. Península, Barcelona.

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Luz América Viveros. Investigadora del Seminario de Edición Crítica de Textos, del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Doctora en Literatura Hispánica por El Colegio de México. Ha rescatado dos obras de Ciro B. Ceballos: Panorama mexicano 1890-1910 (memorias) y En Turania (retratos literarios); ha preparado en coautoría ediciones críticas de dos novelas de José Tomás de Cuéllar: Las jamonas. Secretos íntimos del tocador y del confidente, y Las gentes que «son así».  Actualmente prepara la edición de las memorias: Mis contemporáneos de Juan Sánchez Azcona y finaliza la edición del volumen Arte, viajes y diversiones (1880-1895), del proyecto Obras de Manuel Gutiérrez Nájera.  Se encuentra en prensa El surgimiento del espacio autobiográfico en México.

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