Crítica de narrativa

Las proximidades de una tumba

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J.M. Servín

D.F. Confidencial, crónicas de delincuentes, vagos y demás gente sin futuro

Almadía

2010

Por Guillermo Fajardo

@GJFajardoS

A ciertas ciudades hay que tratarlas como si fueran revelaciones diarias. J.M Servín (Ciudad de México, 1962) ha logrado en D.F. Confidencial, crónicas de delincuentes, vagos y demás gente sin futuro, relatar las muchas aproximaciones, los muchos ángulos obtusos y las mismas alcantarillas, vasos rotos, meadas, oficios como puerta de entrada a la supervivencia, chilangos desconfiados e historias trágicas con la punzada inevitable de comedia. Quien pretenda conocer la ciudad de México tendrá que pasar por pruebas invisibles que no a pocos sorprenden.
La violencia figura entre la serie de encuentros memorables porque nos anuncia un tipo de catástrofe superior. No la violencia física sino la callejera, la que destartala los intentos de sofisticación y modernidad y nos regresa a un mundo antiguo y original. Sorprenden estas crónicas por la originalidad con la que retratan el mal fario por el que millones de personas pasan día a día. Lo que el libro de Servín hace –y hace muy bien– es invitarnos a vislumbrar un hoyo negro: es decir, acariciar las zonas púberes de una anatomía citadina disfuncional y las áreas sagradas de algo inconmensurable. Después de leer estas crónicas la sensación de pequeñez persiste y las dudas afloran: ¿cómo escapar de los clichés a la hora de describir el monstruo inaplazable, la mano corrupta, la necesidad actualizada? ¿Qué parte de la ciudad narrar: el goteo constante de promesas incumplidas, los núcleos poblaciones cada vez más cohesionados so pena de perecer o una política pobre rellenada de imágenes igualmente pobres?

«Muchos informan, pocos narran» dice Servín como una forma de regaño a los que han sucumbido a la tentación de escribir datos como si ellos mismos fueran la llave absoluta para la comprensión de los puentes, las historias, la lista interminable de pendientes o la zozobra epidérmica –porque es tan obvia que la mirada de cada quien revela sus profundidades– del transeúnte dejado a la mano de los otros. Servín narra lo que puede y lo intenta descifrar, quiere darle un sentido a lo que ha encontrado a las tres de la mañana alrededor de unas cervezas que pronto se acabarán, de personajes para los que el fin de semana es la oportunidad áurica para redimirse, de una ciudad travesti que requiere de la corrupción de su imagen para entenderse.

Algunos toques de teorías para explicar nuestro caos: «La contaminación del aire podría ser causante de la apatía ante la impunidad»; una explicación sobria para comprender nuestra conducta: «El hombre no es malo por naturaleza pero cómo disfruta mantenerse en estado salvaje»; la degradación por excelencia: «El ala norte y oriente de Palacio Nacional están repletas de desarrapados, malvivientes y gente de voluble moralidad y economía. Se trata de un amasijo maleable y peligroso pues su energía y metas diarias se concentran en no caer aún más bajo de lo que ya está». Para el habitante de la ciudad de México estas crónicas confirmarán lo que ya sospechaba: que el lugar donde habita es tan camaleónico que más vale contenerse ante la esperanza de asignarle un solo color. El receptáculo de Servín no es la mirada y ni siquiera la memoria sino la sensación de ser apenas un punto contenido por la barbarie.

¿Cómo recrearse sin caer en el exceso de nadar entre las venas del smog? Porque hay que hablar de muladares, borrachos, tugurios, animales muertos, personajes increíbles: la hazaña de llegar a casa sano y salvo es uno de los atributos más perversos de una ciudad que se ha salido de control y que nadie parece –ya ni para qué– arreglar.

Hay ciudades que más bien nos acercan a la posibilidad secreta de encontrar entre sus ruidos algún diálogo coherente: las crónicas de Servín hilan la cofradía de imposibilidades que se han vuelto reales, masa informe que ha esnifado cocaína a través de sus edificios y los intentos fútiles de una autoridad predispuesta al caos: cacofonía expuesta de una ciudad poco cordial hasta para quien, resuelto y asustadizo, ha intentado encontrarle un destino. D.F. Confidencial es la parte narrada de algo que no puede ser.

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