Crítica de ensayo

No te preguntes qué pueden hacer los mercaderes de arte por ti

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Javier Toscano

Contra el arte contemporáneo

Tumbona Ediciones

2014

Por Ricardo Milla

La actividad del artista despierta recelo porque perturba la comodidad,
la seguridad de la opinión unánime, porque es a la vez cara y gratuita,
y porque la nueva sociedad que busca encontrarse a sí misma
a través de distintos regímenes aún no ha decidido qué pensar.
Roland Barthes

Si vas a una galería y sales con más de lo que traías al entrar entonces es arte.
Si sigues pensando en lo que viste una semana después es arte. Si sales y lo olvidas, no lo es.
Damien Hirst

Básicamente un artista es un fabricante de objetos de lujo y no creo que pueda ser algo más.
Hagas lo que hagas todo va a parar a un mercado que no difiere mucho de los muebles de colección,
sólo que a diferencia de ese mercado en particular aquí se precisa un fuerte soporte literario
como validación del objeto… Cualquier arte crítico queda así bajo sospecha
puesto que cuanto mayor sea el impacto de la crítica mejor rentabilizaremos el producto.
Santiago Sierra

En épocas complicadas como ésta (o más críticas como el nazismo o el estalinismo, por ejemplo) nunca faltarán grandes obras de arte que sobresalgan de las cotidianamente realizadas (y promocionadas) por los mediocris habilis y nos enriquezcan.

En su libro El secreto de la fama, Gabriel Zaid comenta que «las grandes obras (famosas o no) son un milagro», y además, reitera que «la conversación sobre las grandes obras puede ser, en sí misma, un milagro creador». Por supuesto, grandes obras ha habido antes, durante y después del sistema económico neoliberal que (con justa razón) tanto preocupa a Javier Toscano. Dicho sea de paso, resulta imperante mencionar que durante 2013 las transacciones visibles que se facturaran alrededor del arte contemporáneo ascendieron a mil millones de euros. Esto se caracteriza, entre otras cosas, por «la privatización de los beneficios y la socialización de las pérdidas».

El libro Contra el arte contemporáneo publicado en la colección «Versus» de Tumbona Editores, puede leerse como un manifiesto de 85 páginas donde conviven (en orden de aparición): Bernard Stiegler, Jean-François Lyotard, Luigi Amara, Franco Berardi, Marcel Duchamp, Sylvère Lotringer, E. H. Gombrich, J.M. Keynes, Daniel Grant, Patricia Cohen, François Pinault, Charles Saatchi, Victor Pinchuk, Tadao Ando, Frida Kahlo, Cuauhtémoc Medina, Blanca González, Sergio Aguayo, Taiyana Pimentel, Teresa Uriarte, Avelina Lésper, Georges Didi-Huberman, Jean-Luc Godard, Holland Cotter, Octavio Paz, Phillippe Collin, Michel Sanouillet, Elmer Peterson, Jean Baudrillard, Boris Groys, Andy Warhol, Martin Heidegger, París Hilton, Kim Kardashian, Marshall McLuhan, Guy Debord, David Antin, Alex Katz, Ernst Kantorowicz, Bruce Nauman, Ian Wallace, Russell Keziere, Luis Camnitzer, Ronald Reagan, Margaret Thatcher, Diedrich Diederichsen, Hans Ulrich Obrist, Christian Boltanski, Bertrand Lavier, Étienne de la Boétie, John Locke, Adam Smith, David Ricardo, Karl Marx, Arquímides, Henri Lefebvre, Friedrich Engels, Gabriel Zaid, Montaigne, James Joyce, Bill Gates, Steve Jobs, Mark Zuckerberg y John F. Kennedy.

En su breve pero concienzuda revisión de la historia reciente del sistema del arte contemporáneo, uno de los actores principales del reparto anteriormente enunciado es Marcel Duchamp. Partiendo de él y pasando por Warhol y Nauman, Toscano recapitula y analiza transiciones fundamentales (y sus respectivos efectos) en dicho sistema como la del homo sapiens al homo videns; del know how al know who; y del complejo de Edipo al complejo de Narciso. Y en este punto es útil recordar las palabras de Marc Fumaroli:

Siempre he atribuido a Duchamp la responsabilidad de ese hechizo al revés que metamorfoseó, a escala mundial, las carrozas en calabazas y, de manera inversa, las latas de sopa Cambell en obras maestras de museo y salas de ventas. Los ready made los inventó el diablo. Pero el dandy Duchamp se guardó de sacar partido del hallazgo en inglés que le valió la admiración de damas estadounidenses y coleccionistas neoyorkinos. Los verdaderos beneficiarios de esa brillante idea fueron los machacones a escala industrial del pop art, inventado en Londres y Nueva York, los Lichtenstein y los Warhol, que pasaron de la idea al acto. La sociedad de consumo, su producción en serie y sus consumidores son el Salón y la Academia de la democracia estética contemporánea.

En su viaje a las entrañas del arte contemporáneo, da la impresión de que el autor sobreestima el papel de los coleccionistas, las directivas de los museos e instituciones, los curadores, los galeristas, la prensa, los fundraisers y los críticos en detrimento de los artistas, ese «mal necesario» (las comillas son mías) que a pesar de todo, sigue siendo la sangre que hace funcionar el sistema (para bien y para mal).

Toscano subestima a los beneficiarios colaterales (los espectadores) de las obras de arte contemporáneo que si bien son motivo de especulación, lavado de dinero y trofeos para las vitrinas de los nuevos ricos, son también algo más. Es decir, no todos necesitamos tener cientos de miles de dólares para patrocinar, promover y/o comprar, por ejemplo, la instalación «You» (2007) del artista suizo Urs Fischer, como tampoco tuve que ir a verla físicamente a Gavin Brown Enterprise; con observar las fotos en revistas e internet tuve suficiente para imaginarla dialogar con otras 2 obras: «Earth Room» (montada por primera vez en 1968) del estadounidense Walter de María (que tampoco tuve que patrocinar, promover, comprar ni visitar) y «Exposing the Foundations of the Museum» (1986) de Chris Burden. Los museos no sólo son una «bodega bancaria», como escribió Pablo Helguera, ni un mausoleo: en ocasiones son más que una casa, un hogar o en otras un orfanato generoso que nos permite conocer y dialogar con grandes obras de artistas del pasado o del presente.

Por otro lado, el libro de Toscano puede leerse también como un exhorto a cobrar plena conciencia de los tiempos oscuros que vivimos donde la frivolidad y la banalización son la norma en la estructura cultural neoliberal y hace un llamado a artistas de todas las latitudes a plantar cara a este círculo vicioso para intentar por lo menos agujerar el tapón que nos impide ver a los otros y a nosotros mismos tal cómo somos y que, como escribió Antonio Machado, «confunde valor y precio». El llamamiento a los artistas es para que, a contracorriente de las prácticas narcisistas, elaboren proyectos que «más que pertenecer, buscan descubrir; más que apantallar, intensificar; más que contender, dislocar y transmutar la cualidad de sus vínculos intrínsecos, para contextualizar después los exteriores», según las palabras del propio Toscano.

________

Ricardo Milla (ciudad de México, 1974). Entre sus exposiciones individuales más recientes destacan: «Del Error de Diciembre de 1994 al Horror de Septiembre de 2014», estudio de Marco Alvarado, 2014, Durango, México; «La Estética de la Estática», Instituto Cervantes de Nueva York, 2013; «Paridad», Biblioteca Central del Instituto Tecnológico de Durango, México, 2011. Exposiciones colectivas recientes: «Retratos y retratados», Casa de la Cultura de Tabasco en la Ciudad de México, 2013; «Memoria ausente», con Marcela Armas, Christian Saucedo y Ricardo Salcido. Plaza IV Centenario, Durango, México, 2013; «Cálculo diferencial», Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, 2010. Su página personal es http://laesteticadelaestatica.com/

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