Artículos/Diccionario | Ideas para el siglo xix

Ideas para el xix |Trata negrera y abolición de la esclavitud en el Caribe

(Las islas que no se repiten)

Por Mabel Cuesta

No ocurrió después de la revolución haitiana –tal y como se hubiera esperado tras los ríos de sangre francesa que corrieron por la media isla y el modo en que los colonos sobrevivientes salieron en diaspóricas desbandadas hacia las tierras vecinas. Llevando con ellos la memoria vívida de los incendios y el despojo. Tampoco gracias a las intensas campañas que a partir del último cuarto del siglo xviii protagonizaban algunos de los más fervientes abolicionistas ante el Parlamento inglés. La total abolición de la esclavitud en el Caribe fue un proceso lento, gradual y desigual que culminó casi cien años después de sus primeras clamores. Siendo Puerto Rico (1873) y Cuba (1886) las últimas colonias que se vieron liberadas de tal ejercicio de brutalidad y poder.

Luego de siglos en donde la mano negra ensangrentada por el látigo del capataz, el mayoral, el patrón, fuera casi exclusivamente la única responsable de la producción tabacalera y azucarera en las islas, el saldo que la trata negrera y la consecuente esclavitud dejaron en el área fue de millones de africanos de diversas procedencias perecidos en los campos y ciudades donde fueran sometidos y violados por un incesante malvivir. El proceso de abolición, devino pues, asunto urgente y de profunda ponderación para los sectores ligados a la economía de plantación, el Estado y, sobretodo, para los mismos esclavos.

Inglaterra estableció un ritmo en el proceso abolicionista que, lenta mas continuadamente, siguieron otras metrópolis esclavistas. Sin embargo, resulta importante destacar que dicho proceso en el Caribe presentó un escenario multiforme en el cual intervinieron factores de todo tipo y no los estrictamente económicos como se suele argüir. Como elemento culminante para ese devenir desgarradoramente lento hay que subrayar tanto las campañas de sensibilización civil como el nacimiento de la Sociedad Abolicionista en Londres. Aunque las primeras peticiones al Parlamento inglés con el propósito de anular el comercio de esclavos en 1783 y 1787 no surtieron los efectos deseados, los protagonistas de esas campañas no desmayaron y mediante la influyente figura de William Wilberforce en 1791, la Cámara de los Comunes votó a favor de la abolición gradual de la esclavitud.

Un retroceso importante, sin embargo, lo protagonizan los propios ingleses cuando a propósito de la revolución en Haití y por la participación que Inglaterra tuvo en el proceso, aquellos avizoraron un posible y nuevo acaparamiento del mercado del azúcar que se consumía en el viejo mundo. Por otra parte, la prohibición del comercio esclavista marcaría solo el comienzo de la lucha por la libertad absoluta de los esclavos. Y es que no se puede pasar por alto el profundo estancamiento económico que para entonces experimentaban las colonias británicas, francesas, danesas y holandesas en la producción azucarera. Todo ello incidió por una parte en el debilitamiento y a la vez en la justificación del sistema esclavista.

El alto costo de la producción, sumado al rezago tecnológico en las plantaciones hicieron del otrora rentable comercio uno incompetente en el contexto imperial internacional. Todo el siglo xix aparece recorrido por altibajos estrepitosos de la producción azucarera y por ende sus precios en el mercado fluctúan de manera atemorizante, especialmente para quienes cuentan sus dividendos a partir de la sangre, el látigo y el horror de las plantaciones y barracones de esclavos. Las colonias francesas muestran pavorosos patrones de estancamiento. Las importaciones hacia las colonias británicas disminuyeron en un 25% en las segunda y tercera décadas del siglo y es por ello que para 1848, abolen, por fin, la esclavitud en sus territorios. Sólo Cuba y Puerto Rico parecen experimentar un despunte en la producción luego de la estrepitosa caída del azúcar en Saint Domingue en 1804. Despunte que alimentaría la resistencia de España a liberar a estos hombres y mujeres que tal y como reza en un conocido poema de la cubana Nancy Morejón sólo podían entender el mundo de esta manera:

Anduve.
Esta es la tierra donde padecí bocabajos y azotes.
Bogué a lo largo de todos sus ríos.
Bajo su sol sembré, recolecté y las cosechas no comí.
Por casa tuve un barracón.
Yo misma traje piedras para edificarlo,
pero canté al natural compás de los pájaros nacionales [1].

A partir de 1823 y gracias a la Society for the Mitigation and Gradual Abolition of Slavery se establecieron medidas que abogaban por una mejoría de las condiciones de vida y trabajo de éstos hombres, se contaban entre ellas: exigir a los dueños llevar un registro de los castigos; establecer mecanismos para que pudieran comprar su libertad por medio de un sistema de coartación semejante al establecido en las colonias españolas; permitirles prestar testimonios en las cortes locales; prohibir el uso del látigo contra ellos en el campo; concederles adquirir propiedades; un día de descanso semanal y evitar la fragmentación familiar.

Pero nada fue bastante justo y el compás de espera se hizo excesivamente largo. Revoluciones independentistas hubo de haber en Cuba y Puerto Rico y que los propios colonos criollos entendieran que aquel brazo que habían castigado podría ser el mismo que les ayudara en su voluntad de liberarse de la metrópoli común. Proceso yuxtapuesto y ambiguo fue aquel en el cual se pretendía proteger los intereses, primordialmente, de los hacendados propietarios; pero en donde sin duda se conjugaron factores de índole política, económica, social y humanitaria que forjaron el camino para la ilegalización de la esclavitud. Ilegalidad que aún hoy no garantizó la erradicación de sus lastres. Son las lágrimas que viven -aunque invisibles- en el vasto mar de los sargazos.

[1] Fragmento del poema de Nancy Morejón «Mujer Negra». Tomado de Cuerda veloz: antología poética, 1962-1992. La Habana: Letras Cubanas, 2002.

Referencias

Anstey, Roger. The Atlantic Slave Trade and British Abolition 1760-1810. Atlantic Highlands, New Jersey, Humanities Press, 1975.

Moreno Fraginals, Manuel. El ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1978.

Williams, Eric. Capitalism and Slavery. The University of North Carolina Press, Chapell Hill & London, 1944-1994.

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Mabel Cuesta es profesora asistente del departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Houston, especializada en literatura caribeña. En el 2012 publicó su libro Cuba post-soviética: un cuerpo narrado en clave de mujer por la editorial Cuarto Propio, en Chile.

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