Crítica de narrativa

Autorretrato de familia con perro, de Álvaro Uribe

image_1165_1_237052

Álvaro Uribe, Autorretrato de familia con perro, Tusquets

 

Autorretrato de familia con perro
Álvaro Uribe
Tusquets
México, 2014

Por Pablo Ramírez Morales

Después de leer El taller del tiempo y Morir más de una vez, Álvaro Uribe (1953) se volvió uno de mis escritores más admirados, por su capacidad para encontrar el origen de los conflictos; por lo cuidadosamente pulcro y seductor de su prosa, palabras exactas que generan la cercanía, la distancia y la intensidad requerida en cada ocasión; por sus estructuras narrativas construidas a partir de pasajes fragmentarios, pero que no dejan cabos sueltos y que le dan al lector la oportunidad de unir los puntos y ver la película completa. Es un autor que domina su oficio y que trabaja con la precisión del relojero: cada palabra es un engrane que se mueve en función de las anteriores y embona en el desarrollo de las posteriores.

En Autorretrato de familia con perro, Uribe regresa a algunos temas ya abordados en sus obras anteriores, así como a sus manías estructurales y estilísticas. Explora las relaciones familiares como el origen de los peores traumas personales y, por tanto, de conflictos literariamente explotables; aquí se centra en la relación entre hermanos y de éstos con la madre, mientras que en El taller nos narra el mano a mano que se libra entre el padre y el primogénito. Asimismo, recurre a la estructura fragmentaria, a las diversas voces narrativas, a los puntos de vista divergentes de los personajes que intervinieron, en mayor o menor medida, en el desarrollo de la trama, como fue el caso de las dos obras que mencioné al principio.

Los hermanos Alberto y Adán Urquidi nos cuentan la historia de su madre, Malú; pero al mismo tiempo, nos cuentan la suya propia, la tortuosa relación entre hermanos gemelos y las inevitables comparaciones, sobre todo las de Malú, quien de manera caprichosa tuvo siempre preferencia por Alberto, debido a la azarosa circunstancia de ser siete minutos mayor. Pero para el retrato de la madre, intervienen algunas de sus amigas, su amante, sus empleadas, sus nueras y sus nietas, cada quien aportando su perspectiva sobre la personalidad y las desavenencias de la retratada. En pocas palabras, Malú fue siempre una mujer acomplejada que quiso aparentar lo que no era; además de una madre desigual en el cariño hacia sus hijos, quienes sostuvieron una lucha permanente por ser el preferido, confrontación que se extendió hasta la construcción del texto, en el que, en capítulos alternados, uno desmiente al otro sobre la exactitud o veracidad de sus testimonios.

Autorretrato mereció el prestigiado Premio Xavier Villaurrutia (2014); si bien dicho galardón es de “Escritores para Escritores”, para los lectores no pasa de ser una novela entretenida, bien escrita, con algún sentido del humor, pero que se queda muy corta con respecto de las expectativas generadas por las obras anteriores de Uribe. Y lo que pasa es que es una novela demasiado escritural, en la que la metaliteratura es demasiado preponderante y, por tanto, obvia, característica que al parecer fue de todo el agrado del gremio. Pero a un lector común, más bien, le estorban los guiños autorreferenciales, sobre todo cuando son tan evidentes, así como la reflexión en la propia obra con respecto de su construcción o los cuestionamientos en la propia obra alrededor de la veracidad de la voz narrativa; vamos, que al lector común no le interesa ver las costuras de la trama, como no le interesa que se le vean a un traje, por más vanguardista que sea, según el sastre.

Desde mi punto de vista, la falla en la ejecución de la novela radica en que Uribe ya agotó los recursos que le habían funcionado tan bien en sus obras anteriores: la estructura fragmentaria y la polifonía de voces. En Autorretrato se repiten y, por tanto, se malogran, aún cuando intenta darles un giro y llevarlos un paso más allá: las diversas voces que componen los fragmentos, además de contarnos su pedazo de historia, dialogan, se contradicen, se refutan, se mientan la madre, pero no implícitamente o a través de apreciaciones divergentes, sino directamente, refiriéndose unos a otros, como si estuvieran frente a frente en una mesa redonda. Sin embargo, más allá de dotar a la narración de una textura más espesa, la estructura cae en la autocomplacencia, en el regodeo escritural y en el error de levantar la manga para enseñar el truco antes de ejecutarlo.

Uno de los mayores aciertos de El taller es que le permite al lector encontrar por sí mismo las divergencias entre los puntos de vista de los involucrados, así como unir los puntos. En Autorretrato el narrador nos los explica y los hace evidentes, no sea que se nos vayan a escapar. Al principio de cada capítulo en el que interviene directamente alguno de los hermanos, nos ha de explicar la función en el relato, tanto en el devenir de la trama como en su construcción, del testimonio inmediato anterior de alguno de los personajes secundarios. Como si quisiera que lo acompañáramos en la construcción del andamio narrativo, lo cual puede resultar interesante e ilustrativo para otro escritor, pero no estoy seguro que para el lector común, salvo, quizá, que la historia lo justifique y lo demande.

Sin embargo, a mi parecer la cátedra de escritura no sólo resulta odiosa y pedante, sino que además entorpece la funcionalidad de la trama, se vuelve un obstáculo en el correr del relato. En este caso, la estructura provoca que los testimonios sean bastante lejanos, narrados desde la distancia y que sólo nos cuentan por encimita cómo conocieron y qué tan íntimamente al personaje central de la novela, en las diversas etapas de su vida. Al final del día, el lector no acaba nunca de conocer bien a Malú, sino que sólo sabemos lo que los otros pensaban de ella. Sin embargo, para conocer el origen de su extravagancia, los motivos íntimos de su descarada preferencia por uno de sus hijos, hubiera sido necesario dejarla hablar directamente, o bien que los testigos, incluyendo a Alberto y Adán, nos contaran con pelos y señales las situaciones que pasaron con Malú.

No obstante y contrario a sus libros anteriores, en vez de abrir las tripas de los conflictos a través de escenas vívidas y diálogos descarnados, Uribe prefirió regodearse en la estructura de su novela y explicarnos su construcción pieza por pieza, además de abusar de las referencias a sí mismo, incluso con citas y pies de página que remiten a otros de sus libros y artículos. El resultado es un libro para escritores, pero que al lector lo deja más o menos igual que antes de abrir la tapa con el retrato del perro.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s