Artículos/Diccionario | Ideas para el siglo xix

Ideas para el XIX: el cosmopolitismo

Litografía, Manuel Lascano

Litografía, Manuel Lascano

Por Kristen Meylor Turpin

A lo largo del siglo xix, el cosmopolitismo –tanto como filosofía abstracta como práctica concreta– se popularizó y se insertó en el imaginario colectivo. La idea del cosmopolitismo fue tan amplia que abarcó cuestiones políticas, éticas y estéticas (muchas veces al mismo tiempo). Por esa flexibilidad retórica, la élite letrada recurrió al cosmopolitismo para pensar los debates más urgentes de la época: ¿qué distingue a las nuevas naciones hispanoamericanas de España? ¿Cuál es la relación entre Hispanoamérica y el mundo? ¿Cómo se puede definir la especificidad de lo hispanoamericano dentro de una modernidad supuestamente universal?

A principios de siglo, la idea del cosmopolitismo seguía la definición elaborada por Jean-Jacques Rousseau, Denise Diderot e Immanuel Kant durante la Ilustración. Por ejemplo, Simón Bolívar en su «Carta de Jamaica» (1815), entiende el cosmopolitismo como un modelo no violento de diplomacia internacional. Más precisamente, Bolívar defiende una organización interamericana que una todas las naciones sudamericanas. Se clasifica esta unión como «cosmopolita» por su capacidad (idealizada) de trascender –sin negar– las diferencias lingüísticas, culturales y étnicas que podrían comprometer la cohesión política del continente. De esta manera, el cosmopolitismo es «lo que puede ponernos en actitud de expulsar a los españoles y fundar un gobierno libre» (Bolívar 86). Tanto para Bolívar como para los escritores modernistas de fin de siglo, la política cosmopolita se opone al imperialismo.

Un año después, en su famosa novela «nacional» El Periquillo Sarniento (1816), el escritor mexicano José Joaquín Fernández de Lizardi propone sutilmente una política cosmopolita. El cuarto volumen toma como base la filosofía cosmopolita de la Ilustración para criticar la violencia nacionalista que caracteriza a las guerras independentistas. Según esta línea de pensamiento, el cosmopolita es quien se distancia de su patria y se identifica como ciudadano del mundo. Este proceso es impulsado por la ética del relativismo cultural. Es decir, el cosmopolita niega clasificar una cultura nacional como «superior» o «inferior» a otra. Bajo esta perspectiva relativista y tolerante, el cosmopolita admite la necesidad burocrática del estado-nación sin dejar que la identidad nacional sea pretexto para el prejuicio, la violencia o el tratamiento injusto de otros seres humanos.

Definir la relación entre cosmopolitismo y nacionalismo fue una preocupación central a lo largo del siglo. En El Periquillo Sarniento, el cosmopolitismo viene después del nacionalismo y lo trasciende; en el ensayo finisecular de José Enrique Rodó, Ariel (1900), el cosmopolitismo precede al nacionalismo y lo constituye. Rodó recurre al cosmopolitismo para establecer la «índole perfectamente diferenciada y autonómica» que, según el autor, les faltaba a los hispanoamericanos de su momento (Rodó 37). Es notable que el cosmopolitismo de Rodó destaca el componente indígena de «nuestro carácter colectivo»; el cosmopolitismo permite valorar la diversidad étnica dentro de la unidad continental, y por eso es “una irresistible necesidad de nuestra formación” (Rodó 37).

En 1891, José Martí también sigue la filosofía cosmopolita al definir la identidad de «Nuestra América». A diferencia de Rodó, Martí piensa que la identidad hispanoamericana ya es inherentemente cosmopolita: «Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España» (Martí 164). En contraste con Rodó, Martí cree que el cosmopolitismo –entendido como la importación indiscriminada de modelos extranjeros– fragmenta y confunde la identidad continental. Por ende, Martí propone cambios políticos y reformas educativas que permitirían consolidar la identidad americana ante el avance del imperialismo norteamericano. Cuando haya intelectuales nativos que conozcan los diversos pueblos de «Nuestra América» y gobiernen según sus particularidades, se alcanzará «la unión tácita y urgente del alma continental» (167).

«Nuestra América» gira alrededor de un debate fundamental del modernismo hispanoamericano: ¿cuándo imitar lo extranjero? ¿Qué tanto inventar lo nuestro? Los escritores modernistas como Rubén Darío, Manuel Gutiérrez Nájera y Enrique Gómez Carrillo (para mencionar solo algunos ejemplos) cultivaron una estética cosmopolita en su poesía y su prosa. Es decir, combinaron los elementos del arte internacional que consideraron relevantes para desarrollar la expresión hispanoamericana. La estética cosmopolita que caracteriza el modernismo constituye un modelo de imitación creativa: no se trata de importar el decadentismo, el simbolismo, la mitología griega ni la filosofía alemana en su totalidad sino desmontar estos modelos «universales» y fusionarlos creativamente con los originarios del lugar. La estética cosmopolita define cómo consumir la cultura extranjera para producir la cultura hispanoamericana. Al mismo tiempo, el cosmopolitismo modernista forma parte de los debates sobre la literatura mundial, que se multiplicaron a fines del siglo xix.

De Simón Bolívar a Rubén Darío, el cosmopolitismo es una idea que emerge en diálogo con el nacionalismo, el imperialismo, el concepto del «mundo» y la noción de la modernidad. Para todos, el cosmopolitismo ofrece una manera de articular una identidad nacional y/o continental completamente opuesta a la colonial. A pesar de sus diferencias, estos discursos cosmopolitas convergen alrededor de algunas ideas fundamentales: la asociación del cosmopolitismo con la paz y la armonía; la cuestión ética de cómo tratar el Otro; la denuncia del eurocentrismo y del nacionalismo, cuyas operaciones hegemónicas marginalizan las naciones hispanoamericanas; y la tensión constante entre definir lo particular y participar en lo universal. En conclusión, las aplicaciones éticas, estéticas y políticas del cosmopolitismo formaron la idea de Hispanoamérica en el xix.

Referencias:

Bolívar, Simón. «Carta de Jamaica». Doctrina Del Libertador. Ed. Manuel Pérez Vila. 3rd ed. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho, 2009. 66–87.

Fernández de Lizardi, José Joaquín. El Periquillo Sarniento. Ed. Carmen Ruiz Barrionuevo. Madrid: Cátedra, 1997.

Fojas, Camilla. Cosmopolitanism in the Americas. West Lafayette, Ind.: Purdue

University Press, 2005.

Martí, José. Ensayos y crónicas. Madrid: Cátedra, 2004.

Rodó, José Enrique. Ariel: liberalismo y jacobinismo: ensayos. 10th ed. México: Editorial Porrua, 2005.

Siskind, Mariano. Cosmopolitan Desires: Global Modernity and World Literature in Latin America. Evanston, IL: Northwestern University Press, 2014.

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Kristen Meylor Turpin es candidata a doctora en Literatura Comparada por la Universidad de Pennsylvania. Se especializa en la narrativa y el teatro hispanoamericano del siglo xix. Su proyecto actual caracteriza la representación no alegórica del cosmopolitismo y del trasnacionalismo durante el romanticismo. Kristen Meylor Turpin ha presentado su trabajo en congresos internacionales y en el Centro Nacional de Investigación Teatral «Rodolfo Usigli» (CITRU) en la ciudad de México.

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