Entrevista

Entrevista a María Andrea Giovine |La configuración del sentido poético

María Andrea Giovine

María Andrea Giovine

Charlamos con María Andrea Giovine acerca del sentido poético, sobre las distintas implicaciones que tiene en la actualidad y, sobre todo, para clarificar las características y los términos de las múltiples facetas e identidades de la poesía en el lenguaje.

¿Qué entiendes actualmente por poesía? ¿Tiene sentido todavía leer y escribir poesía en un mundo que se muestra indiferente ante esta práctica?

Me parece muy pertinente el uso del adverbio «actualmente» en la formulación de la pregunta, pues, es indudable que, de todos los géneros literarios, la poesía es quizás el que más rostros distintos tiene en la actualidad. Yo entiendo la poesía como un proceso único de configuración de sentido, como un ejercicio discursivo y estético cuyo fruto principal es hacernos ver el mundo de otra manera. Cuando Pellicer dice «Tiempo soy entre dos eternidades», nos está haciendo pensar en nuestra condición de sujetos en el mundo de una manera única. ¿Cuántas páginas de un tratado filosófico se necesitarían para llegar a esa misma conclusión? Si bien es cierto que la poesía no es el género más taquillero (por decirlo de alguna manera), siempre habrá lectores de poesía. No creo que se pueda generalizar que el mundo se muestra indiferente ante esta práctica. La poesía, como manifestación artística, tiene un lugar muy claro en el mundo y es tan necesaria y tan significativa como la narrativa, la pintura, la escultura, el cine, la música.

¿Cuál pudiera ser una noción convencional de poesía? ¿Hasta dónde es posible extender dicha noción?  

Creo que una noción convencional y al mismo tiempo vigente de poesía es la de Vicente Aleixandre. Para él, la poesía es una sucesión de preguntas planteadas por el poeta. En este sentido, la poesía se entiende como revelación, como descubrimiento, como arqueología de la palabra. Me parece que es una noción que se puede extender porque en la raíz de lo poético existe siempre una pregunta, una pregunta sobre el sentido, sobre la eufonía, sobre la figuración, sobre la realidad y la palabra. Todas las facetas de lo poético, desde las más convencionales hasta las más experimentales, híbridas y vanguardistas tienen en su centro precisamente una pregunta o una sucesión de preguntas.

Entendemos que a diario se redefine la práctica poética, pero, ¿acaso existe algún límite explícito que nos ofrezca claridad en su definición?

Como decía al inicio, la poesía es quizás el género que más rostros distintos tiene. Desde principios del siglo xx hasta la fecha, ha mutado y se ha ido modificando más que a lo largo de varios siglos. Las diversas prácticas experimentales la han dotado de múltiples facetas e identidades —podríamos pensar en la poesía visual, la poesía concreta, la poesía fonética, la poesía sonora— que no dejan de cuestionar los límites mismos del lenguaje y de la significación. Para mí, la poesía tiene que generar una tensión de sentido a partir de la palabra, de modo que yo sí fijaría el límite de la poesía en el lenguaje, es decir, en mi opinión, la poesía sin palabras (como es el caso de la poesía semiótica) ya establece una distancia importante con la función y la identidad mismas de la poesía.

¿Cuáles son las prácticas poéticas más novedosas actualmente y qué pretenden generar?

No sé si el adjetivo «novedoso» sea el más preciso. Actualmente, me parece que se pueden destacar, por un lado, las prácticas performativas, que devuelven la poesía a un ámbito de la oralidad que siempre le fue propio y que había caído en desuso y desde ahí generan nuevas preguntas y, por otro, las prácticas con distintos soportes, entre ellos el digital, que nos remite a la vinculación de la poesía con diversos materiales y que relacionan la palabra poética con la pintura, la escultura, el diseño, la imagen y hacen de estas prácticas híbridas espacios mixtos e intermediales de significación. Creo que estas prácticas poéticas pretenden generar preguntas y experiencias estéticas, como siempre fue el caso de la poesía; no creo que la meta haya cambiado, aunque sí han cambiado las rutas, los mapas y las coordenadas.

¿Existe algún enfoque que proponga un diálogo más directo entre poetas y público, es decir, alejado de prácticas ensimismadas o herméticas?

Creo que hoy en día muchos poetas —y artistas en general— se preocupan porque su práctica estética no sea hermética ni exclusivista; quieren interlocutores, buscan comunicar. Existen grupos de trabajo, como el Laboratorio de Literaturas Extendidas y Otras Materialidades (LLEOM), del cual soy miembro, que buscan un acercamiento interdisciplinario y abierto que genere un diálogo flexible entre creadores y públicos. Para ese fin, por ejemplo, LLEOM organiza derivas y caminatas con artistas, entre otras actividades. Además, me parece que la red también ha hecho posible la generación de nuevas dinámicas de circulación artística que han enriquecido la relación entre creadores y públicos.

Atendiendo a tus intereses, ¿desde qué postura crítica o receptiva abordas la poesía?

Como lectora de poesía, me interesa en particular la poesía latinoamericana y mexicana; por cuestiones de mi formación, también he estado muy cercana a la poesía francesa. Pensando en mi quehacer académico, una de mis líneas de investigación principales es la de las poéticas visuales, así que me interesa abordar la poesía desde nociones como la visualidad, la espacialidad, la intermedialidad, la interartisticidad y las retóricas híbridas.

Nos queda claro que internet no sólo ha cambiado la poesía, sino que también ha logrado que los distintos formatos y modos de leer poesía evolucionen. En este sentido, ¿son los programadores poetas del presente?, ¿cuál es la relevancia de la poesía digital?

Cuando hablamos de poesía digital no nos referimos a los poemas de discursividad convencional que están antologados en sitios de Internet, sino a poemas que capitalizan los recursos del entorno digital (como la imagen, el sonido, el movimiento, la hipertextualidad, la transmedialidad) para generar experiencias estéticas que no sería posible trasladar al papel sin perder su esencia. En este sentido, la poesía digital exige un lector participativo, que interactúa en mayor o menor medida en la reconfiguración del poema y que tiene una experiencia de lectura multidimensional y sinestésica. No sé si los programadores son los poetas del presente, pues, en realidad, la mayor parte de las obras de literatura electrónica son fruto de la colaboración, es decir, no es que el programador ahora sea poeta ni que el poeta tenga que expresarse en lenguaje de programación (aunque hay casos destacadísimos en que una misma persona sí reúne ambas funciones, como Eugenio Tisselli en el caso de México). Sin embargo, es incuestionable que, en la poesía digital, la programación se vuelve parte medular del proceso creativo. Así como el poeta que publica en papel siempre ha tenido que trabajar de la mano del editor para acordar la puesta en página del poema (como elemento plenamente significativo), hoy en día, los poetas digitales tienen que pensar en términos de programación para lograr la puesta en pantalla de sus textos. Son procesos editoriales en evolución constante. En mi opinión, la relevancia de la poesía digital consiste en ofrecer a los lectores una experiencia poética multisensorial y dinámica, en donde el movimiento de las palabras y las formas que constituyen el poema se convierte en uno de los rasgos más emblemáticos de la poesía digital, entendida como una práctica de configuración de sentido de la palabra poética en movimiento.

¿Cuál es el papel del poeta en la era digital?

Creo que el papel del poeta sigue siendo el mismo, sin importar el medio en que se exprese ni el soporte que emplee: hacer surgir preguntas desde el lenguaje y revisitar la realidad, re-presentarnos el mundo enriqueciendo y renovando nuestra mirada. El poeta es vocero y faro y el poeta digital creo que lo es indudablemente.

¿Hasta dónde es posible reconocer un acercamiento o un distanciamiento entre poeta y lector a propósito de las prácticas de experimentación poética en tanto sofisticación?

Creo que en la historia de la poesía contemporánea algunas prácticas de experimentación pudieron resultar demasiado cifradas o ensimismadas. Atendiendo a eso es posible hablar de un alejamiento entre poeta y lector. No obstante, las prácticas experimentales por lo general tienen el efecto de desacralizar la poesía, de modo que, por otro lado, invitan al lector a entender lo poético desde muy diversos territorios y, con ello, puede darse un acercamiento entre poeta y lector.

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María Andrea Giovine es Doctora en Letras por la UNAM (2012), Maestra en Literatura Comparada por la misma institución (2007) y Licenciada en Traducción por la Universidad Intercontinental (2003).

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