Sáb. Abr 25th, 2026

La primera vez que Colombia mató a esa mujer fue cuando no hubo cita disponible, la segunda fue cuando tampoco hubo medicamento, la tercera fue cuando la EPS la remitió a otro lado y ese otro lado tampoco tenía cupo. Y la cuarta fue cuando murió esperando, y el gobierno salió a decir que la reforma de salud iba por buen camino.

El sistema de salud colombiano cerró el año 2025 con pérdidas de 7,3 billones de pesos. La peor crisis financiera de su historia. El patrimonio negativo del sistema llegó a niveles que ningún experto creía posibles hace apenas tres años. Las EPS intervenidas, las clínicas cerrando, los médicos sin pagar, los medicamentos sin llegar.

¿Quién paga el precio más alto de ese colapso? La mujer.

Porque es ella la que lleva los hijos al pediatra. La que agenda la cita de ginecología y espera tres meses. La que cuida al anciano en casa porque el hospital no tiene cama. La que se levanta a las cuatro de la mañana para hacer la fila antes de que abra el centro de salud y aún así le dicen que no hay médico.

La mujer es la usuaria más frecuente del sistema de salud colombiano. Y es la más golpeada cuando ese sistema colapsa.

Gustavo Petro llegó al poder prometiendo una revolución en salud. Prometió acabar con la intermediación de las EPS. Prometió un sistema más humano, más cercano, más justo. El resultado es el opuesto: más deuda, más desabastecimiento, más colombianos sin atención, más mujeres muriendo de enfermedades que con una cita a tiempo se habrían curado.

Abelardo de la Espriella lo viene advirtiendo: no se puede destruir un sistema sin tener uno mejor listo para reemplazarlo. Eso no es defender a las EPS. Es defender a la mamá que no puede llevar a su hijo enfermo a ningún lado porque el gobierno destruyó lo que había sin construir nada a cambio.

Las Mujeres Patriotas saben que la salud no es un debate ideológico. Es la diferencia entre vivir y morir. Y en Colombia hoy, esa diferencia depende de si tuviste suerte con la EPS o no.

Eso no es un sistema de salud. Es una ruleta rusa.

Por Valentina