Criticar la crítica/Entrevista

Criticar la crítica: entrevista con Brenda Ríos

Brenda Ríos

En esta ocasión presentamos la entrevista con Brenda Ríos (Acapulco, 1975). Cabe mencionar que la participación de la ensayista, poeta, traductora y crítica forma parte de la serie “Criticar la crítica”, un espacio en el que se privilegia el diálogo y la discusión acerca de el “estado actual de la crítica literaria en México”.

 Hay muy buenas profesoras en las facultades de letras en el país, quizá deban salir de sus cubículos y mostrar lo que se debate en clase.  Hay escritoras de ficción que podrían aventurar la crítica. No sé por qué hay pocas, quizá porque se rinden de antemano…

¿Acaso existe algo así como un estado de la crítica literaria actual? Si fuera así, ¿cuál es?

¿En crisis? A veces creo que comenzamos en el siglo XIX y aprendemos a definir qué somos. A quién queremos parecernos ahora… somos herederos de una vieja costumbre: la crítica es reseña entre amigos. El halago, la celebración, son monedas corrientes y eso pervierte los modos en que leemos. No hay, como apostaba Machado de Assis, una crítica que atice al escritor a ser mejor, a decirle por dónde, de dónde. Y para qué.  Me gusta mucho la postura de Gabriel Zaid, de Jorge Ibargüengoitia, decir las cosas como va. Eso hace falta.

Si hay una nueva manera de leer, acudiendo a los nuevos dispositivos de lectura, ¿consideras que existan o deban existir nuevos modelos de crítica?

Sí hay nuevos modos de leer, claro. Los dispositivos electrónicos, los epub, la lectura en línea nos permite una lectura más dispersa. Una cosa nos lleva a la otra. Los hiperlinks ya no son mentales, ahora queremos que Google nos ayude en los gaps mentales. Somos flojos, pero más informados. Y eso de la información es nuestro mito nuevo. Queremos saberlo todo, aún cuando no importe: la estadística es una tomada de pelo. Pero ahí vamos, a darle click a lo que nos dicen que es lo del día.

¿Crees que sea necesario establecer diferencias entre la crítica académica y el periodismo cultural? ¿Cuáles serían sus puntos de contacto o de qué manera podrían conciliarse?

La crítica académica debería ser algo terrenal. Con ello quiero decir que los profesores e investigadores piensen en otros. Suena básico pero parece imposible.  Recuerdo con terror los congresos literarios, deberían formar parte de los círculos de tortura, gente que habla de libros que sólo ellos quieren leer. Los académicos, con honrosas y valientes excepciones, se miran las agujetas o las uñas pintadas. Investigaciones interminables que no le interesan a nadie.  Se les olvida algo, que es invitar a leer, ayudar a leer, ayudar a poner en contexto la obra literaria, están ahí para ampliar la comprensión. Pero la dinámica universitaria ha creado un sistema de premios y estímulos que hace que el investidagor esté preocupado por otras cuestiones. Lo que es una pena y una gran pérdida para todos: estudiantes y lectores en general.

Ahora, el periodismo cultural es como el sitio de la política cultural que a su vez es la división de las aguas.  No sé ni qué decirte.  No tenemos en México una tradición que logre que un lector cualquiera lea un libro y mande su reseña espontánea al periódico y éste la publique, por decirlo así.  En nuestro país todo parece ser pelea de calle.  Burda, sucia y muy local.  En eso hay una gran ventaja de las redes sociales: cualquiera puede opinar y pelearse en corto sin mayores aspavientos.  Toda la energía se va en «desmantelar» al enemigo o en «construir» al amigo.

En una de las entradas de esta serie, Jorge Téllez cuestiona: “¿no existen mujeres que escriban crítica literaria en México? Si tomáramos esta sección de entrevistas como una muestra, parecería que no”. Y agrega lo siguiente: “urge que nuevos espacios como éste reflexionen y pongan en duda el esquema literario machista que predomina actualmente, para incluir voces que comúnmente no se incluyen en otros medios”. ¿Qué opinas con respecto a este comentario?

Que tiene razón, claro.  Mira, a mí me gusta pensar que la escritura no tiene sexo salvo el que se narra ahí dentro.  Que hay buenos y malos escritores siendo hombres y mujeres.  Que haya menos mujeres dedicadas a la crítica literaria, es otro asunto, en comparación con qué: ¿a las mujeres que escriben poesía o narrativa? ¿a las que son arquitectas? ¿a las ingenieras? Hay muy buenas profesoras en las facultades de letras en el país, quizá deban salir de sus cubículos y mostrar lo que se debate en clase.  Hay escritoras de ficción que podrían aventurar la crítica. No sé por qué hay pocas, quizá porque se rinden de antemano… Admiro la agudeza e inteligencia de Susan Sontag, Virginia Woolf, Sarlo, por decir algunas… en el país la crítica hecha por mujeres pasa por una especie de edificio en construcción: Bradu, por ejemplo, se desplaza entre el análisis y la biografía, asunto que no siempre resulta bien. Pienso en esa biografía-ensayo sobre Arredondo que hace Claudia Albarrán y es un claro ejemplo de ello: a las mujeres hablar sobre mujeres les gana el ímpetu de heroicidad.

¿Cuál es el lugar de la reseña en el panorama de la crítica? ¿Qué tan pertinente es hoy?

La reseña se agradece, es la sala de la casa de la crítica: por algún lado hay que empezar.  Se divide en dos: la que muestra lo que es la obra y la que va más allá y se atreve a generar puntos de partida.  A proponer y a hacer justo eso: criticar/sopesar dicha obra en su contexto, tiempo y proyección.

¿Hay lugar para nuevos críticos a partir de la reseña?

Claro. No pueden estar separados.  Aunque se detesten son buen matrimonio.

¿Cuál es la relación de la crítica literaria con los hábitos sociales actuales?

Necesita ponerse las pilas. Hacer crítica no es un ejercicio de superioridad ni moral ni estética: el crítico sabe que el lector podría saber lo mismo que él, entonces ya no es luz de pasillo ni de infiernos enteros, es sólo una persona que ayuda al otro a ver los interruptores.

Ante la percepción de la crisis de los géneros literarios como denominación, ¿cuál es la función de la crítica?

La crítica es lo que propone Wilde: creación. Tan importante como la obra misma es la obra que resulta de la correspondencia, de la respuesta.  Uno debería estimular al otro: crítico-artista.  Si se nos olvida esto la crítica es trabajo infructuoso, innecesario, porque no pone a pensar a nadie.  La crítica debe poner en su lugar como lo hacía Machado de Assis con Eça de Queirós: apurarlo, a decirle cuando bajaba de nivel, a jalar las orejas.  De qué otro modo, se preguntaba, podría el autor recordarse a sí mismo.

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Brenda Ríos (Acapulco, 1975). Editora. Escritora.  Radica en la ciudad de México. Se ha mudado de casa ocho veces. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía «Ignacio Manuel Altamirano» 2013. Ha sido becaria de los programas de Residencias Artísticas FONCA-CONACYT (Brasil, 2011), FONCA-Jóvenes Creadores (2009-2010), Programa de Estímulos a la Creación Artística-Guerrero (2010), Fundación para las Letras Mexicanas (2003-2004). Es autora de los libros Las canciones pop hacen pop en mí. Ensayos sobre lo cotidiano, lo ridículo y lo grotesco, IVEC, Xalapa, 2013;  Empacados al vacío. Ensayos sobre nada, Calygramma, Querétaro, 2013;  El vuelo de Francisca, Pehuén, Chile, 2011;  Del amor y otras cosas que se gastan por el uso. Ironía y silencio en la narrativa de Clarice Lispector, Tierra Adentro-f,l,m., 2005.
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