Crítica de narrativa

Falsa liebre, de Fernanda Melchor

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Fernanda Melchor
Falsa liebre
Almadía
2013

Por Cristian Lagunas

Resulta ingenuo creer que la literatura es un nicho de comodidad: cuando la usamos como conducto de huida, cuando creemos estar lejos del punto de arranque, en estado de inercia, dispuestos a recibir las palabras una tras otra, se nos traiciona. De pronto la ficción parece una ampliación de la realidad inmediata y nos obliga a confrontarnos con ella, por mucho que giremos la vista. Más que una observación a distancia, algunos textos se asemejan a un viaje turbulento.

Así sucede con Falsa liebre (Almadía, 2013), primera novela de Fernanda Melchor. Su lectura implica olvidar todo eufemismo e introducirse en un universo que tiene la violencia como eje de rotación. Ambientada en los barrios marginales de una ciudad tropical, sigue a cuatro personajes cuyas vidas –determinadas en gran parte por el contexto que los rodea– corren paralelas hasta confluir en un agitado final, producto de sus crisis emocionales.

Andrik, un jovencito que se prostituye para sobrevivir, es secuestrado por un hombre que se ocupa de explotarlo sexualmente al interior de una casa cerrada con hermetismo. Su relación, navegante entre el sadismo y la cotidianidad recién instalada, es construida por Melchor con particular cuidado, hasta desembocar en el Síndrome de Estocolmo que trastorna a Andrik de manera inesperada, de tal forma que la tensión entre estos personajes funciona como un gancho para atrapar al lector.

Zahir también está subyugado por una vieja que se aprovecha de su vulnerabilidad para maltratarlo. Obeso y aparentemente torpe, decide escapar de su prisión para buscar a Andrik, a quien considera su hermano, entre las inciertas calles de una ciudad poblada de basura y pajarracos. Es notable su evolución, que desde una posición pasiva avanza hacia un descubrimiento fundamental: Zahir empieza a utilizar la violencia física como estandarte y móvil para subsistir.

Vinicio y Pachi, unidos por lazos fraternales, deciden tomarse la tarde libre, entre cerveza y marihuana, para huir de sus conflictos. Pachi se enfrenta a la adultez prematura y se hace cargo de una esposa y una niña a quienes no soporta. Vinicio se recupera de un doble golpe: el dengue y la muerte de su padre, que lo llevan a estar encerrado en una habitación, dudando constantemente acerca de sí mismo.

El punto fuerte de Falsa liebre son las descripciones: la autora no teme mostrar con punzante realismo la ciudad que, cual anillo asfixiante, se cierra sobre sus personajes y no les permite salida. Por el contrario, algunas interacciones entre ellos son menos inquietantes, pues rayan en la sensiblería. Aun así, esto último puede funcionar a su favor: en una atmósfera turbia, necesitada de mimetismo, Melchor muestra que es capaz de formar una coraza que a ratos se remueve y muestra lo vulnerable.

Con esta novela el lector, sin duda, se obliga a confrontarse con la ficción: no hay comodidad ni salidas de emergencia, sólo la constante sensación de vértigo. Sin amortiguamiento, Fernanda Melchor presenta un debut que estremece y noquea.

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Cristian Lagunas (Metepec, Estado de México, 1994). Estudia la licenciatura en Letras Hispánicas en la UAM Iztapalapa. Participó en la antología 25 golpes de suerte, publicada por Lectorum en 2013. Sus textos exploran las posibilidades del lenguaje como sistema creador de vertientes narrativas.

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