Entrevista/Teatro mexicano

Teatro mexicano actual: entrevista con Bárbara Colio

Colio_

Cerramos la serie sobre teatro mexicano actual con la entrevista a una destacada dramaturga contemporánea, Bárbara Colio, para quien los investigadores teatrales miran al pasado e imaginan el futuro sin pensar en el presente. Ha sido verdaderamente grato traer esta serie para todos nuestros lectores.

Por Iltze Bautista

¿Pero una fuerte presencia de crítica teatral en México? ¿Sin maniqueas tendencias a solamente encumbrar o anular? ¿Por qué no se escribe sobre la última publicación de El Milagro o La Capilla o Libros de Godot en periódicos y revistas? ¿Por qué los medios de circulación nacional reducen cada vez el espacio para el teatro? Los espacios se abren a razón de la fuerza de lo que existe.

¿Se puede hablar de un estado del teatro mexicano? De ser así, ¿cuál es su situación actual?

Más que describir un «estado», podría describir una imagen de cómo veo la situación del teatro mexicano actual: desperezándose luego de una larga siesta.

¿Qué sucede con la crítica de teatro en México?

Considerando al teatro como un todo que va desde la concepción de la idea germinal hasta su materialización y contacto con el público, la crítica, ergo, el análisis, el punto de enlace entre el arte y su efecto en la sociedad, es el eslabón más débil. Con el tiempo le faltó renovarse. No está a la altura de lo que se genera de teatro en México. México, el país. La pluma del que observa y puede desentrañar peculiaridades del texto, analizar separadamente la propuesta de montaje, el trabajo actoral, conjugar el todo, pensar en el impacto, pertinencia o inutilidad que puede causar un espectáculo en el aquí y ahora, no son virtudes que aparezcan muy a menudo en la crítica actual en México. Hay excepciones, sí. Pero para un país que produce teatro en cada uno de sus 32 estados, las excepciones no son suficientes.

Actualmente, los blogs independientes de comentarios teatrales están a la alza. Personas interesadas en el teatro que han decidido compartir sus opiniones en el ilimitado espacio del internet. Y son los que van. A los que se les ve en cada espectáculo. Van. Cosa que los críticos oficiales han dejado de hacer. Estos blogueros van, lo ven, lo fotografían, lo promocionan, han cubierto un necesario aspecto para la promoción teatral: la reseña.

¿Pero una fuerte presencia de crítica teatral en México? ¿Sin maniqueas tendencias a solamente encumbrar o anular? ¿Por qué no se escribe sobre la última publicación de El Milagro o La Capilla o Libros de Godot en periódicos y revistas? ¿Por qué los medios de circulación nacional reducen cada vez el espacio para el teatro? Los espacios se abren a razón de la fuerza de lo que existe.

¿Cuál deber ser el papel del Estado hacia las artes escénicas?

Es función del Estado el apoyar y promover la cultura, el deporte, la salud. Son derechos ciudadanos. Existen programas que sustentan dicho apoyo. El problema surge cuando estos programas se vuelven demasiado paternalistas, dictatoriales, caprichosos, absolutos e incluso, vigilantes de lenguajes  artísticos. Y lo más grave, es que el artista lo permita.

México está algo atrasado en el establecimiento de mecanismos fiscales que soporten y fomenten la apertura de espacios independientes, extremadamente indispensables para un teatro saludable. No hablo de becas a través de Conaculta, si no de excepciones de ley que estimulen su creación, así como la participación de la empresa privada en estos espacios donde puedan mantener sus propias políticas, visiones y propuestas artísticas, sin la mano del gobierno sobre ellas.

¿Cómo se ha modificado la escritura dramática a partir del cruce de disciplinas artísticas? ¿El teatro sigue contando historias?

El teatro desde siempre ha cruzado, mezclado, creado, alterado, transgredido cualquier tipo de disciplina artística. Nadie está encontrado el hilo negro ni rompiendo paradigmas en México. El que lo pregone hace meramente un asunto de mercadotecnia para atrapar a despistados. El teatro, y por eso lo prefiero ante todo, puede hacer cualquier cosa que le plazca.

¿Se puede hablar de un teatro de riesgo o se trata del riesgo de hacer teatro?

El riesgo está en decidir hacerlo. Y una vez dado ese paso, el riesgo no te abandona. Desde el riesgo de escribir desde lo que eres, y luego exponerlo a una multitud de extraños; el riesgo de convocar a otras personas a que donen su tiempo, psique y energía a unos meses de ensayo en que no puedes ofrecerles un pago; el riesgo a abrir el resultado a un público que no se sabe a ciencia cierta si irá a verlo o no; al riesgo de pasar inadvertido o por un golpe de suerte volverte un clásico e irte de gira por Europa. No sé si la palabra «riesgo» es la correcta, es más bien incertidumbre, apuesta, pie al vacío, creación. Un estado que se asume será así, desde el momento en que decides entrarle.

Existen creadores escénicos que aseguran que el proceso de escritura no se completa hasta que se ha llevado a cabo la puesta en escena, ¿es cierto? ¿Por qué?

Se termina un texto y se termina un mundo, un universo. Ahí está, contenido.  Y luego será explorado, descubierto por miradas distintas, pero el universo es. De eso es de lo que uno se debe ocupar en la escritura, en sustentar ese mundo, en darle la fortaleza dramática necesaria para que emerja en cualquier lugar, con cualquier gente, en cualquier idioma.

En ese segundo toque de vida que tiene el texto dramático, al enfrentarse con su proceso de montaje, claro, ocurre el choque con lo humano: los creativos, los actores; surgen espacios, territorios que pueden ser amoldados como las capas de la tierra en un sismo. Pero el universo sigue siendo.

Se escribe para la escena, y eso se sabe desde el instante mismo de crear una nueva obra. Y el dramaturgo debe estar cerca de ella, como ningún otro. Estar tan cerca de la realidad que vive el mundo como de la ficción que el mundo genera.

¿Es el teatro un nicho olvidado para la crítica y la investigación? De ser así, ¿a qué se debe y cómo puede rescatarse?

Para el primer grupo, ya está dicho antes. Para el segundo grupo, mi impresión a corta distancia, es que a la investigación teatral en México le gusta enfocarse en los muertos. Ver hacia el pasado, imaginarse un futuro, no voltear a menudo horizontalmente hacia lo que sucede en este momento.

Algunas veces, los investigadores se comportan distantes. Por ejemplo, me he topado con varios escritos sobre mi trabajo, donde asumen o deducen mi postura como autora. Nunca le atinan, pero tampoco me la han preguntado, si aquí estoy.

¿Qué le hace falta al teatro en México?

Saber conectarse con el público. Saber colocarse como un bien cultural para el ciudadano común. Saber acercarse. Saber empoderarse. Saber salir de sí mismo.

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Bárbara Colio es autora de Pequeñas certezas, Cuerdas, Usted está aquí, Carnada, El día más violento entre otras. Sus obras han sido llevadas a escena en diversos puntos de México, Estados Unidos, España, Inglaterra, Francia, Italia, Argentina y Perú. Le ha sido otorgado el Premio Nacional de Dramaturgia de Bellas Artes, el Premio Nacional Víctor Hugo Rascón Banda, el Premio a Mejor Obra Periodística, y el Premio Internacional María Teresa León para Autoras Dramáticas 2004 en España, entre otros. Ha sido escritora residente de Escuela de Letras de Madrid, The Royal Court Theatre en Londres, en Writer’s Room y Lark Play Development Center en Nueva York, y por el Fondo Iberoamericano Iberescena para la Creación Dramática en España. La Compañía Nacional de Teatro de México ha montado sus obras en dos ocasiones. Si sitio web es: http://www.barbaracolio.com/

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