Crítica de poesía

Dos libros de A.E. Quintero | El taxista saca su pene & La telenovela de las cuatro no se detendrá porque alguien logró matarse

el taxista

El taxista saca su pene (Praxis, 2014)

Por Ismael Lares

Tenemos dos libros que bien pudieran formar parte de un solo volumen, al menos, el eje temático así lo indica. En ambas publicaciones hay poemas destacables y otros no tanto. A mi ver, hizo falta rigor en la selección; aun así, no me atrevería a señalar una falta de visión por parte del autor. Al contrario, tal vez mis limitaciones como lector no me permiten valorar a cada libro en su justa dimensión. La voz de este poeta nacido en Sinaloa destaca por su cercanía al hecho cotidiano. En ambos libros percibí una tensa calma. En estos poemarios de A. E. Quintero se vive, indudablemente, una experiencia de realidad, hasta el punto de convertirla en eje fundamental de su poética. Lo cotidiano aquí es el lenguaje.

Mientras leía La telenovela de las cuatro no se detendrá porque alguien logró matarse (Simiente, 2014) enfrenté una sutil franqueza. Los versos de Quintero no hacen aspavientos, son sugerentes, van dirigidos al centro de la diana que representa el lector. Y no me refiero a ese hipotético personaje vilipendiado por unos y sobreestimado por otros. No. Hablo del autor como lector de sí mismo.

Los poemas de Alfredo E. Quintero —quien firma abreviando tanto nombre como apellido paterno— crean su propia noche. Cantan a los monstruos de la infancia que jamás concluye, porque carece de importancia si uno es adulto, pues la hora más oscura no respeta edades. Al transcurrir la lectura distinguí los posibles motivos que llevaron al autor a firmar con abreviaturas. Percibo la reticencia de quien prefiere lo materno por encima de lo paterno. Y es claro, pues, el apellido Espinosa nos remite al aliento masculino de la paternidad. Por ejemplo, en el poema intitulado «No supimos si decidió quedarse» Espinosa Quintero asesta contra la figura del patriarca:

Y mientras tocaba el pene justo de mi padre Lot
y lo introducía por mis mojados pliegues hasta donde
los ojos se cierran,
imaginaba desnudos a los pecadores hombres
de Sodoma
ardiendo,
los imaginaba ardiendo

No es gratuito que haya desconsuelo en sus palabras:

Y no hay un hacia dónde.
Acudir a la infancia
es regresar vacío
y sin infancia: adulto,

que es la peor manera
de despertar por las mañanas.(26)

Espinosa Quintero registra en La telenovela… su desnudez. Cada verso es un avance, y esto lo sabe muy bien, conoce su oficio, decide no voltear. ¿Hacia dónde se dirige? En realidad a ningún lado, él simplemente quiere cruzar una puerta para ser otro. Y esta es una de las bondades que experimenta el poeta, no por nada el primer epígrafe que encontramos al abrir el libro —de Josep M. Rodríguez— marca una ruta: «cruzo una habitación y soy otra persona».

La voz poética cree que vive huyendo cuando en realidad, permanece. Piensa en la vida, pero juega a morir. Fantasea con escapar del clóset. Y aunque tenga certeza de vacío, prefiere imaginar que detrás de la puerta o la ventana siempre hay luminosidad.

Porque quisiera creer
que no soy el único que vive huyendo

y que la felicidad
es una palabra posible.(11)

La novela de las cuatro no se detendrá porque alguien logró matarse retrata el lado terrible de la cotidianidad. Todo un hilo conductor: revelar. El poeta descubre que es naufrago de sí mismo, está solo, y en su soledad reconoce que desaprender implica  romperse.

Éste soy yo,
me digo cada mañana.(66)

Para Quintero la hoja en blanco es una pista de aterrizaje, la poesía representa una posibilidad de sanar en un presente que se prolonga de manera insoportable. Al final de cada poema surge una pregunta: ¿y después qué? Da la impresión de que sus poemas no pueden estar sino pensados desde la orfandad. Es posible comentar que Espinosa Quintero, por un lado, aborda el tema de la homosexualidad con devoción y ternura, y por el otro, con irreverencia y delación. Para mí resulta inevitable asociar a Quintero con las figuras de Bohórquez y Novo. Con ambos comparte el vicio por hacer mella en la conciencia del lector; además, provoca con sarcasmos y agudas observaciones a quien aterriza entre sus versos; resulta lúdico e incómodo para las hipócritas conciencias.

Supongo que un frutal
es un árbol bien casado. Y un sauce llorón
es un árbol afeminado, un árbol marica
(me han enseñado de los que lloran),
y no sabría cómo tratarlo.
Prefiero la noche. Ese vicio mío
en el que todos los árboles son iguales:
llorones o no,
afrutados o no,
iguales.(77)

Por su parte, la factura de El taxista saca su pene (Praxis, 2014) es igual de trasgresora y estimulante que La telenovela… En este otro concierto de poemas el sinaloense olfatea la vergüenza y el asco que algunas personas experimentan cuando iluminan el secreto cariz del otro. A. E. Quintero se transforma en un gallito doble que nadie quiere comer porque les da asco.  Aquí una muestra intitulada:

Y un gallo así
doble
con sus dos picos decidiendo por separado, buscando en el polvo,
debe sufrir mucho.
Qué pena daba que no se pusiera de acuerdo.
Le quitaron el cuello a ambos. Al gallito doble.
Y nadie se lo quiso comer. Les daba asco.(9)

Finalmente, descubrí en ambos poemarios una deteriorada figura paterna, y también, por qué no decirlo, las confesiones de un autor que se deja seducir incluso por ese placer paterno de aplastarlo todo.  Poeta del abandono y escritor temeroso de la muerte, Quintero habla desde su cándida fragilidad, muestra el sentido de su existencia en esa búsqueda permanente que es la otredad. Algunas veces llega a ser delicado pero injurioso, como un sueño que no teme convertirse en pesadilla. Así es la poesía del sinaloense, a veces intercala recuerdos sobre su infancia, y rastrea religiosamente aquel difuminado ideal masculino, para luego apagar las luces y llenar de piedras los zapatos del lector. Incomoda. Nada de lo que versa es ajeno a los ojos de los hombres ni de las mujeres, y se abre a nosotros como un armario que muestra las versiones más discretamente reveladoras de su interior.

__________

Ismael Lares (Durango, 1979) es crítico y ensayista. Publicó un artículo sobre el escepticismo y lo místico en José Revueltas en El vicio de vivir (Tierra Adentro, 2014), volumen editado por Vicente Alfonso. Asimismo, es autor del libro Abigael Bohórquez. La creación como catarsis (ensayo, Tierra Adentro, 2012).

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Un pensamiento en “Dos libros de A.E. Quintero | El taxista saca su pene & La telenovela de las cuatro no se detendrá porque alguien logró matarse

  1. Qué estúpida reseña. No entiendo por qué alguien compra un libro para hablar mal de él, y menos decir ambiguedades. Si vas a decir que a un libro le faltó rigor en la selección pues di por qué, explica, convence. Pues no eres autoridad en la materia como para que porque lo dices tú así sea. Quién eres tú o qué Ismael Lares. Es mi poeta preferido y creo que no deberías comprar un libro de poemas de un autor de gran prestigio sólo para desacreditarlo y así acreditarte tú.
    Por eso esta página nadie la visita.

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