Crítica de narrativa

Me acusan de ser antifeminazi

Feminazis

Sidharta Ochoa

Historia de las feminazis en América

Editorial Piedra de Cuervo / Disculpe las Molestias Ediciones

2013

Por Cristian Lagunas

¿Es necesaria la corrección política en la literatura? Tal parece que, hoy, es necesario seleccionar las palabras con pinzas para no ser objeto de enredos y censura. Antes de leer Historia de las feminazis en América escuché el comentario de alguien que acusaba a la autora de cometer un acto ruin e imperdonable al colocar una palabra tan peyorativa y poco informada en su título. El comentario fue respondido con una serie de diatribas y llamados a no leerlo, a ignorarlo y a colocarlo en el fondo de la estantería. Ninguno de los asistentes a semejante festín pensó que encontraría en los personajes de Sidharta Ochoa un calco casi idéntico de él mismo y de los actos fanáticos que, con dosis equilibradas de humor y crítica, son ridiculizados en esta serie de cuentos.

Nada más tergiversado que creer que se trata a secas de un ataque contra el feminismo o contra los movimientos sociales. En realidad, la cuestión feminista sólo aparece un par de veces y entre las preocupaciones que muestra Ochoa en este libro se encuentra la de advertir el peligro que implica llevar las ideologías al extremo, a la práctica cruel. Así, el cuento de apertura relaciona el totalitarismo de Cuba, lugar a donde viaja la protagonista, con el cambio social que busca un grupo de mujeres, el Colectivo Feminazi, al cercenar y asesinar a mujeres hermosas. Se lee: «la mujer atacada no era la víctima sino ellas, todas ellas, feministas […] Siempre elegían mujeres de pechos grandes, no porque les resultaran atractivas sino porque sus pechos eran un insulto.»

De tal forma, el fanatismo deriva en cliché: «Después de no tener suficiente papel para limpiarme el trasero, empecé a deprimirme. […] Olvidé el asunto habanero pensando que todo arte revolucionario deviene souvenir.» Sidharta Ochoa retrata también los efectos que pueden tener las ideologías torcidas, por ejemplo en «El cosmos habla» donde la narradora recuerda su infancia en un campamento para seguidores de Osho, alienados, debatidos entre el encuentro con su ser y la destrucción del otro. «Abandonaré la tierra o un primer lamento» surge de las consecuencias producidas por fenómenos como la explotación, la globalización y el comercio de armas desde Estados Unidos, orígenes de la violencia y el cambio social en una pequeña ciudad.

La idea de la migración y el hallarse en puntos intermedios es también abordada con recurrencia: «Telescopio» plantea un fatídico escenario en el que los habitantes de un complejo habitacional observan a través de dicho instrumento una proyección idealizada en el muro que divide la frontera entre ellos y el país vecino. «Ivy League» y «Fitzcarraldo, mi padre» aprovechan el motivo del viaje para encontrarse o dejar de encontrarse, para rastrear un pasado o avistar un camino posible. La mayoría de los relatos se mueve alrededor de dichos ejes e invitan al lector a cumplir un papel activo y reflexivo sobre las cuestiones políticas que han orillado a sus personajes a vivir su existencia ficcional de determinada forma.

Aunque Sidharta Ochoa no extienda mucho el humor sarcástico de su primer relato al resto del libro y no abandone la primera persona al narrar, sí tiene consciencia clara sobre cómo dialogan internamente sus relatos. Historia de las feminazis en América es un libro muy sólido, a pesar de que algunos de los textos resultan más memorables que otros. Para cerrar, deseo comentar un poco sobre otra de las inquietudes de Ochoa, aquella que relaciona al escritor con una crítica posible, con una lectura proyectada hacia adelante: «Pizarnik o la mujer devorada» ve a la literatura como un acto peligroso porque el autor se extingue y deja un legado que puede ser interpretado de distintas formas, pero que al mismo tiempo resulta un asidero para lo que ella misma, en un sentido negativo, ha producido.

Ochoa se adelantó un poco a esa lectura crítica. En una parte de este libro escribe: «Me acusan de burguesa liberal. ¡Du! Me acusan de no entender. Me acusan de no entender hermosas palabras […] sin embargo soy la misma que narró con voz en off la Historia de las feminazis en América.» A ese «ellos», implícito y acusador, revira: «De lo que no pueden acusarme, es de aburrirme […] Espero el momento adecuado para cortar cabezas, antes de que me la corten a mí.»

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Cristian Lagunas (Metepec, Estado de México, 1994) estudia la licenciatura en Letras Hispánicas en la UAM Iztapalapa. Participó en la antología 25 golpes de suerte, publicada por Lectorum en 2013. Actualmente es becario del Fondo para la Cultura y las Artes del Estado de México, en la categoría de Jóvenes Creadores.

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Un pensamiento en “Me acusan de ser antifeminazi

  1. Cristian, te hago una pregunta. ¿Quiénes son los asesinos de mujeres hermosas en Ciudad Juarez? ¿Las “feminazis”? ¿O una sociedad enferma y paternalista que ha hecho aparecer a las mujeres como un objeto deshechable? Por Dios, toda esa basura es indefendible…y si hay algo por completo antagónico al feminismo (y el hembrismo es una cosa totalmente distinta: son justamente las mujeres que se burlan de otras mujeres, como sería el caso de esta autora), es precisamente el nazismo: para ellos, las mujeres eran simples hornos para aportar arios al mundo. Por favor, infórmate respecto a lo que es el feminismo y lo que es el nazismo para que comprendas la razón del enojo que ha generado esta señorita que todavía NO ENTIENDE que no se puede refutar algo sin antes comprenderlo a la perfección…y en esta sociedad en la que nos tocó vivir, no se vale hacer escarnio de algo tan delicado. Al menos hubiera tenido la decencia de ponerle otro título porque si alguien está contra la censura, soy yo.

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